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Hace no mucho que hemos descubierto que vivimos rodeados de superalimentos. Nutricionistas, médicos (o no) hablan con la boca llena de maravillosos calificativos sobre alimentos como el aguacate, los huevos, el acai, las semillas de goji, la quinoa o el kale, el protagonista de la receta de hoy.

No soy quien para quitarle la palabra o desmentir a quien así cataloga a estos alimentos por sus superpoderes. ¡No, por favor! Pero llega un punto en el que no sé si realmente creérmelo o pensar que no es más que una campaña alimentaria para defender la producción de esos alimentos que de alguna manera han caído en el saco del menosprecio. Sin ir más lejos, años atrás, los médicos recomendaban no consumir más de 2-3 huevos a la semana; y hoy en día lees que es recomendable comer uno al día.

Siento reiterar lo dicho, pero sin ánimo de contradecir el buen saber de muchos, en mi opinión, solo podemos encontrar superpoderes en una alimentación sana y variada. Y nuestra dieta, la mediterránea, puede levantar la cabeza con orgullo por serlo.


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A pesar de todo, una sucumbe a esos superalimentos, y en mi caso particular, solo entran en casa si nos gustan y los considero adecuados y apropiados para mantener nuestro organismo saludablemente, y he aquí que es donde entra en juego el archiconocido kale al que yo le he dado un papel especial en este pastel de forma tan bonita: spanakopita.

La spanakopita es una elaboración típica de la cocina griega. Se trata de un pastel salado de forma cilíndrica, enrollado y relleno de espinacas y queso feta. Pero yo me he puesto chulita y he sustituido las espinacas por kale

Espero que os guste tanto, tanto como nos gustó a nosotros :D

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Receta de spanakopita de kale



Ingredientes (Para 4 personas)

  • 1/2 cebolla morada picada finamente
  • 100 gr de mantequilla sin sal (25 para cocinar; 75 para pincelar la pasta filo)
  • 120 gr de kale limpio
  • 200 gr de queso feta
  • 30 gr de queso Parmesano
  • 1 limón - su piel rallada y su zumo
  • 1 huevo 
  • Una pizca de nuez moscada
  • Pimienta blanca molida
  • Sal común
  • 15 gr de pistachos pelados y picados
  • 9 hojas de pasta filo
Elaboración
  1. En una sartén ponemos los 25 gramos de mantequilla a derretir y pochamos en ella la cebolla durante 3 minutos. Removemos de vez en cuando.
  2. Retiramos el nervio central de las hojas de kale, las lavamos, las secamos con un paño de algodón y las picamos finamente. Lo añadimos a la cebolla pochada y lo salteamos durante unos 6 minutos. Comprobaremos que su volumen reduce considerablemente. Lo retiramos del fuego y lo dejamos enfriar.
  3. En un recipiente batimos un huevo, añadimos el kale, desmenuzamos el queso feta con los dedos, e incorporamos el queso Parmesano junto con la ralladura de la piel del limón y su zumo. Sazonamos con nuez moscada, sal y pimienta blanca al gusto y mezclamos todos los ingredientes. 
  4. Humendecemos un paño de algodón limpio y con él envolvemos las nueve hojas de pasta filo con el fin de que no se sequen.
  5. Derretimos los 75 gramos de mantequilla que nos quedan y preparamos un molde redondo de unos 22 centímetros de diámetro engrasándolo la base y las paredes con un poco de mantequilla.
  6. Distribuímos el relleno en tres partes.
  7. Cojemos tres láminas de pasta y pincelamos una a una con la mantequilla, superponiéndolas a medida que las engrasamos. 
  8. Disponemos las tres primeras láminas a lo largo y distribuimos una de las particiones del relleno con la ayuda de una cuchara. Enrollamos las láminas formando un cilindro y lo colocamos en el molde bordeando las paredes. Proseguimos de la misma manera con las seis láminas restantes y el relleno hasta completa el hueco del molde.
  9. Nos humedecemos las palmas de las manos con agua y las pasamos por toda la superficie del pastel. A continuación lo barnizamos con la mantequilla fundida.
  10. Por último, espolvoreamos los pistachos picados por encima.
  11. Introducimos la spanakopita en el horno, a media altura, con calor superior e inferior, y horneamos 40-45 minutos o hasta que se haya dorado suavemente.

Receta versionda de BBC Good Food


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Jamás pensé que utilizar un ingrediente como el tahina para hacer unas galletas podría hacer de esta receta algo tan, tan delicioso. También he de deciros que estas galletas, a la par que deliciosas son ... ¡peligrosas! 

Pues sí. Son peligrosas por lo altamente adictivas que son y sus poderes son tales que muy fácilmente puedes convertirte en todo un monstruo devora galletas, je je je.

El tahina es un producto muy común en la cocina de Oriente Medio; sin ir más lejos, el popular hummus lo incluyen entre sus ingredientes. 

El tahina, o pasta de sésamo, se consigue triturando las semillas de sésamo hasta convertirlas en puré. La fricción a lo largo del proceso de triturado provoca, al igual que en los frutos secos, que las semillas de sésamo desprendan todo su aceite, un aceite muy beneficioso, por cierto.

La receta que he seguido se encuentra en uno de los mejores libros de cocina de mi biblioteca: Jerusalem, de Yotam Ottolenghi y Sami Tamimi, un libro que contiene recetas nacidas por la influencia de tres cocinas en la tierra de estos dos grandes cocineros: la musulmana, la judía y la cristiana, una esplendorosa colección de recetas suculentas y muy atractivas. 

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Receta de galletas de tahina


Ingredientes (Aproximadamente 30 galletas)
  • 130 gr de azúcar glas
  • 150 gr de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 110 gr de tahina
  • 1/2 cdta de esencia de vainilla
  • 1 cdta de canela molida
  • 260-270 gr de harina de trigo de todo uso
  • 25 ml de nata o leche
  • Un poquito de leche y semillas de sésamo para decorar
Elaboración
  1. En el vaso de un robot, o con unas varillas eléctricas, batimos la mantequilla con el azúcar glas.
  2. Incorporamos la tahina, la esencia de vainilla, la canela, la harina y la nata o leche. Mezclamos bien. Se formará una masa con textura similar a migas de pan gruesas.
  3. Volcamos la masa en una superficie de trabajo y amasamos hasta integrar los ingredientes. Envolvemos en film transparente dándole forma de cilindro y guardamos en la zona más fría de la nevera durante 30 minutos. 
  4. Precalentamos el horno a 200ºC y forramos dos bandejas de horno con papel vegetal.
  5. Formamos bolitas pequeñas de aproximadamente 20 gramos de peso, las colocamos en las bandejas dejando una separación entre ellas de unos 3 centímetros. Usamos los dientes de un tenedor para dibujar unas marcas en cruz en la galleta, aplastándola ligeramente al mismo tiempo.
  6. Barnizamos la superficie de las galletas con un poquito más de leche o de nata y espolvoreamos unas semillas  de sésamo encima.
  7. Introducimos la bandeja de las galletas en el horno y las cocinamos entre 15 y 17 minutos. Han de quedar blanditas al tacto, pero cuando se enfríen se endurecerán. Las dejamos enfriar en la bandeja y después las pasamos a una rejilla. A continuación introducimos la segunda bandeja y procedemos de la misma manera que con la primera.
  8. Conservar las galletas en un recipiente con cierre hermético.










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Cuando piensas en encurtidos, normalmente son los pepinillos y las cebolletas lo primero que nos viene a la memoria. Llegado septiembre se amplía la colección de productos que podemos encurtir con un tipo de berenjenas de tamaño pequeño que popularmente se conocen por la zona geográfica donde se producen: Almagro, en Ciudad Real.

Conocemos la berenjena de Almagro en conserva, y esa conserva no es más que un encurtido a base de vinagre y agua que se aromatiza con palitos de la planta del hinojo, pimentón, ajos y comino. Vivir en una ciudad no ayuda a conseguir fácilmente este elemento. Pero las tardes de paseo al caer el sol no son solo buenas para salir, airearse, contactar con la naturaleza, estirar las piernas y hacer un poquito de ejercicio, sino para descubrir que el hinojo es una planta que podemos encontrar con bastante facilidad en el campo, incluso en el más cercano a la urbe. Si queréis reconocerlo, es bien fácil, pues normalmente su aroma a anís es muy fácilmente perceptible en la zona en la que esté.

Siempre he sentido mucho interés en hacer berenjenas de Almagro encurtidas, y cuando las vi en la frutería, aún sin tener claro cómo iba a hacerlas, no me lo pensé dos veces y las compré. Tan solo vinieron a casa 600 gramos, pero os indico cómo hacerlas redondeando las cantidades.

En este caso las berenjenas son embuchadas, que es el nombre que reciben cuando llevan en su interior un trozo de pimiento. Vamos a la receta :D

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Receta de berenjenas de Almagro en vinagre embuchadas



Ingredientes

  • 1 kilo de berenjenas de Almagro
  • Palitos de hinojo finos (para cocer las berenjenas y para sujetar el pimiento dentro de estas)
  • 1 pimiento rojo asado cortado en tiras
  • 2-3 dientes de ajo
  • 1/4 cdta de pimentón picante
  • 1/2 cdta de pimentón dulce
  • 1 cda de comino molido
  • 200 ml de vinagre de vino blanco
  • 200 ml de agua
  • 1 cda de orégano seco
  • Un chorretón de aceite de oliva virgen extra
Utensilios
  • Un recipiente grande para conservar las berenjenas tapadas 
Elaboración
  1. Ponemos abundante agua con sal junto con unos cuatro o cinco palitos de hinojo y un chorrito de vinagre a calentar.
  2. Lavamos las berenjenas y cortamos las puntas de las hojas (brácteas) que recubren el fruto, e incluso el tallo si es muy largo, pero hemos de dejar unos centímetros de tallo para poder coger las berenjenas.
  3. Hacemos un corte en la parte superior del fruto, partiendo desde la mitad de un extremo al otro.
  4. Cuando el agua comience a hervir, metemos las berenjenas, y las tapamos, asegurándonos con un peso de que la tapadera no se moverá. Las berenjenas han de quedar totalmente sumergidas. Llevamos el agua a ebullición de nuevo y contamos entre 12 y 15 minutos para cocerlas. Las dejamos dentro del agua hasta que se haya casi enfriado.
  5. Para preparar el adobo, pelamos los ajos y los machacamos con una pizca de sal. Agregamos los dos tipos de pimentón (puedes prescindir del picante si no te gusta, pero añade su cantidad de más al dulce) y el comino. Mezclamos bien.
  6. Vamos a rellenar el corte de cada berenjena con una tira de pimiento rojo asado doblada, y la sujetamos con un palito de hinojo. Disponemos la berenjena en el recipiente en el que las mantendremos en conserva, y seguimos el mismo proceso con el resto de las berenjenas.
  7. A continuación agregamos el vinagre y el agua a partes iguales, e incorporamos el majado. Por último, añadimos el orégano y un buen chorretón de aceite de oliva virgen extra y mezclamos bien.
  8. Cerramos el recipiente y lo mantendremos guardado en la nevera al menos dos semanas antes de consumir las berenjenas. 

Receta adaptada de Mercado Calabajío.


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Es el último melocotón del año, el más tardío, pero es el más delicioso de todos por su elevado sabor y aroma, y el más bonito por su silueta redonda tan perfecta e impoluta. Es el melocotón de Calanda.

Desde mediados de septiembre hasta finales de octubre podemos acercarnos a los estantes de las fruterías a oler el delicioso y dulce aroma que desprende el melocotón de Calanda. ¿Sabías que si quieres saber si un melocotón es dulce, tan solo tienes que acercarlo a tu nariz? Y si te llega su dulce y suave aroma, no  te vayas a tu casa sin haberlo echado en la lista de la compra. 

La producción del melocotón de Calanda es una tradición milenaria que lleva practicándose desde la época medieval. Recibe la certificación de Denominación de Origen Protegida (D.O.P.) el melocotón que es producido en la comarca natural situada al este de la Comunidad Autónoma de Aragón entre Teruel y Zaragoza (Bajo Aragón), y que comprende 45 municipios. 

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Entre los meses de junio y agosto, los recolectores llevan a cabo la tarea de embolsar a mano todos y cada uno de los frutos de forma individual con el fin de protegerlo de plagas o de productos fitosanitarios. El resultado es un bello fruto de 73 milímetros de diámetro como mínimo, unos 200 gramos de peso, de piel fina, libre de marcas o golpes, limpia, de color amarillo crema, de carne firme, y de un aroma y un sabor muy, muy dulces. 

El hecho de que el melocotón de Calanda comenzara a embolsarse se debe a una plaga de la "mosca del Mediterráneo" que llegó sobre el año 1940, cuando aún no se conocía la forma de combatirla. Es a partir de los años 70 cuando comienza a recibir premios en diferentes ferias agrícolas. No será hasta los años 80 cuando no comience a demandarse el sello de D.O.P.

El melocotón de Calanda es el protagonista de la receta que presento al reto Sabores de temporada y que seguramente muchos recordáis que mantengo con mis compis y amigas Neus y Paula. Esta es la segunda entrega que corresponde a la temporada de otoño, mi estación favorita del año, y que se presenta muy rica y abundante de frutas, como la naranja, la granada, la chirimoya, la manzana, el caqui, el membrillo y los frutos secos. Y entre las verduras y hortalizas veremos nuestras fruterías repletas de calabazas, coles, boniatos, hinojo, espinacas y acelgas, por ejemplo. 


El melocotón de Calanda no necesita adornos, florituras, ni sabores añadidos. Pero no quise desaprovechar la ocasión de tenerlo de temporada para hacer una receta tradicional: melocotón en almíbar de miel, y al que he añadido unas hojas de hierbabuena, vainilla y piel de limón para conseguir un rico y profundo aroma. 

Es una receta super, super fácil, y si te gusta el melocotón en almíbar, es una receta ganadora. En casa nos ha gustado mucho, especialmente a la más pequeña de la casa, a quien le encanta el melocotón en almíbar.

Y creo que ya va siendo hora de pasar a la receta, pero no te olvides de pasar a ver las recetas que han elaborado Neus y Paula con productos de temporada.


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Receta de melocotón de Calanda en almíbar de miel


Ingredientes

  • 4 melocotones de Calanda
  • 1 litro de agua (si es agua muy calcárea, utiliza agua mineral en su lugar)
  • 150 gr de miel
  • 10 hojas de hierbabuena
  • Diez centímetros de piel de limón
  • Una vaina de vainilla
Utensilios
  • Un bote grande para envasar los melocotones
Elaboración
  1. En una cazuela alta ponemos a calentar el litro de agua junto con la miel, las hojas de hierbabuena y la piel de limón. 
  2. Pelamos los melocotones con un pelador. Los cortamos por la mitad empezando por la zona del tallo, los abrimos y les retiramos el hueso. Redondeamos las cavidades con un sacabolas.
  3. Una vez que el agua ha llegado a ebullición, introducimos las mitades de melocotón y las dejamos cocer durante 12-15 minutos contando desde el momento que el agua rompa a hervir de nuevo. Dejamos enfriar los melocotones en el almíbar.
  4. Para embotarlos, sacamos los melocotones a un bote grande y filtramos el almíbar. Cubrimos los melocotones con el almíbar y conservamos en él la vaina de vainilla. 
Notas y consejos
  • Puedes aromatizar el almíbar con las hierbas que a ti más te gusten.
  • Si vas a consumir el melocotón en un corto periodo de tiempo, no es necesario esterilizar los botes. Si tu intención es conservarlos en la despensa por más tiempo, conviene que los esterilices. Te dejo este enlace para que revises cómo esterilizar los botes de cristal. 

Fuentes:

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Las guindillas de Ibarra, o piparras, es el nombre por el que popularmente se conoce a uno de los productos más típicos del País Vasco y de Navarra.

La auténtica guindilla de Ibarra, la que se produce y envasa en la provincia de Guipúzcoa, es de piel fina, de color verde amarillento y de carne tierna y fresca que no pica.

Se puede comer frita, y sazonada con una pizca de sal, y servir como aperitivo, o bien se puede conservar en vinagre con un poco de sal, que es su presentación más habitual. Es este segundo modo de presentación como más popularmente se la conoce, convirtiéndose en el acompañante perfecto de un plato de legumbres. Tan solo tienes que servirlas en un plato, aderezarlas con un chorrito de aceite de oliva virgen extra y sazonarlas con una pizquita de sal y más que listo. Por cada cucharada de legumbre que va a tu boca, va el mordisco de una guindilla acompañándolo.

En el País Vasco, una de las tapas más típicas y distintivas es la "gilda", que consiste en un pintxo en el que se ensartan una guindilla y una anchoa del Cantábrico entre dos aceitunas verdes rellenas y se adereza con aceite, si puede ser de la propia conserva de las anchoas, mejor aún.

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En mi casa, es costumbre de mi marido acompañar la legumbre a la hora de la comida con un encurtido; es una práctica que me llamó la atención cuando nos casamos. Si le preguntas el por qué de esta costumbre, te dirá que simplemente porque le gusta. Pero lo cierto es que hay una explicación científica, y es que los encurtidos, ya sean guindillas, pepinillos o cebolletas entre otros, facilitan la segregación de jugos gástricos, favoreciendo la digestión, un detalle interesante si tenemos en cuenta que las legumbres pueden resultar pesadas e indigestas considerando que contribuyen a la formación de gases gástricos ;)

Hace mucho tiempo que tenía antojo de encurtir guindillas puesto que en casa se consumen habitualmente, y no solo como acompañamiento de las legumbres, sino también como un ingrediente más entre otros que van con las hamburguesas que hacemos en casa. El problema es que no es fácil encontrarlas en Madrid, o al menos en la zona en la que yo vivo.

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Pero la ocasión la pintaron calva cuando en el regreso de nuestras vacaciones estivales pasamos por Logroño. Un paseo por el centro de la ciudad nos llevó al mercado de San Blas, y fue allí cuando me topé con un puesto de verduras en las que las piparras ocupaban un lugar más que sobresaliente. ¿Y cómo no? A casa que se vino una buena cantidad con el fin de encurtirlas y de freírlas.

Si en tu localidad puedes encontrar piparras fácilmente, y os gustan, te animo a encurtirlas. Su temporada comienza en julio y hasta octubre o noviembre puedes encontrarlas en el mercado. 

Receta de complejidad, cero. Y la satisfacción de disfrutar, y de hacer disfrutar en casa a tu familia de una elaboración hecha con tus propias manitas tiene un valor inigualable.

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Cómo hacer piparras (o guindillas verdes) en vinagre

Ingredientes
  • Guindillas verdes
  • Una cuarta parte de vinagre blanco
  • Una cuarta parte de agua
  • Una cucharadita rasa de sal
Utensilios
  • Uno o varios tarros de cristal de boca ancha limpios y secos
Elaboración
  1. Lavamos las piparras bajo el chorro de agua del grifo y las dejamos escurrir en un escurridor grande.
  2. Medimos la capacidad de líquido que entra en el tarro de cristal. Por ejemplo, el tarro de cristal que yo empleé admitía 400 ml de líquido, por lo que necesité 100 mililitros de agua y otros 100 mililitros de vinagre. Mezclé los líquidos aparte, junto con la sal, y lo reservé.
  3. Seleccionamos las piparras según su longitud (10-12 centímetros de largo) y descartamos aquellas que estén algo melladas.
  4. Vamos rellenando el tarro colocando las piparras bien juntas de manera que la punta quede abajo y el rabito quede arriba para así poder sacarlas con más facilidad. Iguala la rabitos cortándolos con unas tijeras para que todos tengan la misma longitud.
  5. Rellenamos con la mezcla de agua, vinagre y sal, y si fuera necesario rellenar con más líquido, lo hacemos a partes iguales y hasta casi el borde del tarro. Cerramos bien y guardamos en la nevera o en un lugar fresco durante tres meses. Notaremos cómo va cambiando el color de las piparras de verde a amarillo por efecto del vinagre. 
Notas y consejos
  • No es necesario esterilizar los tarros de cristal en los que vamos a conservar las guindillas, pues el vinagre ya funciona como conservante en sí.
  • Si el agua de tu localidad es dura, es recomendable emplear agua mineral en lugar de agua del grifo.
  • El vinagre ha de ser blanco.

Receta vista en Mercado Calabajío


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Existen maravillas a lo largo y ancho del mundo, y tan únicas, que se ha llegado a catalogarlas como Patrimonio de la Humanidad por tratarse de obras que tienen un valor excepcional para la humanidad,  bien sea por su valor histórico, como arqueológico, científico, artístico, etnológico o antropológico que lo convierten en un legado cultural de gran valor.

Maravillas gastronómicas también existen, y de hecho, hace ya algo más de un año, alguna que otra de nuestras riquezas gastronómicas se disputaron ganarse un lugar de honor como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

No era ese el caso de la receta que os traigo hoy, esta belleza que porta por nombre sandwich cake, o lo que viene a ser un pastel de sandwich. No creo que llegue a ocupar uno de esos puestos gastronómicos antes mencionados porque le falta trayectoria culinaria para ello, y trasfondo cultural y antropológico. Pero lo que es indiscutible es que este pastel es una preciosidad en toda regla, y ese fue el detonante para que mis ojos se fijaran en él en un paseo rutinario por la red.

La receta que hoy os traigo es una adaptación personal, pues la receta original alternaba capas de sandwich a base de queso crema y salmón. En mi opinión, es mucho más sabrosa y variada mi versión, ¿qué queréis que os diga? :D

Dicho lo dicho, lo mejor es que os de paso a la receta, que por cierto, es muy sencilla de hacer, aunque he de reconocer que es entretenida, que no laboriosa.




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Receta de sandwich cake


Ingredientes (4 personas)

Capa 1
  • 100 gr de salmón ahumado
  • 1/2 cdta de zumo de limón
  • 1 cdta de mostaza a la antigua
  • 125 gr de queso crema
  • 1/2 cdta de eneldo
Capa 2
  • Queso crema
  • 1/2 manzana verde
  • Pimienta blanca molida
Capa 3
  • 4 palitos de cangrejo pequeños
  • 1 huevo cocido
  • 1 aguacate
  • Sal
  • Pimienta blanca molida
Otros ingredientes
  • 8 rebanadas alargadas de pan de molde
  • 1 envase de cebollino fresco (aproximadamente 20 gramos)
  • 250 gr de tomates cherry de diferentes tipos (rojos, verdes, amarillos)
  • Albahaca fresca
  • 1-2 rabanillos
  • 250 gramos de queso crema
  • 2 cdas de salsa de tomate
Utensilios


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Elaboración
  1. Empezamos utilizando el molde como cortador de cada una de las capas del pastel. Disponemos dos rebanadas de pan de molde alargadas, una junto a la otra, presionamos con el molde y ya tenemos la forma circular de nuestro pan. Como consejo, a la hora de montar el pastel, y con el fin de que los cortes de las rebanadas coincidan todas en el mismo lado, yo tomé como referencia el gancho que ajusta el molde.
  2. Seguimos forrando el interior del molde desmontable con film transparente. Hay que procurar que los trozos de film sean lo suficientemente largos como para que después podamos tapar el pastel con el sobrante.
  3. Capa 1: picamos el salmón finamente y lo mezclamos con el resto de los ingredientes. Tapamos con film transparente y guardamos en la nevera.
  4. Capa 2: lavamos la manzana y laminamos la mitad, rociándola con unas gotas de zumo de limón para evitar que se oxide. Sazonamos con una pizca de pimienta blanca molida. La guardamos en un platito tapada con film transparente y la conservamos en la nevera hasta su uso.
  5. Capa 3: picamos los palitos de cangrejo y el huevo (que habremos cocido previamente. Echa un vistazo a mi eco-truco aquí), junto con el aguacate, del que habremos extraído y machacado su pulpa junto con unas gotas de zumo de limón y sazonado con sal y pimienta blanca. Mezclamos todo y lo conservamos en la nevera tapado con film transparente. 
Montaje de las capas
  1. Ponemos las dos primeras rebanadas de pan recortadas en forma circular como base del pastel y extendemos sobre ellas los ingredientes de la capa 3.
  2. Tapamos con otras dos rebanadas de pan recortadas y las rellenamos con los ingredientes de la capa 2. Para ello untamos el pan con queso crema, repartimos las lonchas de manzana alrededor y tapamos con otras dos rebanadas de pan untadas también de crema de queso.
  3. La última capa a elaborar se forma con los ingredientes de la capa 1, que untaremos en las dos rebanadas ya dispuestas en el pastel, y taparemos con las dos últimas rebanadas. 
  4. Presionamos con las manos el conjunto para que quede más firme, lo cubrimos con el sobrante de film transparente que nos sobresalía por los lados y colocamos sobre él algo de peso que continúe haciendo presión durante el tiempo de reposo, aproximadamente ocho horas.
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Presentación final
  1. Desmoldamos el pastel y quitamos el film transparente.
  2. En un recipiente mezclamos el queso crema con las dos cucharadas de salsa de tomate.
  3. Con la ayuda de una espátula de silicona repartimos la mezcla de queso por la superficie y por las paredes del pastel.
  4. Lavamos y secamos el cebollino y lo cortamos en diferentes tamaños teniendo en cuenta la altura de nuestro pastel. Vamos colocando el cebollino alrededor de todo el pastel a modo de hierba.
  5. Lavamos los tomates cherry, las hojas de albahaca y los rabanitos. Cortamos los tomates por la mitad y los rabanitos en lonchas finas. Distribuimos los tomates y los rabanitos por toda la superficie del pastel y terminamos con las hojitas de albahaca y un poquito de cebollino picado muy fino.

Inspirado en Amuses Bouche.


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¡Hola!

¿Qué tal? ¿Cómo os ha ido en este tiempo de vacaciones desde que eché el cierre al blog? La gran mayoría de los españoles disfrutamos de las vacaciones en el verano, así que supongo que os habréis tomado en serio lo que dictan las normas de lo que son unas vacaciones perfectas, ¿no?

Si no estás segura, marca con un tick aquellas opciones que han sido una realidad en tus días de asueto:

↬ Vaguear
↬ Dar largos paseos
↬ Tumbarte a la bartola
↬ Rascarte la barriga
↬ Permitirte algún capricho
↬ Olvidarte de las redes sociales
↬ Perder la cuenta del día de la semana en la que estás

En resumidas cuentas: disfrutar. Sea que hayas estado tumbada en la arena en la playa como que hayas subido una montaña, uno solo es feliz en las vacaciones cuando en ellas hace lo que más le gusta y desea para dejar a un lado esas rutinas que conducen nuestras vidas durante 334 días al año.

Para la vuelta del blog a la actividad, nada como un rico y delicioso helado casero de queso con moras, puesto que las temperaturas aún nos invitan a degustar un helado fresquito. Para hacer este helado no es imprescindible heladera, y de hecho, la textura es muy, pero que muy aceptable para un helado casero. Si tú tienes heladera, no tienes más que verter la mezcla en ella y hacerla trabajar según te indique el fabricante. 

En cuanto a las moras, todavía estamos a tiempo de planificar una salida al monte y coger moras, y con ellas preparar esta maravilla de helado. Y digo "maravilla" porque realmente es una delicia. La crema en sí, aún cuando no está helada, es una perdición de lo buena que está. Si lo tuyo no son las moras, y prefieres otro fruto rojo o cualquier otra fruta, atrévete y da el cambiazo según sean tus gustos. ¡No te arrepentirás!


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Receta de helado casero de queso con moras



Ingredientes
  • 150 gr de moras (frescas o congeladas), reservando alguna para poner en el helado entera y sin cocinar
  • 20 gr de azúcar granulado
  • 1 cda de agua
  • 280 gr de queso Philadelphia
  • 1 y 1/2 cda de leche
  • 100 gr de yogur griego sin azucarar
  • 65 gr de azúcar granulado
  • 4 galletas o coco rallado
  • 6 moldes de helado de 60 ml de capacidad
Elaboración
  1. En un cazo ponemos las moras, los 20 gramos de azúcar y la cucharada de agua a calentar. Cocinamos durante 10 minutos hasta que las moras se hayan ablandado, las aplastamos suavemente, retiramos del fuego y reservamos para que se enfríe por completo.
  2. En un recipiente mezclamos el queso, el yogur, la leche y los 65 gramos de azúcar hasta que quede una crema suave. Agregamos el sirope con las moras y con una brocheta mezclamos en forma de remolinos. 
  3. Vertemos la mezcla en las poleras, intercalando alguna mora fresca. Damos pequeños golpes secos a las poleras para que la crema se asiente sin que queden burbujas de aire.
  4. Guardamos en el congelador un mínimo de 12 horas.
  5. Antes de consumir, machacamos las galletas o ponemos un poco de coco rallado en un cuenco, según nuestros gustos. Ponemos también un poco de agua en un vaso e introducimos la punta de los helados en el agua y a continuación los pasamos por la galleta triturada o el coco.

Adaptación de la receta vista en Delicious.