Crema de guisantes a la menta

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Crema de guisantes a la menta

"Podrían vender los guisantes a un millón por cada uno de ellos". Esto es lo que dice mi cuñado para mostrar el poquísimo gusto que siente hacia estos diminutos frutos de color verde. Creo que se debe a que no los ha probado en fresco o congelados - tendré que preguntarle -,  porque lo cierto es que una vez que los pruebas de esta manera, hay un antes y un después en tu experiencia gastronómica. 

Es así como al menos lo veo yo, quien siempre, siempre, siempre ponía un gesto de desagrado ante un plato de guisantes. Siento pequeña, los ordenaba siguiendo el borde del plato cuando me los encontraba en la paella. Los guisantes embotados me resultan insípidos y algo pesados de comer. Pero fue probar los guisantes frescos y cambiarme por completo el concepto que tenía sobre ellos.

He descubierto que el guisante simplemente cocido al vapor y comido revuelto con una nuez de mantequilla es un manjar exquisito. Llamadme exagerada; os doy mi consentimiento. Pero es que cuando algo gusta, no ve freno en las palabras para describirlo. 

Si te gustan los guisantes tanto como a mi, te reto a probarlos en crema (si es que no has ido más rápida que yo y ya los has probado en este formato). Mi crema de guisantes va aromatizada con unas cuantas hojitas de menta. Es una combinación de acierto pleno. Y si además eres amiga del jamón serrano, el toque saladito que le da es una combinación estupenda. Además, algunos de los guisantes van enteros, una pequeña sorpresa para el paladar. 

¿Te animas?

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Receta de crema de guisantes a la menta

Ingredientes (4 personas)
  • 40 gr de mantequilla sin sal
  • 150 gr de puerro
  • 250 gr de patatas
  • 1 litro de caldo de pollo o agua
  • 720 gr de guisantes congelados
  • 8 gr de menta fresca
  • 1 cda de AOVE
  • 4 lonchas de jamón serrano
  • 125 ml de nata líquida
  • Sal
  • Pimienta blanca
Elaboración
  1. Pon la mantequilla a derretir en una cazuela alta. Limpia el puerro cortando la parte más verde (puedes guardarla para hacer un caldo junto con otras verduras), haz un corte en forma de cruz en el resto del tallo, lávalo y sécalo. Córtalo en brunoise y sofríelo en la mantequilla. 
  2. Mientras tanto, pela las patatas, lávalas y cháscalas. Añádelas al de puerro, dale unas vueltas y sofríe el conjunto durante un par de minutos. Añade el agua, lleva a ebullición y a partir de aquí cuece las verduras durante diez minutos a potencia media.
  3. Transcurrido este tiempo, añade 600 gramos de guisantes y reserva el resto. Lleva de nuevo a ebullición y cuece todo durante 5 minutos a temperatura media. 
  4. Añade las hojas de menta lavadas y tritura todo el conjunto. Añade entonces el resto de los guisantes y déjalos cocinarse un par de minutos para que terminen de cocerse.
  5. Mientras tanto, pon a calentar el aceite de oliva en una sartén y y cocina las lonchas de jamón por ambas caras para que queden crujientes. 
  6. Salpimenta el conjunto al gusto.
  7. Sirve una ración de la crema de guisantes con una loncha de jamón partida en trozos grandes, adorna con un hilo de nata líquida, unas hojas de menta, y si lo deseas, con una pizca de pimienta.
Notas y consejos
  • En lugar de freír las lonchas de jamón, puedes ponerlas entre dos hojas de papel de horno y cocinarlas durante un minuto (o hasta que queden crujientes) en el microondas a 800w de potencia. 


Receta vista en la revista El placer de cocinar.






Pogacha

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Pogacha


Que el pan se haya convertido en un alimento básico no es algo que ocurre de la noche a la mañana. Los hombres del neolítico descubrieron que dejando el cereal molido mezclado con agua producía una masa que al calor se transformaba y se podía comer. Son muchas las ideas que se le tuvieron que pasar a aquel hombre por la cabeza para primero, moler el cereal; segundo, mezclarlo con agua; tercero, dejarlo reposar; y cuarto, pensar en llevarlo al fuego para cocinarlo. O quizás todos estos descubrimientos fueron descuidos fortuitos. ¡Vaya usted a saber!

El pan ha evolucionado mucho desde aquellos inicios. Panes hay a lo ancho y largo de todo el mundo: panes redondos, panes alargados, panes planos, panes con levadura, panes sin levadura, panes con miga más prieta, panes más alveolados, panes dulces, y panes de formas bonitas como el que hoy os dejo en el blog: pogacha


pogacha

La pogacha es un pan típico de los países de Centroeuropa y los Balcanes (Alemania, Austria, Polonia, Macedonia, Serbia, Croacia, Montenegro, Rumanía, Hungría, Albania, etc). Los oriundos elaboran este pan siempre que hay alguna ocasión festiva que celebrar, y la verdad es que no hace falta más que mirar esta belleza de pan para creer que así ha de ser.

La pogacha es un pan de masa enriquecida que se elabora a base de harina, huevos y mantequilla, ingredientes que te recordarán al consabido brioche francés, y la verdad es que haces una relación muy acertada. Es una masa sutilmente dulce, muy suave, tierna y esponjosa. 

No te puedo negar que la pogacha es laboriosa; hacer las preciosas flores que la forman lleva su tiempo. Está claro que no es la receta ideal para un día en el que nos faltan minutos para llegar a todo, pero puede que hacerla se convierta en el pasatiempo que necesitas para una tarde en la que no hay más planes que el de quedarse en casa. Hacer una pogacha ha sido, para mi, una experiencia relajante.   La masa es muy suave, elástica y muy fácil de manejar, nada pegajosa, el mayor temor de toda persona poco amiga de tratar masas. 


pogacha

Receta de pogacha

 Ingredientes
  • 500 gr de harina de fuerza
  • 250 gr de leche hervida
  • 13 gr de levadura prensada fresca
  • 2 huevos tamaño "M"
  • 35 gr de azúcar
  • 5 gr de sal común
  • 25 gr de aceite de oliva virgen extra (tipo Arbequina)
  • 60 gr de mantequilla derretida
  • 1 yema de huevo + 2 cdas de leche para pintar el pan
  • Dos cucharadas de semillas de sésamo
Elaboración
  1. Hierve la leche 1-2 minutos. Con la cocción la leche evaporará, de manera que tendrás que añadir un poquito más de leche para llegar de nuevo a la cantidad que necesitamos: 250 gramos. Resérvala hasta que se temple o enfríe.
  2. Añade el azúcar y la levadura desmenuzada a la leche y remueve. Deja reposar 15 minutos. La leche habrá formado una fina espuma con el reposo.
  3. En un recipiente grande batimos los dos huevos, añadimos la sal y batimos de nuevo.
  4. Agregamos la leche y removemos.
  5. Tamizamos la harina en mezcla de huevos y leche. Con la ayuda de una cuchara o de una rasqueta ve incorporando los ingredientes. 
  6. Añade el aceite e intégralo en la masa volviendo a mezclar. No hemos de amasar.
  7. Cubre la masa con un paño de algodón y déjala en reposo 20 minutos. 
  8. Tras el tiempo de reposo, la masa se habrá relajado y será más fácil manipularla. Vuelca la masa en tu superficie de trabajo y amásala siguiendo el método de Bertinet: coloca la masa en paralelo con respecto a la posición de tu cuerpo y cógela con las dos manos como quien coge el pan para comerse un bocadillo. Levanta la masa y sin soltarla, déjala caer en la mesa con un golpe seco. Vuelve a coger la masa tal y como te he explicado antes: como que cogieras un bocadillo, y sigue el proceso hasta que la masa esté lisa y uniforme (10 minutos aproximadamente). Engrasa un recipiente y guarda la masa en su interior. Ha de doblar su volumen (1 hora - 1 hora y media - dependiendo de la temperatura ambiente).
  9. Transcurrido ese tiempo, vuelca la masa sobre la mesa de trabajo y deshínchala. Pásala de nuevo al recipiente en el que estaba para que repose hasta doblar su volumen (1 hora - 1 hora y media).
  10. Prepara un molde de 28 centímetros de diámetro y engrásalo con mantequilla. Forra el fondo con papel de horno para desmoldarlo más fácilmente. 
  11. Vuelca la masa sobre la mesa de trabajo y amasa durante un par de minutos. 
  12. Enharina la mesa de trabajo y la masa, pésala y divídela en ocho porciones del mismo peso.
  13. Forma bolas con cada una de las porciones y resérvalas en la mesa enharinada y tapadas con un paño de algodón durante 15 minutos.
  14. Con la ayuda de un rodillo estiramos cada una de las bolitas (todas de una vez) hasta formar un rectángulo de aproximadamente 20x15 centímetros de tamaño. Estíralos de nuevo.
  15. Pinta cuatro rectángulos con mantequilla derretida. Pon encima de cada uno de ellos los otros cuatro rectángulos sin pincelar de mantequilla. Tendrás cuatro rectángulos emparejados.
  16. Coge una de las parejas de rectángulos y pincela solo la mitad de su superficie a lo largo. Enróllalo sin ejercer mucha presión. Procede de la misma manera con el resto. Habrás formado cuatro cilindros. Te sobrará mantequilla.
  17. Corta entre 4 y 5 centímetros de los extremos de los cilindros. Nos quedará un rectángulo que dividiremos en cuatro triángulos.
  18. Distribuye los triángulos en el molde que habíamos preparado formando un círculo alrededor del molde, y los extremos irán en el centro. Cubre con film transparente y deja reposar  hasta doblar su volumen (aproximadamente 1 hora).
  19. Enciende el horno a 180ºC, con calor superior e inferior.
  20. Bate la yema de huevo con las dos cucharadas de leche y pincela la pogacha 10 minutos antes de introducirla en el horno. Espolvoréala con las semillas de sésamo.
  21. Introduce la pogacha en el horno durante 30 minutos. Si ves que se comienza a dorar mucho, cúbrela con papel aluminio.
  22. Una vez fuera del horno, pinta la pogacha con la mantequilla que te había sobrado.
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Receta de Esbieta.




Curry de pescado y garbanzos

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Curry de pescado y garbanzos

Hay temas sobre los que no se puede discutir, como es el caso de lo aromático y delicioso que resulta cualquier plato en el que el curry aparece para dárselo todo al resto de los ingredientes. Lo dicho es creíble cuando quien lo dice es una fan indiscutible de las especias, y dada la ocasión, si lo dice alguien a quien no le gustan las especias, es doblemente creíble, y se merece un gran aplauso y que le hagan la ola, ja ja ja.

Hablar de curry no es solo hablar de esa mezcla de especias con las que se logra un sabor y aroma distintivo; hablar de curry es hablar de unas hojas que reciben ese mismo nombre, y es también un tipo de elaboración propia de la cocina hindú, lo que equivaldría a nuestro estofado. Vamos por partes.

1. Mezcla de especias para curry

La mezcla de especias que podemos encontrar en los supermercados es una solución rápida para nuestras recetas. En India, cada casa y cada cocinero mezcla las especias en el momento en el que va a emplearlas, por lo que no hay una fórmula fija. Aún así, hay especias que nunca faltan, como son alcaravea, azafrán, cardamomo, canela, cilantro, comino, fenegreco, cúrcuma, jengibre, mostaza, pimienta y nuez moscada entre otras. Cuando utilizamos estas especias es importante tostarlas previamente para ayudarles a desprender su aroma.

2. Hojas de curry

A pesar de su nombre, las hojas de curry tienen poco que ver con la mezcla de especias que he enumerado en el apartado anterior. Estas hojas proceden de un árbol que crece en India, son de un color verde brillante, y son muy aromáticas; desprenden toques entre cítricos, amargos y dulces, y se cocinan de la misma manera como empleamos las hojas de laurel.

3. ¿Qué es un curry?

Contrariamente a lo que puedas pensar, en India no se tiene el concepto que el la mayor parte del resto del mundo tiene sobre él. Curiosamente, fueron los británicos, allá por el siglo XVIII, quienes crearon el término, y ellos lo importaron al resto del mundo. Por aquel entonces, cuando pronunciaban la palabra "curry" se referían a una especie de "estofado" en el que interviene la mezcla de especias mencionadas anteriormente, y combinada tanto con carne, como con pescado, marisco y/o verduras, y en el que la leche de coco es imprescindible. 

La receta de curry de pescado y garbanzos que hoy te presento en el blog es un buen ejemplo del concepto que hoy en día tenemos sobre un curry: pescado, marisco y garbanzos, en una salsa con una base de leche de coco y especias y más especias, creando un conjunto super delicioso y más que completo como plato único.

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Receta de curry de pescado y garbanzos

Ingredientes (Para 4 personas)
  • 120 gr de cebolla
  • 2 dientes de ajo
  • 200 gr de tomates maduros
  • 1 cda de jengibre molido
  • 2 cdas de curry en polvo
  • 400 gr de filetes de merluza con piel
  • 200 gr de gambones crudos 
  • 400 ml de leche de coco
  • 1 cda de panela
  • 2 cdas de cilantro fresco
  • 200 gr de garbanzos cocidos, lavados y escurridos
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal
Elaboración
  1. Cortamos los filetes de merluza con piel (para evitar que se rompan) en dados. Pelamos los gambones, practicamos un corte a lo largo de todo el lomo y le retiramos la venita que lo recorre con la punta de un cuchillo y la desechamos. Reservamos tanto la merluza como los gambones.
  2. En una cacerola baja calentamos dos cucharadas de aceite y sofreímos la cebolla pelada y picada finalmente, los dos dientes de ajos pelados y picados finamente y el tomate troceado. Sazonamos con sal al gusto, y tapamos para que se vaya cocinando lentamente. 
  3. Añadimos el jengibre en polvo y el curry y lo doramos hasta que comenzamos a percibir su olor. 
  4. Incorporamos los gambones y el pescado y los cocinamos vuelta y vuelta durante un par de minutos. 
  5. Agregamos la leche de coco y la panela, llevamos a ebullición y posteriormente cocinamos a fuego suave durante tres minutos. 
  6. Añadimos los garbanzos y el cilantro picado y removemos. Cocinamos todo el conjunto tres minutos más. Rectificamos de sal si fuera necesario.

Callos de bacalao con boletus y panceta

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Callos de bacalao con boletus y panceta


No era la primera vez que oía hablar sobre los callos de bacalao, y a pesar de que el bacalao es el pescado favorito en casa, nunca mi interés por ellos me había llevado al extremo de querer comprarlos. Si he de señalar con el dedo a alguien para que decidiera comprarlos, esa es María Angeles, una compañera de trabajo que me convenció a la primera cuando me comentó lo delicioso que es el guiso que se realiza con ellos. Así que poco tardé en aprovechar un viaje a Madrid para visitar una de las tiendas más famosas de la capital y en la que solo venden bacalao.

Los callos de bacalao son posiblemente una de las partes más desconocidas y menos aprovechadas del mismo. Nada tienen que ver con las piezas de ternera que llevan el mismo nombre y que son considerados producto de casquería. Ni son vísceras, ni desprenden un olor poco agradable, ni tienen un aspecto poco atractivo, y además, ni tan siquiera saben a pescado. Por increíble que parezca son un bocado suave y delicado que se deshace, literalmente, en la boca.

Los callos de bacalao no son ni tan siquiera el estómago del bacalao, si es que a estas alturas estabas pensando que lo eran como lo son los callos de ternera. Se trata de la vejiga natatoria que permite al pez ascender y descender o mantenerse en posición estática dentro del agua. Se suelen comercializar en salazón, y pueden tener una telilla de color negro que hay que retirar con la punta de una navaja afilada. Una vez cocinadas, adquieren una textura gelatinosa que los convierten en un bocado sorprendentemente delicioso.

No exagero si te digo que el bacalao es en el mar lo que el cerdo es en la tierra: un animal del que se aprovecha todo. ¿O tú qué crees?

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Receta de callos de bacalao con boletus y panceta

Ingredientes (4 personas)
  • 500 gr de callos de bacalao en salazón
  • 1 hoja de laurel
  • 3 dientes de ajo
  • 10 granos de pimienta negra enteros
  • 300 gr de boletus (puede valer cualquier otra seta que te guste)
  • 250 gr de panceta fresca
  • 200 gr de cebolla
  • 1 cdta de pimentón dulce
  • 1 cdta de carne de ñora
  • 1 cdta de harina de trigo
  • 1 guindilla pequeña
  • 100 ml de vino blanco
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal
  • Agua
  • Perejil picado
Elaboración
  1. 48 horas antes de elaborar la receta, desala los callos. Lávalos bajo el chorro de agua del grifo para quitarles la sal y guárdalos cubiertos de agua en un tupper grande en la nevera. Cambia el agua cada 8 horas.
  2. Si los callos tienen una fina tela negra, retírala con la punta de una navaja. Córtalos en trocitos de tamaño bocado y ponlos en una olla express rápida a cocer en agua que los cubra, 100 gramos de cebolla, una hoja de laurel, dos dientes de ajo y los granos de pimienta negra. Desde el momento en el que la olla empiece a salvar, cuenta 12 minutos. Retira los callos y conserva el agua de la cocción.
  3. En una cazuela alta calienta dos cucharadas de aceite, pela y pica finamente los 100 gramos de cebolla restantes y el diente de ajo y dóralos a fuego suave durante unos cinco minutos, removiendo con frecuencia. Añade también la guindilla.
  4. Limpia las setas con un trozo de papel de cocina humedecido, córtalas en dados y añádelas al sofrito. Cocina el conjunto durante unos siete minutos más.
  5. Corta la panceta en daditos y agrégalos al sofrito también. Remueve y sofríe todo durante 10 minutos más. 
  6. Añade la harina y rehógala. Incorpora la carne de ñora y el pimentón, y remueve. Por último, añade el vino y cocina durante un par de minutos para que se evapore el alcohol. 
  7. Añade caldo de la cocción de los callos hasta cubrir el sofrito de la cazuela. Lleva a ebullición y baja inmediatamente el fuego porque abusar de temperaturas muy altas afecta la estructura de la gelatina. Deja cocer durante 10 minutos. 
  8. Transcurrido este tiempo, retira la guindilla, incorpora los callos a la salsa, y cocinar durante 15 minutos más.
  9. Espolvorear un poquito de perejil picado y servir.





Trinxat de la Cerdanya

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Trinxat de la Cerdanya

No hace mucho que leí un artículo en algún medio de prensa que decía que hay alimentos que en su composición cuentan con elementos que hacen que las personas desarrollen un mayor gusto a la hora de comerlas. De ser cierta esta teoría, en el otro extremo se encuentran aquellos otros alimentos que no es precisamente atracción lo que provocan hacia nuestro paladar. Es a este grupo al que debe pertenecer la hortaliza protagonista de hoy: el repollo.

He de manifestar mi insatisfacción hacia aquellos (y que me perdonen) que condenan el repollo en su dieta por el olor poco agradable que desprende en la cocción. Este es un hecho innegable; no pongo objeción alguna. Pero no por ello deberíamos tachar a esta preciosa y maravillosa hortaliza que nos aporta tantos nutrientes ricos y necesarios para nuestro organismo como de poco sabrosa.

Soy de la opinión que hemos de educar a nuestro paladar, aunque tampoco estoy a favor de utilizar un dogma similar a "la letra con sangre entra" y forzar a comer a alguien aquello que no le gusta. Hemos de disfrutar de la comida, y con nuestro crecimiento y nuestra evolución física y mental, también llega la gustativa. 

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Cómo limpiar un repollo

  • Para empezar, es impotente que sus hojas sean tersas (señal de frescura) y de un color verde brillante y limpio, sin manchas.
  • Las hojas han de estar prietas, lo cual hará que el repollo sea de mayor peso.
  • Para limpiarlo, retira las hojas más exteriores, que suelen ser las más feas y que han sufrido por la manipulación que se ha hecho de él, y también las más verdes, hasta llegar a las más blanquitas, que serán más tiernas y de sabor más suave y dulce.
  • Corta el repollo por la mitad y esta en dos partes, y retira el tronco blanco con la ayuda de un cuchillo.
  • Corta los cuatro cuartos en juliana, y esta por la mitad.
  • Sumérgela en abundante agua para eliminar los posibles residuos y escúrrela bien antes de añadirla a la olla para cocerla. Al principio de añadirlo a la olla, el repollo ocupará mucho volumen, pero verás como en breve se ablanda y no resultará ser tanta cantidad como preveías.
Puedes preparar el repollo de múltiples formas: cortado en juliana y en sopa, salteado con ajos y pimentón, crudo en ensalada, en forma de paquetitos envolviendo carne, fermentado (chucrut) y seguramente muchas otras elaboraciones más. ¿Cómo cocinas tú el repollo?

Trinxat de la Cerdanya

Este es el nombre de la nueva entrega para #RetoSaboresDeTemporada.  He querido traeros una receta en la que el repollo, junto con la patata y el tocino, dan forma al trinxat de la Cerdanya, un plato tradicional de la región de la Cerdanya, en el centro del Pirineo catalán, y cuyo nacimiento se remonta al siglo XV. 

Para elaborar este plato necesitamos repollo, patata, panceta, ajos y aceite. Los ingredientes principales, el repollo y la patata, se cocinan por separado, y al final se unen al resto y se le da la misma forma que a nuestra típica tortilla de patatas, adquiriendo un tono doradito y tostado, que a su vez le da el sabor característico. 

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Para hacer esta receta he utilizado un precioso repollo que Huerta de Rizos me hizo llegar desde su huerta 100% ecológica. Un paraíso para todo amante de las verduras, tratadas y atendidas con todo el cariño que la naturaleza viva ha de recibir de la mano del hombre. 

El repollo es una inmensa fuente de nutrientes indispensables para nuestro organismo, con un alto contenido en agua y muy poquitas calorías; diurético, depurativo, con un alto contenido en fibra, muy recomendable para cuando tenemos dolencias relacionadas con los huesos.

Antes de marcharte, recuerda visitar los blogs de mis compañeras de reto Carmen, Paula y Neus. Y si tú también has elaborado una receta con un producto de temporada, puedes compartirlo en Instagram bajo el hashtag #RetoSaboresDeTemporada.

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Receta de trinxat de la Cerdanya

Ingredientes (4 personas)
  • Medio repollo grande (aproximadamente 800 gramos)
  • 500 gr de patatas
  • 150 gramos de panceta (o bacon) en dados
  • 3 dientes de ajo
  • AOVE
  • Agua
  • Sal
Elaboración
  1. Limpia, corta y lava el repollo siguiendo las instrucciones de unas líneas más arriba.
  2. Pon a calentar agua con sal en una cazuela para cocer las patatas. Mientras tanto, pélalas y córtalas en dados grandes. Una vez que el agua haya roto a hervir, incorpora las patatas y cuécelas durante aproximadamente 20 minutos, o hasta que al pincharlas con la punta de un cuchillo notes que no ofrecen resistencia. Al cabo de este tiempo, escúrrelas y resérvalas. 
  3. Pon a calentar agua con sal en una olla rápida, incorpora el repollo escurrido, tapa la olla y cocínalo durante 5 minutos a partir del momento en el que comienza a silbar la válvula. Retira la olla del fuego y cuando haya eliminado el vapor, ábrela, deja escurrir el repollo.
  4. Escurre el repollo muy bien para que quede la mínima cantidad posible de agua.
  5. Rompe con un tenedor las patatas cocidas, procurando que queden trozos de diferentes tamaños. No ha de quedar la textura de un puré de patatas.
  6. Mezcla el repollo con la patata.
  7. En una sartén de tamaño mediano pon a calentar dos cucharadas de aceite y dora en él los dientes de ajo pelados y laminados. 
  8. Añade los dados de panceta y saltéala un par de minutos. Agrégala al repollo y a la patata y mezcla.
  9. Si fuera necesario, añade una cucharada de aceite a la sartén antes de volcar el trinxat. Ayúdate con una espátula de silicona para ajustar la mezcla a las paredes de la sartén y dale la misma forma como si se tratara de una tortilla de patatas. 
  10. Voltea el trinxat ayudándote de un plato. Asegúrate de que la base en contacto con la sartén se haya dorado suavemente antes de voltearla. Procede de la misma manera con el otro lado.
  11. Sirve el trinxat en una fuente redonda. También puedes repartir la mezcla en cuatro porciones y cocinarlo en formato individual.


¡Nos vemos de nuevo compartiendo receta el 29 de mayo!


Roscos de vino de la Tía Carmen

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Roscos de vino de la tía Carmen


Llevo una semana de lo más "dulcera" en el blog. No es muy propio de mi publicar tantas recetas dulces, porque suelo alternarlas con recetas saladas, pero esta vez había que saltarse la norma, y ha tocado justo en esta época de Semana Santa, una época en la que la tradición vuelve a muchos ámbitos de nuestras vidas.

En todas las familias hay recetas que se pasan de unos a otros miembros, y se convierten en una herencia de incalculable valor sentimental, y la receta de hoy cumple muy bien con este papel. Los roscos de mi tía Carmen no podían pasar a la historia sin que yo os los presentara en mi blog.

La tía Carmen, que poca afición tenía por la cocina, un día se adueñó de una receta que la enraíza con su sangre andaluza, y tupper va, que tupper viene, que no hay ocasión en la que no nos juntemos que no venga un tupper a mi casa. Hasta que un día le dije que tenía que hacer algo más que regalarnos roscos, y eso era ... compartir conmigo la receta. 

Los Roscos de mi tía Carmen son sencillos de hacer. Tendríais que ver a mi tía Carmen liándolos a la velocidad del rayo, pero también es verdad que ha colgado ya muchos años a sus espaldas cocinándolos. 


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Receta de Roscos de vino de mi tía Carmen



Ingredientes para 25 roscos:
  • 1/2 kg de harina de trigo normal, preferiblemente marca Gallo
  • 175 gr de aceite de oliva suave
  • 100 gr de vino blanco
  • Azúcar granulado para rebozar 
Elaboración
  1. En un recipiente amplio ponemos la harina y formamos un volcán en el que verteremos el aceite y el vino blanco. Con la mano, y con movimientos circulares, vamos incorporando poco a poco los ingredientes. La masa no ha de quedar dura, y de ser así, añadimos un poco más de vino.
  2. Preparamos una bandeja de horno forrada con papel vegetal y precalentamos el horno a 180ºC con calor superior e inferior.
  3. Cogemos pequeñas porciones de la masa, formamos una bola con ellas y las estiramos formando un cilindro terminado en punta. Enrollamos y colocamos los roscos en la bandeja del horno.
  4. Introducimos la bandeja en el horno y cocemos los roscos hasta que hayan adquirido un ligero tono dorado, no mucho más, para evitar que se endurezcan.
  5. Mientras tenemos los roscos en el horno preparamos un plato con azúcar abundante. En él rebozaremos los roscos en caliente para que se adhiera el azúcar.
  6. Retiramos a una rejilla y dejamos enfriar por completo.
Notas y consejos
  • Es normal en estos roscos que al comerlos se desmoronen de la misma manera que les ocurre a los polvorones.


Pestiños de azúcar { Receta tradicional de Semana Santa }

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Pestiños de azúcar { Receta tradicional de Semana Santa }


Llegan fechas emblemáticas en nuestro calendario y a todos nos entran unas ganas irremediables de recurrir a las recetas tradicionales. Nos gusta que nuestras cocinas huelan a anís, a canela, a naranja, porque sin duda alguna estos son los olores y los aromas de nuestra repostería tradicional. 

Una de las recetas más tradicionales de la Semana Santa son los pestiños, aunque he de mencionar que hay zonas en las que es uno de los dulces que se sirven en la mesa navideña. Se trata de un pequeño dulce frito en sartén muy típico de algunas regiones de Andalucía y de Castilla la Mancha, y hay quienes mencionan incluso Madrid, aunque su origen se debe a la convivencia de tres culturas ya ancestrales: árabe, judía y romana.

Hay diferentes versiones para elaborar pestiños: los hay rebozados en azúcar, los hay bañados en miel, que son los que se conocen como "rebozuelos", y dependiendo de las regiones, se aromatizan de una u otra manera. 

A la hora de llevarlos a la mesa, a mi me gusta mucho tomarlos con un vasito de vino dulce; me parece una forma muy placentera de disfrutar de un momento de sobremesa, tranquilamente, y mejor aún si es acompañada de una entretenida charla.

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Receta de pestiños de azúcar



Ingredientes (16 uds. aproximadamente)
  • 150 gr de harina de trigo
  • Un pellizco de sal común
  • 12 gr de mantequilla sin sal
  • 12 gr de manteca de cerdo
  • 1/4 vaso (de los de vino) de vino blanco
  • 1/2 vaso de agua
  • Unas tiras de piel de naranja
  • 2 cdtas de semillas de anís
  • Un poquito de agua
  • Aceite de oliva suave para freír
  • Azúcar blanco para rebozar los pestiños
Utensilios
Elaboración
  1. Tamizamos la harina y le añadimos la sal. Mezclamos y reservamos.
  2. Ponemos el agua, el vino, la manteca, la mantequilla, dos tiras de la piel de una naranja y las semillas de anís en una cazuela. Llevamos a ebullición, apagamos el fuego, tapamos y dejamos infusionar durante 30 minutos. 
  3. Transcurrido este tiempo, colamos y desechamos la piel de naranja y las semillas de anís. Ponemos de nuevo al fuego el líquido y lo calentamos. Una vez caliente, añadimos la harina de golpe y removemos el conjunto hasta incorporarlo.
  4. Vertemos la masa sobre una superficie de trabajo y amasamos hasta integrar los ingredientes por completo. Le damos forma de bola y reservamos la masa en un recipiente, engrasándola con un pincel antes de taparla. Dejamos reposar una o dos horas.
  5. Al cabo de ese tiempo, estiramos la masa con el rodillo hasta darle un grosor de entre 1 y 2 milímetros. No es necesario espolvorear harina en la mesa de trabajo, pero si notamos que la masa se ha resecado, podemos añadir unas gotas de aceite.
  6. Con un cortapastas cortamos los círculos. Para formar los pestiños, nos humedecemos la yema de uno de los dedos con agua, frotamos el centro justo del círculo, doblamos uno de los extremos del mismo, como si fuera un pañuelo, humedecemos con la yema del dedo el extremo doblado en el que pegaremos el extremo contrario del círculo. Reservamos y seguimos formando el resto de los pestiños.
  7. Preparamos un plato con el azúcar blanco.
  8. En una sartén honda ponemos dos tiras de piel de naranja y cuando empiezan a encogerse las retiramos. Una vez que el aceite está caliente (que no humeante) sumergimos los pestiños en el mismo; le damos la vuelta una vez que se haya dorado. Retiramos a un plato protegido con papel de cocina. En cuanto hayan perdido un poco de temperatura, los rebozamos en azúcar y los disponemos en un plato aparte.
Inspirado en 1080 recetas de cocina, de Simoné Ortega, con alguna variante.

Galletas maamoul con pistachos y con nueces y dátiles



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Galletas maamoul de pistachos y de nueces con dátiles

La cocina de Oriente Medio tiene un algo que la hace irremediablemente atractiva. Sean sus especias, sean sus frutos secos, sean sus finas láminas de pasta, sean sus aromas o sea la belleza de sus creaciones, o lo sea todo en conjunto, el caso es que es su gastronomía es inigualable y adorable, como ocurre con estas galletas maamoul de pistachos y de nueces con dátiles que son protagonistas de la receta que te presento hoy.

Estas galletas de mantequilla rellenas de pistachos, por un lado, y dátiles y nueces por otro, son una gratificante recompensa en todos los sentidos, pero especialmente para los oriundos de países como Siria, Jordania, Líbano, Israel (donde lo toman en la fiesta del Purim) o Palestina. En Turquía son conocidos como kombe, y en Egipto los llaman kahk.


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Tradicionalmente estas galletas son tomadas en los tres días que siguen al fin del Ramadán, mes a lo largo del cual no pueden ni comer, ni beber ni mantener relaciones sexuales a lo largo del día, y se acompañan de té, café o chocolate caliente según manda la tradición. Los católicos los consumen al finalizar la Cuaresma, cuarenta días durante los cuales no se puede ingerir ningún producto de origen animal. Las mujeres de la familia se reúnen los días previos para elaborarlos repartiéndose la tarea que cada paso para su elaboración conlleva. 
 

Su forma tan bonita, fina y delicada nos transmite una imagen festiva, forma que adquieren por los moldes tallados en madera que se utilizan para ello. La tarea es sencilla: se coloca una porción de la masa en la cavidad del molde, se prensa, se rellena, se hornea y se espolvorea con azúcar glas. Elaborar estas bellezas conlleva un rato entretenido en la cocina, que si sabes acompañarte de una mano ayudante pasará volado.



Te das cuenta de que el esfuerzo para hacerlas merece la pena cuando disfrutas de una masa que se deshace en la boca sin romperse y que te deja la textura de los frutos secos con un sabor aromático y delicadamente dulce.



Y visualmente ... ¿qué deciros? ¿No son preciosas? Además, ellas han de ser tan consciente de su belleza, que sacaron su lado más fotogénico y yo no pude parar de disparar la cámara. ¡Me hechizaron!


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Receta de galletas maamoul de pistachos y de nueces con dátiles


Ingredientes (Para 30-35 galletas)

Para la masa
  • 240 gr de mantequilla sin sal
  • 1 cdta de agua de azahar
  • 6 cdas de azúcar blanquilla
  • 350-380 gr de harina de trigo normal
  • 1 cda de leche tibia
  • Azúcar glas para espolvorear encima de las galletas
Para el relleno de dátiles y nueces
  • Para preparar el relleno de dátiles: 
    • 75 gr de dátiles sin hueso
    • 1 avellana de mantequilla
    • 30 ml de agua
    • 3 gotas de agua de azahar
  • Para preparar el relleno de nueces:
    • 50 gr de nueces peladas
    • 1 cda rasa de azúcar blanquilla
    • 1/4 cdta de canela en polvo
    • Ralladura de media naranja
    • 3 gotas de agua de azahar
    • 1 avellana de mantequilla
Para el relleno de pistachos
  • 50 gr de pistachos pelados y sin sal
  • 1 cda rasa de azúcar blanquilla
  • 1 cda de agua
  • 1 cdta de agua de azahar
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Elaboración

De la masa
  1. Bate la mantequilla con la ayuda de unas varillas eléctricas durante 5-6 minutos.
  2. Añade el agua de azahar y bate 2 minutos más.
  3. Agrega la mitad de la harina poco a poco. Incorpora la leche y el resto de la harina poco a poco. Ha de quedar una masa suave y nada pegajosa. Si quedara pegajosa, añade un poquito más de harina; si quedara muy seca y quebradiza, añade un poquito más de leche. Forma una bola, aplánala, envuélvela en film transparente y refrigérala unos 30 minutos en la nevera.
Del relleno de dátiles y nueces
  1. En un cazo pequeño pon a calentar el agua y la mantequilla, añade los dátiles cortado en trocitos muy pequeños (si tienes un robot de cocina, válete de él). Cuece durante 5 minutos. Retira del fuego y añade el agua de azahar. Reserva hasta que se haya enfriado. 
  2. Pica las nueces junto con el azúcar y la canela en un robot de cocina, en un mortero o en una bolsa para alimentos con cierre tipo cremallera, en este último caso, golpeándolas con un rodillo de madera hasta partirlos en trocitos pequeños. Agrega el agua de azahar, la mantequilla derretida, la ralladura de naranja y mézclalo bien.
  3. Una vez que se hayan enfriado los dátiles, mezclamos con las nueces trituradas. Reserva.
Del relleno de pistachos
  1. En un robot de cocina, o similar, pica los pistachos hasta casi hacerlos migas. Añade los dos tipos de agua y remueve. Resérvala. 
Formado
  1. Prepara dos bandejas de horno forradas con papel de horno.
  2. Saca la masa de la nevera. Forma bolas de 25 gramos para el molde redondo, y de 35 gramos para el molde ovalado. Tápalas a medida que las vas formando para que no se resequen. Puedes guardarlas en el congelador 15 minutos antes de empezar a trabajar con ellas.
  3. Enharina las cavidades de los moldes de madera. Necesitarás hacerlo de nuevo varias veces más.
  4. Toma una de las bolas, colócala en la cavidad del molde, aplástala ajustándola bien a la forma del molde y dejando que sobresalga un poco por los extremos para luego poder cubrir el relleno sin que se vea nada de él. 
  5. Rellena con una cucharadita del relleno que prefieras. Aplástalo bien para encajarlo en el hueco que ha formado la masa y tápalo con los sobrantes de masa de alrededor, asegurándote de que ha quedado muy bien sellado. Presiona suavemente la masa contra el molde para marcar bien el dibujo, voltea el molde y dale unos golpecitos suaves contra la encimara de trabajo para desmoldar la galleta. Colócala en la bandeja de horno.
  6. Guarda las galletas 30 minutos en la nevera antes de hornearlas. 
  7. Precalienta el horno a 175ºC con calor superior e inferior. 
  8. Transcurrido el tiempo de conservación en la nevera, introduce una de las bandejas en el horno y hornea las galletas aproximadamente 15 minutos, o hasta que comiencen a dorarse ligeramente por la base. La superficie ha de quedar muy blanquita.
  9. Deja enfriar las galletas y una vez que ya se hayan enfriado retíralas con cuidado a una rejilla o una fuente amplia y espolvoréalas con azúcar glas.

Receta vista en Tía Alia Recetas.




Chile con carne

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Hace una cantidad indecente de tiempo que tengo esta receta conmigo, tanto tiempo como el que la llevo haciendo, y tanto tiempo que cuando un día se me despertó la vena de hacer limpieza de todas las recetas que tenía guardadas en borrador para publicar en el blog, fue verla y auto convencerme de que esta receta tenía que respirar aire fuera y dejar de ocupar un lugar que no merece entre tantas recetas que clamaban a gritos ver la luz.

Aquel primer borrador que databa del año 2011, incluía también un par de fotografías. ¡Lo que ha llovido desde entonces! Esta expresión es una simple forma de hablar, porque indudablemente, desde entonces ha hecho mucho más que simplemente llover. Han pasado muchas cosas buenas, y alguna que otra triste y mala. Pero a pesar de ello, mi síntesis es positiva.

Disfrutar de un plato tan rico, sabroso y completo como un chile con carne es una experiencia que has de probar al menos una vez en la vida ... si eres de los que comulgan con la carne. Y solo hago referencia a la carne por eso de los principios alimentarios y de vida con los que comulgues. Porque en cuanto al resto de los ingredientes, arroz y judías, soy de las que opinan que aún sin ser devotos de algunos de ellos, cada uno en diferente contexto adquieren sabores muy diferentes que hay que animarse a probar.

En casa, este chile con carne es un reclamo frecuente. Debe ser que está muy bueno, o debe ser que no lo hago con tanta frecuencia como mis comensales lo desean y lo echan en falta.

Es un plato super nutritivo: carne, judías (o frijoles negros) y arroz, todo ello aromatizado en olor y sabor con verduras, tomate y especias, hace que tal cual te he comentado unas líneas más arriba, este plato sea toda una humilde experiencia gastronómica. ¿Y quién no disfruta de los platos más humildes y sencillos?

Hoy te explico cómo hago yo mi chile con carne.

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Receta de chile con carne

Ingredientes (Para 4 personas)

Para cocer las judías
  • 200 gramos de alubias negras
  • 1 cebolla
  • 2 dientes de ajo
  • Una hoja de laurel
Para el sofrito
  • Media cebolla mediana
  • 1 diente de ajo
  • 1 zanahoria mediana
  • 1 rama de apio
  • 1/2 pimiento rojo
  • 1/2 cdta de comino en polvo 
  • 1/2 cdta de canela en polvo 
  • 1 cdta de orégano seco
  • 1 cdta de pimentón picante La Dalia
  • 400 gramos de carne picada mixta (ternera y cerdo)
  • 50 ml de vino
  • 50 ml de agua
  • 200 ml de tomate triturado
  • 1 cda de cilantro fresco picado
  • Aceite de oliva
  • Sal y pimienta
Para acompañar
  • 150 gramos de arroz
Elaboración
  1. La noche de antes ponemos en remojo las alubias negras. Al día siguiente las lavamos bajo el chorro de agua del grifo y las ponemos en una olla con agua que las cubra, la cebolla, los dientes de ajo y la hoja de laurel. Una vez que el agua rompa a hervir, asustamos las alubias dos veces, es decir, echamos una pequeña cantidad de agua fría cada vez y tras el segundo "susto" cerramos la olla a presión y cocemos durante 35 minutos a partir de que la olla comience a silbar. Las escurrimos en un colador y reservamos.
  2. Para el sofrito picamos la media cebolla, la zanahoria, el apio, el diente de ajo y el medio pimiento rojo en brunoise procurando que los trozos sean del mismo tamaño. Ponemos dos cucharadas de aceite a calentar en una sartén y comenzamos sofriendo el diente de ajo. Sin que llegue a dorarse incorporamos la zanahoria, la cebolla y el apio, sazonamos con sal y sofreímos durante cinco minutos a fuego suave y con la sartén tapada. Añadimos el pimiento rojo y lo dejamos pochar unos diez minutos más. Removemos de vez en cuando.
  3. Incorporamos las especias y removemos constantemente para que no se quemen. Este paso potenciará el sabor y aroma de las especias. 
  4. Tras un minuto, añadimos el vino; dejamos reducir su alcohol. 
  5. Incorporamos la carne picada. La deshacemos con la cuchara y cuando está casi cocinada sazonamos con sal al gusto e incorporamos el agua y el tomate triturado. Mezclamos bien y dejamos cocer unos quince minutos a fuego suave. Transcurrido este tiempo, añadimos las alubias negras y el cilantro picado y removemos. Cocinamos unos cinco minutos y observando que el sofrito no quede seco.
  6. Mientras se hace la carne ponemos agua a calentar con una hoja de laurel y dos dientes de ajo, y cuando rompa a hervir añadimos el arroz. Cocemos hasta que el grano esté tierno - unos quince minutos. Colamos y reservamos.
  7. Para servir acompañamos el chile con carne con el arroz como guarnición, y a comer se ha dicho.

Brownie con tahina

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Brownie con tahina


En nuestra despensa guardamos aquellos ingredientes que más empleamos en nuestras recetas. Algunos entran, salen y no vuelven a entrar, y otros entran y si se terminan, se reponen rápidamente.

De un tiempo a esta parte me he dado cuenta de que en mi despensa nunca, nunca falta ya la tahina, también conocida como pasta de sésamo. Sea para hacer un clásico hummus de garbanzos, sea para hacer hummus de calabaza o sea para hacer galletas, o simplemente untarlo en una tostada de pan del bueno, y aderezada con un chorrito de miel, el caso es que en cuanto veo que ya me va quedando poco, la anoto rápidamente en la lista de la compra. 

Hacer pasta de sésamo para convertirla en tahina es la mar de sencillo por lo que me han contado, aunque francamente, nunca lo he hecho por eso de la comodidad de tener cantidad de este ingrediente siempre listo. Basta con moler las semillas de sésamo, las cuales desprenden su aceite, junto con aceite de oliva, y obtendremos una pasta densa con un sabor y un olor penetrante y delicioso. ¡Para deshacerse de rico!

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Y la receta de hoy no es menos rica; es más, es altamente perniciosa, y apta para personas que estén dispuestas a pecar. Si ya confesé en su momento que las galletas hechas con tahina son altamente adictivas, a esta lista tan pecaminosa tengo que añadir ahora este brownie de tahina. Sí. Lo siento. Soy muy malota, je je je.

Y añado más ... y es que el interior de este brownie queda super, super jugoso y blandito en su interior, como si no hubiera terminado de hacerse, lo cual es algo que particularmente nos encanta. Y todavía hay más: es super chocolatoso y pegajoso al paladar. Vamos, que lo podemos etiquetar como un auténtico #foodporn ;)

Pero para que no sientas tanto resquemor por pecar comienzo un trocito de este maravilloso brownie, has de saber que las semillas de sésamo, o ajonjolí, son todo un tesoro en el mundo de la nutrición. Incluso lo califican de superalimento. Reduce los niveles de colesterol, regula los niveles de calcio, muy beneficioso para tratar problemas relacionados con la osteoporosis, excelente para mejorar el aspecto de la piel y del pelo, previene la calvicie, controla el estrés, entre otros muchos beneficios. Parece mentira que estas semillas tan diminutas contengan tanto poder en su interior. 

La receta es del gran Yotam Ottolenghi, que en cuestión de gastronomía de oriente medio, donde la tahina tiene un papel indispensable, sabe un poco ;)

Aquí te dejo la receta. Toda para ti. Aunque si le sacas provecho y haces este rico brownie para los tuyos, te aseguro que te lo agradecerán con creces.

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Receta de brownie de tahina



Ingredientes (Para 16 porciones)
  • 240 gr de mantequilla sin sal
  • 240 gr de chocolate 70% de chocolate
  • 260 gr de panela (o azúcar moreno)
  • 4 huevos tamaño "L"
  • 120 gr de harina de trigo normal
  • 30 gr de cacao en polvo sin azúcar Valor
  • Una pizca de sal
  • 100 gr de nueces picadas groseramente
  • 150 gr de tahina
  • 1 cda de semillas de sésamo tostadas
Elaboración
  1. Precalienta el horno a 180ºC, con calor inferior y superior.
  2. Forra un molde cuadrado de 20x20 centímetros (o aproximado). Corta dos tiras de papel de horno que tengan el mismo ancho que el molde y que sobresalgan por los laterales para poder desmoldar el pastel fácilmente. 
  3. Pon el chocolate cortado en trozos junto con la mantequilla también cortada en trozos en un recipiente amplio. Introdúcelo en el microondas y derrítelos durante 1 minuto y medio. Saca el recipiente del microondas, remueve, y si aún no se han deshecho por completo, introdúcelos de nuevo y programa unos segundos más. No es necesario que se derritan del todo con el calor del microondas, pues se pueden llegar a deshacer con su propio calor a base de remover.
  4. En otro recipiente amplio, pon los cuatro huevos y la panela. Bate durante unos tres o cuatro minutos hasta espumarlos con unas varillas.
  5. Añade los huevos a la mezcla de chocolate y mezcla bien.
  6. Tamiza la harina con el cacao en polvo y la sal y agrégalo a la mezcla húmeda, junto con las nueces, pero sin mezclarlos demasiado.
  7. Vierte la masa en el molde.
  8. A continuación, vierte la tahina por encima del brownie. Con un tenedor, mézclala entre el brownie haciendo formas de remolino. Espolvorea la cucharada de semillas de sésamo.
  9. Introduce el brownie en el horno en una altura por debajo de la mitad y hornéalo aproximadamente 40 minutos. Ha de quedar a medio hacer en su interior para que quede muy jugosito. Una vez enfriado cogerá un poco más de cuerpo.





Risotto ratatouille


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Risotto ratatouille


Hoy te traigo la receta de un risotto super sano, bajo, muy bajo en grasas, cero mantequilla, cero nata, casi cero queso, y aún así, muy cremoso, todo lo contrario a lo que viene siendo un risotto tradicional. Así es este risotto ratatouille. 

"¿Y cómo puede ser eso?", te preguntarás.

Si te digo que me extraña que te lo preguntes, te estaría mintiendo, pues yo me hice esa misma pregunta cuando vi el vídeo en el que se explica cómo elaborar esta receta. De siempre he leído que son dos los factores primordiales para lograr un risotto cremoso. Ahí van:
  1. Remover y remover el arroz hasta que te salgan músculos en las pestañas.
  2. Emplear mantequilla o nata para lograr esa mantecosidad, cremosidad y untuosidad propias de todo risotto.
Tú también sabías esto que te cuento, ¿verdad?

Pues ... ¡tachan tachan! ... hoy desmonto esta teoría con este Risotto ratatuille. Cuenta con una buena cantidad de verduras, por lo que se convierte en una magnífica opción para tus niños, si son los que fruncen el ceño y se cruzan de brazos cuando les pones un plato de verduras delante. Ni se darán cuenta de la preciosa cantidad de tomate, berenjena, pimiento y ajo con los que se elabora la salsa que envuelve esta elaboración y que increíblemente le otorga esa mantecosidad tan suculenta de un buen risotto.

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Receta de Risotto ratatouille


Ingredientes (4 personas)
  • 150 gr de pimiento rojo
  • 250 gr de tomate maduro
  • 180 gr de berenjena
  • 2 dientes de ajo grandes
  • 1 pizca de azúcar
  • 1 puerro (su parte blanca)
  • 2 cdas de AOVE
  • 300 gr de arroz arborio o carnaroli
  • 150 ml de vino blanco
  • 1 litro de agua
  • 1 ramita de tomillo
  • 4 espárragos verdes
  • Sal 
  • Pimienta blanca
  • Queso Parmesano rallado o en lascas
Elaboración
  1. Precalentamos el horno a 220ºC con calor superior e inferior.
  2. Para asar las verduras: lavamos el pimiento, los tomates y la berenjena, los secamos y troceamos, y los disponemos en una fuente apta para horno. Regamos con un chorrito de aceite de oliva y salpimentamos. Introducimos la fuente con las verduras en el horno y las asamos 30 minutos, dándoles la vuelta a mitad del asado. Una vez que las verduras estén asadas, dejamos atemperar y trituramos hasta conseguir un puré. Rectificamos el punto de acidez con una pizca de azúcar. Reservamos.
  3. Ponemos el litro de agua a hervir. Podéis hacerlo al fuego o en el microondas. Con este agua coceremos el arroz.
  4. Para cocer los espárragos: ponemos otro cazo con agua y sal a hervir. Lavamos los espárragos y cortamos el tallo por la parte leñosa, desechándola. Cortamos en diagonal el resto en trozos de un centímetro de tamaño y los cocemos en el agua durante dos minutos una vez que rompa a hervir. Escurrimos y reservamos.
  5. Para cocinar el risotto: en una cazuela baja ponemos a calentar las dos cucharadas de aceite, lavamos, secamos y picamos finamente la parte blanca de un puerro y la sofreímos a fuego suave durante unos tres o cuatro minutos. Removemos con frecuencia.
  6. Incorporamos el arroz y lo sofreímos durante dos minutos, removiendo constantemente. 
  7. Aumentamos la potencia del fuego y vertemos el vino, dejamos evaporar el alcohol.
  8. Agregamos el primer cazo de agua caliente, siempre caliente para no cortar la cocción del arroz, y una vez que se haya consumido, vamos añadiendo el agua cazo a cazo, removiendo con frecuencia, especialmente durante los diez primeros minutos.
  9. Una vez que el arroz ha consumido todo el agua, añadimos el puré de verduras, la ramita de tomillo y sazonamos al gusto. Mezclamos todo bien, tapamos la cazuela y dejamos reposar cinco minutos.
  10. Transcurrido el tiempo, incorporamos los espárrago, removemos y llevamos a la mesa.
  11. Para servir, acompañamos el risotto con queso Parmesano rallado o en lascas.




Bundt Cake de naranja sanguina y semillas de amapola

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Bundt cake de naranja sanguina y semillas de amapola


Un bundt cake es un bizcocho (cake ) de apellido "bundt" por el molde en el que es cocido, aunque creo que si eres asiduo de los blogs de cocina, no creo que necesites muchas más explicaciones sobre un tipo de molde que muchos ya hemos endiosado.

Su diseño es muy simple: un molde de aluminio y normalmente con un tubo que hace el papel de chimenea, aunque actualmente podemos encontrar otras formas que distan mucho de los moldes originarios adaptándose a las nuevas modas, y no solo gastronómicas. 

Son moldes con un aspecto muy festivos que no precisan de cremas ni similares para embellecerlos (es mi humilde opinión); basta con espolvorear azúcar glas y sus formas quedan tan resaltadas que no es preciso más. Tampoco es necesario tener como excusa celebración alguna para hacerlo. Apetece. Y punto. 

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Hace unos días me topé en el mercado con unas bonitas naranjas sanguinas y no pude resistirme a llevarme unas cuantas a casa. Esta variedad de naranjas se producen en la época más fría del invierno, y es ese uno de los motivos por los que el color de su pulpa baila entre el rojo, el naranja y casi que me atrevo a mencionar el púrpura. Son de tamaño más pequeño, de piel muy fina, y super jugosas, aunque también es verdad que tienen un punto de amargor más pronunciado que una naranja común. 

Con estas bellezas he hecho un bundt cake de naranja sanguina y semillas de amapola que va engalanado con una glasa hecha con el propio zumo de naranja y que ... ¡cosas de la química!, al mezclarse con el azúcar, se consigue un color rosado muy bonito.

El resultado es un bizcocho no solo tan bonito como luce en las fotos (tal y como podéis comprobar) sino también muy jugoso y esponjoso. ¡Una delicia!

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Receta de bundt cake de naranja sanguina y semillas de amapola

Ingredientes

Para el Bundt Cake
  • 175 gr de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 330 gr de azúcar blanquilla
  • 3 huevos tamaño "L"
  • 330 gr de harina de trigo normal
  • 1 y 1/2 cdta de levadura química Royal
  • 1/4 cdta de sal común
  • 3 cdas de semillas de amapola
  • Ralladura de 2 naranjas sanguinas
  • 100 ml de zumo de naranja sanguina
  • 75 ml de leche semi desnatada
Para el glaseado
  • 100 gr de azúcar glas
  • 2 y 1/2 - 3 cdas de zumo de naranjas sanguinas
Elaboración
  1. Precalentamos el horno a 175ºC, con calor superior e inferior.
  2. En un recipiente tamizamos la harina y le añadimos la levadura, la sal y las semillas de amapola. Mezclamos y reservamos.
  3. En un robot batimos la mantequilla y el azúcar unos cinco minutos. 
  4. Agregamos los huevos, uno a uno, sin añadir el siguiente hasta que no se haya integrado el anterior.
  5. Mezclamos la leche y el zumo de naranjas.
  6. Añadimos la ralladura a la mezcla de ingredientes secos. Añadimos los ingredientes secos al vaso del robot en tres veces, alternándolo con los ingredientes líquidos, que entrarán en dos veces.
  7. Engrasamos el molde de Bundt Cake y vertemos la masa por un único lado, dejando que la masa sea la encargada de buscar su propio sitio. Para asegurarnos de que el molde ha quedado perfectamente cubierto, ponemos un paño debajo de él y lo golpeamos suavemente pero con firmeza, unas cinco veces. 
  8. Introducimos el molde en el horno para que se cocine a una altura baja durante unos 45 minutos o hasta que el al pinchar el bizcocho con un palillo, este salga limpio. Si notamos que la superficie se dora demasiado y el bizcocho no está hecho, lo cubrimos con papel de aluminio.
  9. Para el glaseado, mezclamos el azúcar glas con el zumo, añadiendo cantidad de zumo poco a poco hasta lograr la consistencia deseada, que ha de ser un poco más ligera que el de una papilla de bebé.
  10. Vertemos el glaseado por encima del bizcocho, dejando que caiga por su propio peso entre las formas del mismo. Espolvoreamos unas semillas de amapola por encima con efecto decorativo.
Visto en Call me Cupcake