Clafoutis de cerezas y mascarpone

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Clafoutis de cerezas y mascarpone

El clafoutis de cerezas es un postre típico de la región francesa de Nueva Aquitania, y cuya capital es Limoges, nombre que muy posiblemente os resulte familiar por su célebre porcelana; todo un clásico. 

Tradicionalmente el clafoutis se hace con cerezas, aunque la globlalización ha hecho que otras frutas como ciruelas, moras, peras, albaricoques o melocotones entren en juego, ante lo cual los franceses se han levantado en señal de protesta declarando que en este caso, lo que algunos llaman clafoutis en realidad debería llamarse "flaunargde"; te lo digo por si la curiosidad por saberlo te va a convertir en un alma inquieta :D

El clafoutis es un pastel que algunos se atreven a describir con una textura flan, nada más lejos de la realidad, pues aunque resulta ser un pastel muy suave, es prácticamente imposible que tenga esa textura por el mero hecho de que la harina se encuentra entre sus ingredientes, lo cual hace que su densidad y firmeza sea más compacta que la de un flan.

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Los puristas dicen que para hacer un clafoutis auténtico las cerezas deben ir enteras, ya que el hueso da un sabor distintivo a la masa. A mi me van a disculpar los señores puristas franceses, muy entendidos en la materia, sin duda, pero si a ellos les gusta encontrase con los huesos de las cerezas en la boca, a mi me resulta de lo más incómodo, de forma que para hacer esta receta he decidido entretenerme un rato con un deshuesador de cerezas y quitarles todos y cada uno de los huesos para disfrutar como se debe de este delicioso postre. 

Me estoy dando cuenta de que como me esté leyendo algún purista del clásico clafoutis, me va a ir preparando la guillotina en cuanto se entere de que además he añadido queso mascarpone (que de francés tiene muy, muy poco, o nada) y harina de almendra. ¡La que me espera! Ja ja ja.

Si queréis disfrutar de lo lindo con este riquísimo clafoutis de cerezas y mascarpone, la tradición dice que mucho mejor templado (obviamente, los sabores se magnifican ante tomarlo frío), y que se puede acompañar de unas natillas o nata montada, y yo incluso le pondría una bola de helado de vainilla. ¿Qué le pondrías tú? Sin embargo a nosotros nos ha encantado tal cual, sin florituras. Queda riquísimo, suave, delicado, con el tremendo sabor dulce de las cerezas. 

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Receta de clafoutis de cerezas y mascarpone

Ingredientes
  • 350-400 gramos de cerezas deshuesadas
  • 125 gramos de queso mascarpone
  • 125 gramos de azúcar blanquilla
  • 3 huevos tamaño "M"
  • 1 cdta de extracto de vainilla
  • 50 gramos de harina de trigo normal
  • 50 gramos de harina de almendra
  • 30 gramos de maizena
  • 250 ml de leche semi desnatada
  • Un poquito de mantequilla para engrasar el molde
  • Azúcar glas para decorar
Utensilios
Instrucciones
  1. Deshuesa las cerezas y resérvalas.
  2. Precalienta el horno a 180ºC, con calor superior e inferior.
  3. Con la ayuda de unas varillas eléctricas o de un robot de cocina, bate el queso mascarpone con el azúcar hasta que estén perfectamente incorporados.
  4. Agrega los huevos, uno a uno, y no añadas el siguiente hasta que no se haya incorporado el anterior. Añade el extracto de vainilla y remueve bien.
  5. Pesa y tamiza la harina de trigo y la maizena; pesa la harina de almendra y añádelas a la mezcla. Bate bien.
  6. Incorpora la leche poco a poco a la vez que bates la masa. La textura ha de quedar algo líquida, como la masa de crepes. 
  7. Engrasa el molde con un poquito de mantequilla y vierte la masa con cuidado.
  8. Distribuye las cerezas alrededor e introduce el molde en el horno, y hornea a media-baja altura a 180ºC durante 15 minutos, y después baja la temperatura a 170ºC y hornea entre 30 y 40 minutos. Si observas que la superficie se dora demasiado, cúbrela con un trozo de papel aluminio. El clafoutis estará listo cuando al introducir un palillo, este salga limpio.
Notas y consejos
  • Si no dispones de un deshuesador, hay que ingeniarse algún inventillo que te facilite la tarea de retirar el hueso a las cerezas. Puedes emplear el tubo de un bolígrafo tipo Bic vacío o un clip de papelería. 
  • También podéis apoyar las cerezas, una a una, en la boca de una botella, y perforarlas con una pajita, de manera que el hueso cae en el interior de la botella. Que no sea por ideas, eh ;)


Receta vista en Un pedacito de cielo



Croquetas de berenjenas con mayonesa de ajo negro

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Croquetas de berenjenas con mayonesa de ajo negro

Ser una apasionada de las croquetas hace que les seas una víctima fácil. Da igual que te las sirvan como entrante o como plato principal que siempre cae una buena tanda. Da igual que sean de pescado, que sean de carne, que sean de verduras, que siempre se nos iluminan los ojos y las manos se lanzan al plato sin poder controlar el detenerlas aún teniendo el último mordisco en la boca. Da igual que no sepas ni de que son, y eso ya dice mucho para que os hagáis a la idea de la excelente acogida que siempre tiene un plato de croquetas en mi casa.

Las croquetas de berenjena que os traigo hoy son una muestra más a añadir a nuestra lista, y una vez dentro no va a haber nadie que las elimine porque están de llorar de buenas. Estas croquetas de berenjena son tan tiernas, tan suaves, tan melosas ... que una vez más te verás indefensa y sin freno frente a ellas. 

Las probé por primera vez en casa de Chabe, artista panarra, en uno de sus talleres de pan al que acudí hace unos meses con unas buenas amigas :D, y me gustaron tanto, tanto, que tardé cero coma en encontrar la receta en el maravilloso libro de Yotam Ottolenghi, El Gourmet Vegetariano. No he cambiado ni un solo punto, ni una sola coma; no puedo cambiar la receta de un maestro que sale perfectamente bien a la primera. 

Aquí tenéis la receta. Primero, leedla, después, hacedla, y por último, sucumbid.

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Receta de Croquetas de berenjenas con mayonesa de ajo negro

Ingredientes (Para 6 personas)

  • 4 berenjenas medianas
  • 280 gr de patatas cocidas y chafadas
  • 1 huevo tamaño "L" batido
  • 140 gr de queso feta desmigado
  • 20 gr de queso Parmesano rallado
  • 1/2 cdta de sal
  • Pimienta negra molida
  • 200 gr de pan rallado tipo Panko
  • 1-2 huevos para rebozar
  • Aceite de oliva para freír
  • 4 cdas colmadas de mayonesa
  • 2 dientes de ajo negro
Elaboración
  1. Empezaremos asando las berenjenas:
    1. Precalienta el horno a 140ºC. Lava y seca las berenjenas, masajéalas con un poco de aceite, pínchalas con la punta de un cuchillo y colócalas en una fuente de horno. Gíralas de vez en cuando. Deberán quedarte con la piel ennegrecida y arrugada. Déjalas enfriar antes de pelarlas y extraer la pulpa.
    2. Pon la carne de la berenjena sobre un colador durante 30 minuto para que escurra los jugos tras el asado. Nos han de quedar unos 600 gr de pulpa.
  2. En un recipiente amplio ponemos la carne de la berenjena troceada, la patata cocida, el huevo, el queso feta, el queso Parmesano, la mitad del pan rallado y sal y pimienta al gusto. Mezclamos con un tenedor, tapamos con film transparente y reservamos en la nevera al menos durante una hora.
  3. En un recipiente pequeño ponemos la mayonesa, pelamos y aplastamos los dos dientes de ajo negro y los añadimos a la mayonesa. Tapamos y reservamos en la nevera hasta el momento de consumirlo.
  4. Transcurrido el tiempo de reposo formaremos las croquetas. Batimos uno o dos huevos y preparamos un plato hondo con la mitad del pan rallado. Con las manos ligeramente humedecidas en agua tomamos porciones del tamaño de una nuez de la mezcla de berenjena, la pasamos por huevo batido y a continuación por el pan rallado. Reservamos las croquetas en una fuente amplia para que el pan rallado se vaya secando con la temperatura ambiente. 
  5. Preparamos una sartén honda con abundante aceite de oliva y la calentamos a fuego medio-fuerte para freír en ella las croquetas, volteándolas con cuidado para que se doren uniformemente. Una vez doradas las retiramos a un plato con papel de cocina para que absorba el exceso de aceite. 
  6. Las servimos en la mesa acompañándolas de la mayonesa de ajo negro. ¡Y a disfrutar!





Arroz meloso con sepia, rape y carabineros

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Arroz meloso con sepia, rape y carabineros

Este arroz meloso con sepia, rape y carabineros es uno de los arroces más sabrosos que hemos comido en casa últimamente, y se lo debo al chef malagueño Dani García (con perdón por el arroz con bogavante que hace mi suegra, que está también de vicio).

Es indiscutible que el mayor fundamento de un arroz está en el fumet. Bajo mi punto de vista, es un error enorme no bañar un arroz en un buen fumet. Para facilitarnos la vida, en el mercado podemos encontrar una gran variedad, y algunos son de una calidad muy buena. Pero una vez que ya has probado a hacer un sabroso y contundente fumet en casa, y lo siento por las marcas comerciales, que se quite todo lo demás. Aunque es innegable que en el caso de falta de tiempo para prepararlo, podemos echar mano de uno de esos fumets que nos apañan tan bien cuando nos acompañan las prisas. 

Lo espectacular de este fumet está en la variedad de ricos ingredientes con los que se consigue un color y un sabor extraordinarios. Todo son beneficios cuando sofríes restos de pescado, verduras y condimentos naturales. A medida que vas oliendo y vas viendo el precioso color que va adquiriendo el fumet, te relames de gusto al pensar en el resultado final del arroz cuando haya absorbido todos esos sabores y se tiña de ese bonito color rojizo.

Elegir un buen arroz es igualmente primordial. Yo te recomiendo emplear un arroz bomba, puesto que para este tipo de elaboraciones es el mejor y además no se pasa, manteniéndose el grano entero sin abrirse como una esponja.

No te voy a engañar, y he de decirte que elaborar este arroz meloso lleva su tiempo entre picar los ingredientes, esperar a que se elabore el fumet y cocinar el arroz. Pero créeme que la recompensa lo suple todo y merece la pena inmensamente. 


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Receta de arroz meloso con sepia, rape y carabineros

Ingredientes (Para 4 personas)

Para el arroz
  • 300 gr de arroz bomba
  • 1 cebolla mediana
  • 1 pimiento verde italiano de tamaño mediano
  • 1 pimiento rojo italiano de tamaño mediano
  • 2 tomates pequeños rallados
  • 400 gr de sepia limpia
  • Un lomo de rape de tamaño mediano
  • 4-8 carabineros (dependiendo del tamaño)
  • 1 diente de ajo
  • 1 cda de perejil fresco picado
  • 1 cdta de carne de ñora
  • Unas hebras de azafrán
  • Sal
  • Fumet de pescado
  • Aceite de oliva virgen extra
Para el fumet de pescado
  • Huesos de rape limpios
  • Las cabezas y las pieles de los carabineros
  • 20 gr de apio
  • Medio puerro
  • 100 gr de cebolla
  • 2 tomates pequeños
  • 1 zanahoria
  • Unas ramitas de perejil fresco
  • 10 granos de pimienta negra
  • 2 dientes de ajo pelados
  • 1 cdta de pimentón dulce
  • 50 ml de coñac
  • 2 litros de agua
  • Aceite de oliva virgen extra
Elaboración
  1. Comenzamos elaborando el fumet de pescado: ponemos a calentar dos cucharadas de aceite en una cazuela amplia y doramos los huesos de rape junto con las cabezas y las pieles de los carabineros. Aplastamos las cabezas para extraer los jugos. Reservamos las colas de los carabineros.
  2. Añadimos el apio, el puerro, la cebolla, los tomates y la zanahoria pelados y cortados en trozos toscos. Añadimos también el perejil, la pimienta, los dientes de ajo y sofreímos todo junto durante unos 5 minutos. 
  3. Agregamos el pimentón y removemos rápidamente. Vertemos el coñac y cocinamos durante 1-2 minutos para que se evapore el alcohol. Por último, añadimos el agua y llevamos el fumet a ebullición. Una vez que comience a hervir, bajamos la potencia del fuego y lo cocinamos a fuego medio 30 minutos aproximadamente. 
  4. Mientras tanto vamos a preparar los pescados y las verduras para el arroz. Por un lado comenzamos pelando la cebolla y picándola muy, muy finamente. Haremos lo mismo con los dos tipos de pimiento y la cebolla. Pelamos el diente de ajo y lo machacamos en un mortero con la cucharada de perejil y una pizca de sal. Reservamos todo.
  5. Por otro lado cortamos la sepia en daditos pequeñitos, y también cortamos en dados un poco más grandes el rape, puesto que encogerá bastante cuando lo cocinemos. 
  6. Una vez que el fumet está listo lo filtramos y lo reservamos, procurando mantenerlo caliente para añadírselo al arroz a medida que lo vayamos necesitando y no corte su punto de cocción.
  7. Empezamos con el arroz: en una tartera amplia calentamos 2-3 cucharadas de aceite y marcamos la sepia y el rape durante 3-4 minutos. Los retiramos a un plato.
  8. En el mismo aceite sofreímos la cebolla y los pimientos a fuego suave (5 minutos aproximadamente) y removiendo de vez en cuando. Agregamos el tomate rallado y sofreímos hasta que se haya evaporado su jugo. Incorporamos el majado de ajo y perejil y removemos. 
  9. Añadimos el arroz y lo nacaramos (sofreír hasta que se ve un punto blanco en el centro del grano) y entonces agregamos la carne de ñora. Removemos rápidamente y vertemos fumet caliente hasta cubrir el arroz. Distribuimos unas hebras de azafrán por encima. A partir de aquí añadiremos fumet caliente a medida que veamos que se va consumiendo. De vez en cuando movemos la cazuela con movimientos circulares, pero en ningún momento removemos el arroz con cuchara, espátula o similar para evitar romper el grano. Rectificamos el punto de sal a mitad de la cocción.
  10. Distribuiremos las colas de carabineros 3-4 minutos antes de que el arroz termine de cocinarse (en total 18 minutos aproximadamente). La textura del fumet que cubre el arroz ha de ser suave, cremosa y melosa.
  11. Antes de llevar a la mesa espolvoreamos unas hojitas de perejil fresco picado, ¡y listo!
Receta vista en Hacer de comer



Sopa de espárragos blancos

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Sopa de espárragos blancos

La invención de la lata ha sido una de los grandes inventos para la conservación de alimentos perecederos por mucho que a estas alturas de la era digital en la que nos encontramos nos parezca algo sencillo y casi mundano.

Sin embargo, allá por el siglo XVIII, esta invención fue toda una revolución. Alguien tuvo que tener una mente más avanzada que la del resto para imaginar que colocando alimentos en un tarro de cristal cerrado herméticamente e hirviéndolo en agua durante un tiempo, se conseguiría conservar alimentos en perfecto estado durante un largo período. Fue un francés, Nicolás Appert, a quién se le iluminó la bombilla.

Hay quien vio que exprimir la idea podía suponer toda una transformación en los hábitos alimenticios, especialmente del ejército, objetivo primario de aquel gran invento, quienes tenían que pasar meses y meses fuera de su hogar. Supondría un avance ante los salazones de alimentos y el pan con levadura que llevaban en sus barcos y que terminaba por estropearse. Quien así lo vio fue otro francés, Philip de Girard, quien se llevó el invento del tarro de cristal en un bolso para evolucionarlo a lo que hoy conocemos con una lata de conserva. Bryan Donkin, ingeniero e inventor inglés, compró la patente e inauguró la primera fábrica de latas de conserva del mundo. Posteriormente, otro inglés, Joseph Banks, se posó delante de la Royal Society y se comió delante de ellos el contenido de una lata de hojalata para demostrar que la comida se mantenía en perfecto estado después de más de dos años en su interior. Al poco llegaría la invención del abrelatas, pero esa es ya otra historia en la que no me voy a liar.

¿Y a cuento de qué viene esta retahíla histórica?

Mucho tenemos que agradecerle todos a este gran invento. Mi experiencia con las latas de conserva es tan solo una simple anécdota dentro de todo lo que ellas han aportado a la humanidad desde que fueron inventadas. Pero ellas fueron para mi el primer paso para probar alimentos que de otra manera no entraban entre mis favoritos, como fueron las alcachofas, los guisantes y los espárragos. Ellas me abrieron el paladar para dar el paso adelante y probarlas en fresco, donde, sinceramente, y sin ánimo de derrumbar todas las alabanzas hacia la lata de conserva, no tienen igual.

Muchos de vosotros sabéis de el #RetoSaboresDeTemporada que nos traemos entre manos Paula, Neus y yo, aunque en esta ocasión Neus no ha podido unirse a nuestra cita. Cada dos meses publicamos una receta con un ingrediente de temporada aprovechando su máximo esplendor en sabor y calidad.

La receta que os presento para esta cita es una sopa de espárragos blancos, en la que, valga la redundancia, el protagonista no es otro que el espárrago blanco.

A estas alturas, muchos de vosotros sabréis que el espárrago blanco tiene esta tonalidad por su falta de clorofila al no recibir nada de sol a lo largo de su cultivo. Sin embargo, en el mismo momento en el que la punta asoma en la tierra y los rayos de sol inciden sobre él, comienza a desarrollar el color verde que da lugar a la otra variedad de espárragos que podemos encontrar en esta época del año, desde abril hasta muy probablemente entrado junio. 

Las huertas de la Ribera, situadas en el valle medio del Ebro, con 263 municipios de Navarra, Aragón y La Rioja, es la zona geográfica que goza desde 1986 con el calificativo de Indicación Geográfica Protegida y de Denominación Específica como "Espárrago de Navarra", y que, cito textualmente, "ha de tener una coloración blanca, textura suave, con fibrosidad escasa o nula y un perfecto equilibrio en la suavidad de su amargor en el paladar."

El espárrago blanco es un manjar del que desafortunadamente solo se puede disfrutar en esta época primaveral del año. Simplemente cocidos en agua, sal y una pizca de azúcar están soberbios. Pero cuando vi esta sopa de espárragos blancos a Olga Vila en su blog y la probé, me aseguré de que también formara parte de  mi colección de recetas. Francamente, está tremendamente deliciosa. Es muy suave y tan sana. 

¿Te animas?

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Receta de Sopa de espárragos blancos

Ingredientes (Para 4 personas)

  • 500 gr de espárragos blancos frescos
  • 1 litro de caldo de pollo (o verduras)
  • 2 cdas de aceite de oliva virgen extra
  • 2 cdas de queso mascarpone
  • Sal
  • Pimienta blanca recién molida
  • 100 gr de queso Parmesano recién rallado
  • Unas hojitas de tomillo fresco para decorar
Elaboración
  1. Con un pelador limpiamos los espárragos empezando por las yemas (sin eliminarlas) y terminando hacia el tallo. De esta manera le quitaremos las fibras que recubren el tallo, y los troceamos. 
  2. En una cazuela ponemos el aceite a calentar a fuego suave, incorporamos los espárragos blancos troceados y los sofreímos durante un par de minutos, removiendo con frecuencia para evitar que se doren. 
  3. Agregamos el caldo, salpimentamos al gusto, llevamos a ebullición y cocinamos entre 15 y 20 minutos, dependiendo del grosor del espárrago. 
  4. Una vez cocidos agregamos el queso mascarpone y trituramos todo el conjunto. Para asegurarnos de que quede una sopa fina, la filtramos por un chino, donde quedarán restos de posibles fibras. 
  5. Sirve la sopa en platos hondos o en un cuenco, vierte un chorrito de aceite, espolvorea el queso Parmesano rallado por encima y unas hojas de tomillo. Puedes disfrutarla tanto en caliente, como en templado o en frío, pero dadas estas temperaturas tan primaverales, como más apetece es en frío, y a mi parecer, es la temperatura que mejor le sienta a esta sopa.


Fuente histórica sobre la invención de la lata de conserva aquí.


Albóndigas de pollo empanadas al estilo Kiev

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Albóndigas de pollo empanadas al estilo Kiev

Si jugáramos a las adivinanzas y te dijera: "Es redondo, jugoso por dentro y crujiente por fuera". ¿Qué podría ser? No creo que me equivoque en pensar que las opciones que vendrían a tu mente serían tantas que como dice la expresión, podríamos morirnos de aburrimiento hasta encontrar la respuesta que yo quiero que me des, y que es el nombre a la receta que hoy te presento: albóndigas de pollo al estilo Kiev. Te lo ponía un pelín difícil, ¿no?

Es muy posible que en alguna ocasión hayas oído este nombre para referirse a unas pechugas de pollo empanadas (de ahí "crujientes por fuera", volviendo a la adivinanza del inicio) y rellenas de mantequilla aromatizada con ajo y perejil (de ahí lo de "jugoso por dentro"). Y la verdad es que es una receta muy resultona y deliciosa, un plato completo que tan solo tendrías que acompañar de una ensalada verde o alguna verdura salteada.

Rascando un poquito en los orígenes del pollo Kiev resulta que como con tantas otras recetas, unos y otros piden su autoría y nadie tiene muestras suficientes como para demostrar quién ha de pincharle la banderita de qué país. Por curioso que te parezca, hay fuentes que dicen que esta receta de pollo tiene nada y menos que ver con la gastronomía rusa, y que sin embargo fue creación de un restaurante en el que la receta funcionaba tan bien, que algún espabilado ruso llegó y birló la receta para adjudicarse su autoría con sello ruso.

En fin ... que no seré yo quien indague sobre este tema, más que nada porque saber su origen cierto no nos va a ayudar a digerir mejor o a disfrutar más de esta receta. Así que pasemos página, y pasemos a la descripción de la receta, que es lo verdaderamente interesante. 

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Receta de albóndigas de pollo empanadas al estilo Kiew

Ingredientes

Para las albóndigas de pollo
  • 500 gr de pechuga de pollo picada
  • Sal y pimienta al gusto
Para el relleno
  • 150 gr de queso tipo Gouda
  • 1 yema de huevo
  • 1 cda de mantequilla en textura pomada
  • 3 dientes de ajo 
  • 2 cdas de perejil fresco picado
  • Sal y pimienta al gusto
Para el rebozado y la fritura
  • Harina
  • 1 huevo
  • Pan rallado tipo "Panko"
  • Aceite de oliva virgen extra
Elaboración
  1. Empezamos preparando las albóndigas. Salpimentamos la carne picada al gusto, tapamos con film transparente y reservamos en la nevera mientras preparamos el relleno.
  2. Para el relleno, rallamos el queso Gouda y lo mezclamos con el ajo y el perejil machacados y la mantequilla en pomada. Extendemos la mezcla sobre un trozo de film transparente, lo enrollamos formando un cilindro y cerrándolo bien por los extremos ejerciendo una suave presión para compactar la mezcla. Guardamos la mezcla en la nevera entre media y una hora, dependiendo de la temperatura ambiente. 
  3. Nos humedecemos las manos (para evitar que se nos peguen las albóndigas a las manos) y cogemos porciones de la carne de pollo. Formamos una bola, la aplastamos en la palma de la mano y la rellenamos con una cucharadita del relleno de queso. Tapamos el relleno con la carne  que la rodea formando una bola perfectamente sellada. Procedemos de la misma manera con el resto de la carne y del relleno hasta terminarlo.
  4. A continuación envolvemos las albóndigas en harina, después las pasamos por huevo batido y por último las cubrimos de pan rallado, aprovechando para darles una forma circular perfecta. Reservamos las albóndigas en un plato amplio y las dejamos reposar media hora, consiguiendo de esta manera que el empanado se seque un poco antes de pasar a freírlas. 
  5. Ponemos abundante aceite de oliva a calentar en una sartén honda y freímos las albóndigas por todas sus caras, volteándolas con frecuencia para que se frían uniformemente.
  6. Servimos las albóndigas de pollo al estilo Kiev acompañándolas de una ensalada verde o tu verdura favorita. 
Receta vista aquí


Brioche de mascarpone al aroma de vainilla

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Brioche de mascarpone al aroma de vainilla

El brioche es un tipo de pan de origen francés elaborado con ingredientes tales como harina, mantequilla, huevos, levadura, azúcar y leche o agua. Quizás no es muy acertado denominarlo como un tipo de pan, pues hay quien también lo tilda como una especie de pastel. Sin embargo, el mismo Jeffrey Hamelman, autor de una de las grandes biblias sobre pan, El Pan, comenta que no es es ni una cosa ni la otra, sino que es una elaboración única. La masa de un brioche puede adoptar diferentes formas: alargada, cuadrada, trenzada; puede ser dulce o salado; puede ser la base de una tarta, puede emplearse para hacer torrijas, un pudín e incluso laminarlo de tal manera que adquiera una textura y apariencia cercana al hojaldre. Las opciones son ... ¡infinitas!

Consultando diversas fuentes he podido comprobar que la cantidad de harina sobre la de mantequilla ha de ser la del doble en peso, sin embargo, Jeffrey Hamelman comenta que de ser así se puede conseguir un brioche denso y pesado. No obstante, este brioche que os muestro hoy no incorpora mantequilla entre sus ingredientes, sino queso mascarpone. Y como los ingredientes en contacto funcionan por reacción química, seguro que el queso mascarpone influye de alguna manera para que obtener la textura final que se consigue.

Siempre que te decantes por la mantequilla, para evitar que el brioche no resulte siendo una masa densa y pesada, es imprescindible tener en cuenta la temperatura de los ingredientes, que han de estar siempre fríos, lo más posible, y por supuesto, el amasado. Un buen amasado de una masa para brioche requerirá unos 15 minutos de tu tiempo. Si eres afortunado de tener un amasadora o un robot de cocina, estos son unos estupendos aliados en la cocina; y si tienes la suerte de poder elegir entre uno y otro, decántate por la amasadora, porque la fricción de las cuchillas de un robot recalienta la masa, y eso, no le va bien. Yo no sé tú, pero a mi me chifla meter las manos en la masa, y tocarla, y sentirla es un placer.

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Me encanta el brioche, aunque por parte de mis otros dos comensales no goza de tanta aceptación. Sin embargo, este brioche de mascarpone al aroma de vainilla que hoy te traigo ha sido un éxito rotundo. Mira, mira unas líneas debajo y observa la miga que tiene. Es laminosa y se ve tierna y esponjosa. Además, le añadí, y porque me apetecía mogollón, un toque de extracto de vainilla que lo hace aún más sabroso, y no te digo nada del momento en el que lo estás amasando primero, y se cuece en el horno después. 

Hace mucho, mucho tiempo, allá por el 2015, que vi esta receta del brioche de mascarpone en la red, y los honores se los debo a Natalia, del blog Con harina en mis zapatos. Desde entonces he visto crecer esta receta como la espuma en las redes, y la verdad es que no va de sobra todo apelativo generoso que se le de, porque es ciertamente exquisito.

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Receta de Brioche de mascarpone al aroma de vainilla

Ingredientes

  • 50 ml de leche tibia
  • 10 gr de levadura prensada
  • 1 huevo tamaño "L"
  • 125 gr de queso mascarpone
  • 1 cdta de extracto de vainilla
  • 40 gr de azúcar blanquilla
  • 250 gr de harina de fuerza
  • Azúcar perlado para decorar

Utensilios

  • Molde desmontable redondo de 18 cm de diámetro

Elaboración

  1. Calentamos la leche durante 20 segundos en el microondas y desmenuzamos en ella la levadura prensada. Añadimos la punta de una cucharadita de azúcar, removemos, y dejamos reposar 10-15 minutos para que se active la levadura formando burbujitas en la superficie.
  2. Cascamos un huevo y lo pesamos, lo batimos y nos quedamos solo con la mitad, reservando la otra mitad para barnizar el brioche antes de hornearlo.
  3. En un recipiente ponemos el queso mascarpone, la mitad del huevo, el extracto de vainilla y el azúcar y batimos.
  4. Agregamos la leche con la levadura y mezclamos.
  5. Incorporamos la harina tamizada y mezclamos con una cuchara de madera. Notaremos que la masa se nos pega en los dedos. Vamos a dejarla reposar tapada en el recipiente durante 20 minutos.
  6. Transcurrido ese tiempo volcamos la masa en la superficie de trabajo limpia y seca y amasamos 10-15 minutos o hasta conseguir una masa suave, lisa y brillante. Engrasamos un recipiente, introducimos en su interior la masa y la tapamos para que doble su volumen, aproximadamente una hora (dependiendo de la temperatura ambiente; a más calor, más rápido subirá).
  7. Una vez que la masa ha doblado su volumen la volcamos nuevamente en la mesa de trabajo, la desgasificamos y la pesamos. Dividimos su peso en seis partes, que son las seis bolas que formaremos, y obtendréis un peso aproximado de 79-80 gramos. 
  8. Forramos la base y las paredes del molde con papel de horno. Reservamos. 
  9. Formamos las seis bolas y las distribuimos en el molde. Tapamos con un paño de algodón hasta que doblen su volumen.
  10. Precalentamos el horno a 180ºC, con calor superior e inferior. Pincelamos la superficie del brioche con la mitad del huevo batido que habíamos reservado y espolvoreamos azúcar perlado por encima. Horneamos 30-35 minutos o hasta que se haya dorado suavemente y el brioche esté cocinado en su interior.

Huevos benedictinos { Eggs Benedict }

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Huevos benedictinos

Si eres un entusiasta de los archiconocidos brunch, ese término anglosajón que se refiere a esos desayunos tardíos o almuerzos tempranos, es muy probable que te hayas dado cuenta de que uno de los platos que forman parte de toda carta de brunch es el de los huevos benedictinos, o eggs Benedict. Sí, es cierto, se han convertido en una moda, para algunos una moda de lo más esnob, pero que sin duda alguna ha hecho emerger una elaboración que tiene sus orígenes allá en el siglo diecinueve. 

Dicen, que por aquel entonces, curaron la resaca de un corredor de bolsa que llegó al restaurante de un afamado hotel neoyorkino pidiendo pan tostado con mantequilla, bacon crujiente, dos huevos poché y una buena cantidad de salsa holandesa. Y tal efecto milagroso cura-resacas tuvo que desde entonces forma parte de la gran colección de recetas clásicas con huevo. 

Para hacer un huevo benedictino se necesita una cama: el pan; una proteína: el bacon y el huevo poché; y la salsa holandesa. Hoy en día existen ya muchas versiones que lo que han hecho ha sido enriquecer la cantidad de diferentes opciones de las que disfrutar de un decadente huevo benedictino. Hay quien pone jamón serrano donde otros ponen el bacon, o también salmón ahumado, o quien aboga por una carne cero en grasas prefiere jamón york o pavo. De poco sirve tener en cuenta las calorías que pueda aportar este elemento proteico si obviamos la salsa holandesa, una rica y densa salsa elaborada a base de yemas de huevo y mantequilla derretida y con un toque cítrico bastante marcado y que lo es todo en esta delicia de plato.

Elaborar una salsa holandesa es fácil, pero requiere cierta técnica, y es tan delicada que si se altera la temperatura, se puede cortar. Arreglar una salsa cortada tampoco es complicado, pues se soluciona agregando una yema más y mezclando de nuevo. Pero el disgusto de que se te haya cortado la salsa no te lo quita nadie. 

Mi primera experiencia con la salsa holandesa fue precisamente esa que te acabo de contar. Así que decidí buscar una receta que realmente me garantizara mejores resultados. Eso sí, una vez hecha la salsa, es para servirla inmediatamente, pues  no se puede recalentar de nuevo.

A pesar de esos pequeños contratiempos, te puedo asegurar que una vez que tienes un huevo benedictino delante de ti, lo único que estás deseando hacer es devorarlo. Y te aseguro que querrás repetir con otro más. 

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Receta de Huevos benedictinos

Ingredientes (Para 4 personas)

  • 115 gr de mantequilla sin sal
  • 3 yemas de huevo
  • 2 cdas de zumo de limón
  • 1/2 cdta de sal
  • Pimienta al gusto
  • 4 huevos 
  • 8 lonchas de bacon
  • 4 English muffins
  • Cebollino para espolvorear
Elaboración
  1. Ponemos la mantequilla a derretir en un cazo. Notaremos que empieza a borbotear por efecto del suero de la mantequilla. Una vez que deje de borbotear, el suero se habrá evaporado. Retiramos la espuma que se habrá acumulado en la superficie, filtramos por un colador o estameña y reservamos caliente.
  2. Ponemos abundante agua con sal a calentar en una cazuela; no ha de hervir.
  3. Cascamos los huevos y uno a uno los ponemos en un colador para que escurra el exceso de agua. Los vamos retirando a un cuenco para escalfarlos cuando el agua esté caliente.
  4. En el vaso de una batidora ponemos las yemas de huevo, el zumo de limón, la sal y la pimienta y comenzamos a batir. Vamos añadiendo la mantequilla derretida en forma de hilo, despacio. Notaremos cómo la salsa cambia de consistencia y de color. Ha de quedar una textura similar a unas natillas. Si quedara muy espesa, añadimos una cucharadita de agua caliente, nunca hirviendo, y la incorporamos en la salsa. Tapamos y reservamos.
  5. Ponemos a calentar una sartén y doramos las lonchas de bacon por ambas caras. Reservamos.
  6. Una vez que el agua esté caliente, damos vueltas al agua con una cuchara para formar un remolino, volcamos el huevo dentro y lo cocinamos entre 5 y 6 minutos. Los retiramos a un plato con papel de cocina para que absorba el agua. Reservamos.
  7. Ponemos a calentar al fuego una sartén. Abrimos los muffins ingleses introduciendo un tenedor alrededor del panecillo, lo doramos por la cara interior en una sartén y reservamos.
  8. Para montar el plato, vertemos un hilo de aceite sobre el pan que servirá de base, ponemos el bacon, el huevo y napamos con la salsa holandesa. Espolvoreamos un poquito de cebollino picado por encima y acompañamos con la tapa de pan. ¡Y listo!

Receta de salsa holandesa de En casa contigo, y de los muffins ingleses de Esbieta.





Muffins ingleses { English muffins }

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Muffins ingleses { English muffins }

Una de las muchas ironías que pueden existir en gastronomía es llamar "English muffin" a un tipo de panecillo que de inglés, al menos relacionado con el entorno de Inglaterra, tiene bastante poco. Paradójicamente, la receta de English muffins, o muffins ingleses, que hoy te presento, no tiene nada que ver con la idea que muy seguramente tu mente está dibujando en este preciso momento: ¿quizás una especie de magdalena? 

Un English muffin es un tipo de panecillo plano de forma redonda que un emigrante inglés, conocido por Samuel Bath Thomas (graba bien este nombre, no vaya a ser que te despiertes a media noche con la angustia de no recordarlo, ja ja ja) inventó en su panadería del barrio neoyorquino de Chelsea. Su intención era crear un crumpet que se pudiera tostar (por si te preguntas qué es un "crumpet" te diré que es una especie de tortita gordita y con muchos agujeritos que se toman tradicionalmente en los desayunos británicos). Así que se puso con las manos en la masa y así es como nació el muffin inglés,  que como verás, no tienen nada de ingleses, sino que llevan colgado consigo este sobrenombre para distinguirlos de los American muffins, o sea sé, nuestras magdalenas.

Estos panecillos son ideales para desayunar. Una vez formados, y tras el reposo reglamentario, se pasan por la sartén para cocinarlos. Curiosamente, para abrirlos se emplea un tenedor que se pincha todo alrededor de la masa, y una vez perforada, se introduce el tenedor hasta el interior y se abren por completo. Una vez abiertos se puede observar una bonita masa formada por pequeños agujeritos de tamaño muy similar, y es entonces cuando se tuestan para disfrutarlos calentitos y con el relleno que más te guste: dulce o salado, y cuando más te guste: para desayunar o cenar. 

Dicen, dicen, que la receta original de los muffins ingleses es un secreto compartido con tan solo siete personas, así que la receta que te presento no será la original, pero está deliciosa y los panes son tiernos y exquisitos.

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Receta de Muffins ingleses { English muffins }

Ingredientes (4 muffins)
  • 180 ml de leche
  • 9 gr de levadura fresca
  • 10 gr de azúcar blanco
  • 260 gr de harina de fuerza
  • 5 gr de sal de mesa
  • 15 gr de mantequilla sin sal
  • Harina de trigo o sémola de trigo para espolvorear los panecillos
Utensilios
  • Un cortador redondo de 9 centímetros de diámetro (puede ser de menor tamaño y te saldrán más muffins)
  • Un rodillo
Elaboración
  1. Calentamos la leche hasta alcanzar los 37ºC, agregamos el azúcar, desmenuzamos la levadura, removemos y dejamos reposar unos 10 minutos para que se active la levadura. Se habrán formado pequeñas burbujas de aire.
  2. En un recipiente amplio ponemos la harina y la sal y las mezclamos.
  3. Agregamos la leche, mezclamos con una espátula, formamos una bola más o menos compacta y dejamos reposar la bola de masa tapada durante 20 minutos.
  4. Transcurrido este tiempo amasamos durante unos 5 minutos o hasta que esté lisa. 
  5. Aplastamos la bola de masa con las manos y repartimos la mantequilla. Amasamos hasta integrarla. Notaremos que la masa se resquebraja, pero no te apures, porque con el amasado se integrará y conseguirás una masa homogénea y lisa (unos 5 minutos aproximadamente).
  6. Engrasa el recipiente, coloca la masa en su interior y tápalo con un gorro de ducha. Resérvalo en un lugar apartado de corrientes y deja que leve el doble de su tamaño (aproximadamente 2 horas en un ambiente con temperatura de 18ºC)
  7. Vuelca la masa en una superficie de trabajo, desclasifica la masa y estírala con un rodillo hasta conseguir un grosor de 1.5 centímetros. Si notas que la masa se encoge, tápala con un paño y déjala reposar 5 minutos más. 
  8. Prepara una bandeja, fórrala con papel vegetal y espolvorea harina por encina. Utiliza un cortador redondo para formar cuatro muffins, distribúyelos en la bandeja y espolvorea harina por encima. Tápalos con un paño de algodón para que leven el doble de su volumen (aproximadamente 2 horas).
  9. Transcurrido este tiempo, pon una sartén a calentar a fuego suave y dora los muffins 6-7 minutos por cada lado. ¡Y listo!
Receta de Esbieta




Salmón con salsa de aguacate y tomates cherry

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Salmón con salsa de aguacates y tomates cherry

Yo no sé si tú serás de mi misma opinión, pero cuando me topo con una receta en la que el segundo plato y su guarnición son tan completos y variados que bastan como único plato, me siento la mar de contenta.

Esto es lo que sentí cuando vi esta receta de salmón con salsa de aguacate y tomates cherry, y mi alegría fue aún mayor cuando lo pudimos disfrutar, ¡y de qué manera!

En esta receta, el salmón ha pasado por un corto proceso de macerado en ajo y lima, y es llevado a la mesa reposando en una cama de bulgur y aderezado con una ensalada de aguacate y tomate que hacen las veces de salsa.

Ese sabor fresco y a la vez ligeramente picante que envuelve tu paladar cuando saboreas un poquito de cada ingrediente transmite una sensación muy gustosa. Además, contaba con la ventaja de emplear unos tomates cherry ecológicos que desde que los descubrí, no falta una bandeja en casa. Y es que es una sensación extraordinaria disfrutar de un tomate que sabe dulce y que deja reminiscencias de una suave acidez a la vez. ¡Eso es comer un tomate de verdad!

Lo que menos me gusta de cocinar el salmón para esta receta es que lo pasé por la plancha, y fue un gran error. La receta original recomienda asar los filetes en el horno, y lista de mi, pensé mejor lo hacía a mi manera, y no podéis imaginar lo sucia que terminó la cocina, la encimera y los azulejos por el efecto del zumo de lima en el que maceró; de manera que en el apartado notas os indicaré cómo hacerlo al horno.

¿Empezamos?

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Receta de Salmón con salsa de aguacates y tomates cherry

Ingredientes (4 personas)

Para macerar el salmón
  • 4 lomos de salmón, limpios de piel y espinas
  • 2 cdas de aceite de oliva virgen extra
  • 2 dientes de ajo machacados
  • 1 lima - su ralladura y su zumo
  • 1/2 cdta de sal 
  • 1/4 cdta de pimienta molida
Otros ingredientes
  • 160 gr de bulgur
  • 1 cdta de sal
Para la salsa de aguacate y tomates cherry
  • 2 aguacates maduros
  • Zumo de una lima
  • Salsa sriracha al gusto
  • 1 diente de ajo machacado
  • 1/2 cdta de sal
  • 2 cdas de cilantro fresco picado
  • 16 tomates cherry
  • Un chorrito de aceite de oliva virgen extra
Elaboración
  1. Preparamos la salsa en la que maceraremos los filetes de salmón durante 30 minutos. Para ello mezclamos el aceite, los dientes de ajo, la ralladura y el zumo de la lima, la sal y la pimienta, y con esta salsa barnizaremos los lomos de salmón por ambas caras.
  2. Ponemos abundante agua a calentar en una cazuela, la llevamos a ebullición. Entonces agregamos la sal y el bulgur. Removemos y lo cocinamos siguiendo las instrucciones del fabricante. Lo colamos, ponemos una cucharada de mantequilla y la removemos con un tenedor para integrarla y que el bulgur quede suelto. Reservamos.
  3. Para la salsa de aguacate y tomates, empezaremos abriendo los aguacates por la mitad, retirando el hueso, extrayendo la carne bordeando la piel con una cuchara y después, y en el mismo aguacate, practicamos unos cortes transversales en ambas direcciones para formar cuadraditos. Los ponemos en un cuenco amplio y los sazonamos con el zumo de la lima, la salsa sriracha al gusto, el ajo machacado, la sal y el cilantro.
  4. Lavamos, secamos y cortamos los tomates cherry en cuatro cuartos y los agregamos a los aguacates. Vertemos un chorrito de aceite, removemos y reservamos.
  5. Transcurridos los 30 minutos del macerado del salmón, engrasamos una plancha y freímos los lomos del salmón por ambas caras.
  6. Para montar el plato, ponemos unas cucharadas de bulgur en la base de un plato, encima colocamos un lomo de salmón, y servimos la salsa de aguacate y tomates por encima. 
Notas
  • Para cocinar el salmón al horno, lo precalentamos a 190ºC, con calor superior e inferior.
  • Forramos una bandeja de horno con papel vegetal y colocamos los lomos de salmón en la bandeja. La introducimos en el horno y lo asamos entre 15 y 20 minutos, o hasta que las lascas del salmón se desprenden fácilmente. 









Sticky toffee pudding en salsa de caramelo salado

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Sticky toffee pudding en salsa de caramelo salado

El sticky toffee pudding (STP) es todo un clásico dentro de la gastronomía británica dulce a pesar de su joven edad en comparación de otros muchos postres de los que se puede enorgullecer esta tradicional cocina milenaria. Ha creado tantos adeptos que hoy en día es un imprescindible en cualquiera de las cartas de todo restaurante británico.

El sticky toffee pudding es un pastel esponjoso de un color avellana intenso, color que adquiere por el efecto de un ingrediente que es bastante inimaginable encontrar en una receta de lo más tradicional (al menos a mi me lo parece): los dátiles. Aunque como bien sabrás si te mueves con cierta frecuencia por las redes, hoy en día, es un ingrediente que muchos veneran como un sustituto del azúcar refinado en elaboraciones de pastelería y bollería. Pero eso no quiere decir que su contenido calórico sea más bajo.

En casa no sentimos un gusto especial por este fruto, el dátil, pero créeme cuando te digo que el sabor que le da lo hace escandalosamente delicioso, y seguramente tiene también mucho que ver en que sea un pastel tan esponjoso y rico. 

Como pudding que es, el método de cocción ha variado a lo largo del tiempo, y mientras que años atrás se venía cocinando al vapor, en los tiempos modernos se cocina en el horno como si fuera un bizcocho, y a la hora de servir se baña con una riquísima salsa de caramelo. 

En la receta que hoy te presento esa salsa con la que se acompaña nos va a servir para bañar el pastel justo antes de introducirlo en el horno; esa salsa de caramelo será absorbida poco a poco por la masa del pastel a medida que se va cociendo en el horno, resultando ser un bizcocho super jugoso. 

Lo ideal es tomarlo ligeramente templado, con un buen chorretón de salsa de caramelo, y otro tanto de nata líquida, aunque si te sientes especialmente con alma británica, lo ideal sería servirlo con clotted cream en lugar de nata líquida. Y rizando el rizo, unas natillas o helado de vainilla le va de las mil maravillas. Un pastel que te comerías enterito, pero ya sabes aquello de ... "compartir es amar".

Con este delicioso pastel hago los honores al santo patrón de Inglaterra, San Jorge. Mañana, 23 de abril se celebra su onomástica, como en España lo harán en algunas regiones tales como Aragón y Cataluña, aunque obviamente, no con un Sticky toffee pudding ;)

Esta es mi receta, y espero que te guste tanto, tanto como a nosotros.

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Receta de Sticky toffee pudding en salsa de caramelo salado

Ingredientes

Para el pastel
  • 125 gr de dátiles deshuesados
  • 1/2 cdta de bicarbonato
  • 100 ml de agua hirviendo
  • 100 gr de mantequilla a temperatura ambiente
  • 150 gr de panela o azúcar moreno
  • 3 huevos tamaño "L"
  • 1 cda de treacle, o golden syrup, o melaza, o miel
  • 100 ml de leche a temperatura ambiente
  • 250 gr de harina de trigo normal
  • 1 y 1/2 cdtas de impulsor químico
  • Una pizca de sal
Para la salsa de caramelo salado
  • 200 gr de panela o azúcar moreno
  • 200 ml de nata líquida
  • 100 ml de agua
  • Una pizca de sal
Utensilios
Elaboración
  1. Precalentamos el horno a 180ºC, con calor superior e inferior.
  2. Troceamos los dátiles y los ponemos en remojo en un cuenco con el bicarbonato y el agua hirviendo. Mezclamos y dejamos en reposo durante 10 minutos.
  3. Engrasamos el molde y lo reservamos.
  4. En un cazo pequeño ponemos los ingredientes de la salsa, removemos y calentamos hasta que el azúcar se haya disuelto. Retiramos del fuego y reservamos.
  5. Tamizamos la harina, el impulsor y la sal. Reservamos.
  6. Vertemos los dátiles en remojo en el vaso de un robot de cocina y los trituramos, procurando que queden algunos trozos enteros, no una papilla. 
  7. Añadimos la mantequilla y el azúcar, y batimos durante 2-3 minutos.
  8. Agregamos los huevos, uno a uno, sin incorporar el siguiente hasta que no se haya integrado el anterior.
  9. Añadimos la leche y la cucharada de treacle o similar. Batimos 30 segundos. 
  10. Incorporamos los ingredientes secos tamizados y batimos 30 segundos hasta que se hayan integrado.
  11. Vertemos la masa en el molde.
  12. Nos reservamos una cuarta parte de la salsa y verteremos el resto sobre la masa, pero para evitar hacer un agujero según cae, nos ayudaremos de un cucharón de servir para que a medida que se va desbordando la salsa del cazo, esta caiga sobre la masa suavemente y se vaya repartiendo.
  13. Introducimos el pastel en el horno a una altura por debajo del medio y horneamos entre 30 y 35 minutos o hasta que al introducir un palo de brocheta este salga seco y limpio.
  14. Sacamos del horno y dejamos atemperar sobre una rejilla.
  15. Servimos con el resto de la salsa de caramelo que habíamos reservado en una jarrita y nata líquida, o bien unas natillas o helado, al gusto.

Receta de Sticky toffee pudding en salsa de caramelo vista Sainsbury's Magazine


Aceitadas zamoranas {Receta tradicional de Semana Santa}

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Aceitadas zamoranas { Receta tradicional de Semana Santa } 

La declaración de Fiesta española de Interés Turístico Internacional es una distinción de carácter honorífico que otorga la Secretaría General de Turismo del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, a aquellas fiestas o celebraciones españolas que manifiesten el valor cultural y la tradición de una población o región. Para ello se tienen en cuenta aspectos como la antigüedad y la continuidad de la celebración, su arraigo entre el pueblo y la participación del mismo en los eventos, que en su desarrollo no se maltraten ni a animales ni a personas y que se cuide el entorno urbano, monumental y paisajístico, que existan alojamientos y servicios turísticos que sean capaces de acoger y de dar servicio adecuado al turismo a la zona en al menos 50 kilómetros a la redonda, entre otros tantos requisitos.

La Semana Santa de Zamora es de gran interés tanto social, como cultural y religioso.  Su celebración se remonta al siglo XIII, y es considerada como una de las más antiguas de España; y desde el 2015 goza del privilegio de ser considerada de Bien de Interés Cultural.

En lo gastronómico, es típico tomar sopas de ajo en la mañana del Viernes Santo, cuando la procesión llega a las Tres Cruces mucho antes del amanecer. Y es que Zamora es una ciudad muy fría y húmeda y es necesario reconstituir el cuerpo con un rico y sustancioso elemento que entone el cuerpo. El bacalao a la tranca es otra de las recetas tradicionales, junto con el potaje de garbanzos y bacalao. El Domingo de Resurrección es típico comer "dos y pingada", que no es otra cosa que dos huevos fritos y carne, bien panceta, jamón o magro de cerdo. Como dulce, no han de faltar ni las torrijas, ni las almendras garrapiñadas y ni las aceitadas. Y añadiría uno más: los higos secos en vino. En este punto, mi memoria me transporta a cuando siendo niña y adolescente, mi abuela materna sacaba una cazuela de barro donde guardaba higos en vino dulce y que se comían con un pan con anises.

Estas pastas que podéis ver ilustrando mi entrada de hoy se llaman aceitadas. Lo llamativo de esta receta es que en lugar de emplear manteca para elaborarlas se utilizara aceite. Pero todo tiene su explicación, y es que de este modo se podían tomar durante la Semana Santa. Son unas pastas de textura un poco dura, con un sabor inconfundible a anís, y francamente, riquísimas.

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Receta de aceitadas zamoranas

Ingredientes (aproximadamente 20 unidades)

  • 500 gr de harina de trigo normal
  • 1 cdta de canela en polvo
  • 220 gr de AOVE de la variedad Arbequina
  • 220 gr de azúcar blanquilla
  • 2 huevos tamaño "L"
  • 3 cdas de licor de anís, o 20 gotas de esencia de anís
  • 1 huevo para barnizar las pastas
Elaboración
  1. Tamizamos la harina y la canela sobre un recipiente amplio y en el que iremos incorporando los demás ingredientes. 
  2. Agregamos el aceite y el azúcar y removemos con la ayuda de una cuchara de madera hasta incorporarlos.
  3. Añadimos los huevos, uno a uno, y seguimos removiendo.
  4. Agregamos el licor de anís y mezclamos hasta incorporar todos los ingredientes. 
  5. Formamos una bola y la reservamos en el mismo recipiente tapada con film transparente. La dejaremos reposar media hora para que se relaje el gluten y se amalgamen todos los ingredientes.
  6. Precalentamos el horno a 170ºC con calor superior e inferior y preparamos una bandeja de horno forrándola con papel vegetal.
  7. Dividimos la masa en diez porciones del mismo peso, formamos una bolita con cada una de ellas y la colocamos en la bandeja de horno. Antes de introducir la bandeja en el horno aplastamos un poquito cada bolita, practicamos una cruz en su superficie y las pincelamos con un huevo batido.
  8. Introducimos la bandeja en el horno entre aproximadamente 20 minutos o hasta que comiencen a dorarse. Al tacto, han de quedar un poco firmes. 
  9. Una vez cocidas las dejamos reposar unos cinco minutos y posteriormente las retiramos a una rejilla para que se enfríen por completo
Notas y consejos
  • Las aceitadas zamoranas quedan algo duritas, así que no penséis que están incomibles.

Torrijas de leche { Receta tradicional }

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Torrijas de leche { Receta tradicional }

Hay ciertas recetas de cocina en las siento que no he evolucionado desde que las conozco y desde que las hago, y lo cierto es que no tengo ninguna intención de cambiarlas. No es que hoy me sienta especialmente rebelde, pero en ocasiones pienso que si una receta funciona muy, pero que muy bien, y la disfrutamos enormemente, ¿por qué cambiarla?

Esto es lo que pasa en mi cocina en torno a las torrijas de leche. No penséis que no hemos probado otras variedades, como las de vino o con un almíbar de miel, aunque hasta aquí llega nuestro repertorio. Personalmente, las empapadas en vino se me hacen muy fuertes, y las que llevan un almíbar de miel se me hacen demasiado dulces. 

Me gusta hacer una infusión de leche en la que el limón, la naranja, la canela y el azúcar están presentes. Me gusta dejar la leche reposar un rato largo para que se impregne de los deliciosos aromas de las frutas y de la canela. Me gusta empapar bien, pero que muy bien, cada rebanada de pan hasta que siento que al cogerlas para rebozarlas en huevo pueden llegar a romperse. Contradictoriamente, esto me da la seguridad de que mis torrijas van a quedar muy jugosas, prácticamente como que fueran una crema con sabor dulce a limón, a naranja y a canela que se deshace suavemente en la boca.

Si te has sentido delirar con solo imaginar lo que acabo de describir, quédate conmigo un rato más hasta contarte en detalle cómo son las torrijas de leche que tomamos en mi casa. Si no es así, siento no haberte embaucado en esta deliciosa sensación.

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Qué son las torrijas

Las torrijas son un dulce típico de la Cuaresma y de Semana Santa en todo el territorio español y algunos países de Sudamérica, por lo que están muy enraizadas con las costumbres católicas. 

Para elaborar torrijas necesitamos un producto tan, tan humilde como el pan, pan que se empapa en un líquido que puede ser leche o vino (a veces dulce, otras veces reducido, o mezclado con miel), que se reboza en huevo batido para posteriormente ser frita en abundante aceite. Para finalizar, se espolvorea azúcar y canela en polvo.

De dónde vienen las torrijas

Durante el período que dura la Cuaresma (desde Miércoles de Ceniza hasta el Domingo de Ramos) los feligreses refuerzan su fe a través de la meditación y de la penitencia, practicando el ayuno, que supone ingerir una comida - bien el desayuno o bien la cena -, y en la que se pueden incluir alimentos como el pan, la leche, legumbres y bacalao (de ahí que sea tan típico de esta época), entre otros, y supone abstinencia de carne.

Sin embargo, antes de que la torrija se convirtiera en un dulce típico de Semana Santa, se piensa que alrededor del siglo XV se daba a las parturientas como reconstituyente tras el parto. Hemos de tener en cuenta que la torrija se ha enriquecido con el paso del tiempo, pero la esencia: empaparlas en leche y freírlas es una técnica que se practicaba en sus orígenes de la misma manera que se sigue haciendo hoy en día. 

Aunque este delicioso postre tiene sus raíces más que ancladas en nuestra tierra, no es exclusivamente nuestro. Así, países como Francia tienen el pain perdu, Gran Bretaña las llama poor knights of Windsor, en China se conocen como tostadas francesas al estilo de Hong-Kong, en Portugal se llaman rabanadas, en Estados Unidos son conocidas como French toast y en Alemania las llaman arme ritter

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Qué momento es el idóneo para comer torrijas

Las torrijas son un postre contundente, partiendo del hecho de que su base es pan, y terminando por el punto de la fritura y las calorías que contiene, de manera que mi recomendación es ingerirlas en un momento del día en el que sepamos que vamos a llevar un ritmo tal que nos permitirá desgastarlas. 

Personalmente me encanta tomarlas para merendar acompañando un café, y también disfruto de ellas en un desayuno. ¿Pero quién le dice que no como postre de una comida? Hay que ser muy, pero que muy valiente, o que te sean insignificantes, para poder darles un no por respuesta. Eso sí, sea cual sea la opción que elijamos, mucho mejor siempre a temperatura ambiente. 

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Receta de torrijas de leche

Ingredientes (Para 12 torrijas)
  • 12 rebanadas de pan (me gusta que sea para torrijas)
  • 1 litro de leche
  • 4-5 cucharadas de azúcar blanquilla
  • 1 palo de canela
  • La piel de un limón (sin la parte blanca)
  • La piel de una naranja (sin la parte blanca)
  • 3 huevos para el rebozado
  • Para el espolvoreado de azúcar final: 4 cdas de azúcar blanquilla y 1 cda de canela en polvo
  • AOVE para freír
Utensilios
  • Una cazuela
  • Un colador pequeño para colar las pieles de frutas
  • Un escurridor de verduras para escurrir las rebanadas de pan empapadas en leche
  • Un recipiente hondo para empapar el pan
  • Una sartén para freír
Elaboración
  1. En una cazuela ponemos a calentar la leche, el azúcar, el palo de canela y las pieles de las frutas. Llevamos a ebullición, retiramos del fuego, tapamos y dejamos infusiones en torno a media hora.
  2. Transcurrido ese tiempo colamos las pieles y el palo de canela y vertemos la leche por partes en un recipiente hondo. Sumergimos las rebanadas de pan de dos en dos y nos aseguramos de que queden bien empapadas. 
  3. Batimos los huevos en un plato hondo y ponemos abundante aceite a calentar en una sartén honda a fuego fuerte (en mi vitrocerámica, en potencia 8 de 9).
  4. En un recipiente pequeño mezclamos las cuatro cucharadas de azúcar y la cucharada de canela en polvo.
  5. Rebozamos cada una de las rebanadas de pan en huevo y las freímos en el aceite hasta que comiencen a dorarse ligeramente. Las retiramos a un plato protegido con papel de cocina y tras unos minutos las retiramos a una fuente más amplia. Finalmente, las espolvoreamos con una cucharadita de la mezcla de azúcar y canela. 
  6. Por último, la poca leche que haya sobrado la vertemos en forma de hilo sobre las torrijas para que queden empapadas y aún más jugosas.



Rosquillas esponjosas de leche condensada y limón

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Rosquillas esponjosas de leche condensada y limón


La rosquilla es un dulce de masa frita u horneada, en ocasiones aromatizada con pieles y/o zumo de limón o naranja, anís o aguardiente y de textura esponjosa u hojaldrada y normalmente rebozada en azúcar. Debe su nombre a su forma enroscada. Es uno de esos dulces tradicionales españoles que hoy en día se saltan las fiestas de las que son más típicas, normalmente Semana Santa, para convertirse en un dulce presente en las despensas de los hogares españoles para disfrutar en cualquier época del año y en cualquier momento, sea desayuno, sea merienda o sea momento "porque-yo-lo-valgo".

En este blog no hay ni una, ni dos, sino ya tres (contando con ésta) recetas de rosquillas. La verdad es que nos gustan mucho, pero estas rosquillas de leche condensada y limón han desbancado desde el primer asalto a todas las anteriores y a todas las probadas hasta la fecha, pero teniendo en cuenta que ninguna de sus predecesoras merecen no estar en el puesto en el que están, eh. ¡Pobrecillas! ;)

Estas rosquillas son super esponjosas y tiernas, tienen un delicioso y sutil sabor a limón y en el paladar te queda un rico regustillo a leche condensada. ¡Hay que ver lo que se sufre cuando una tiene que recordar lo ricas que están y no puede regocijarse saboreándolas mientras escribe! ¡Cachis!

Si eres de esas personas a quienes les echa para atrás manejarse con masas, ¡echa tus miedos fuera! Es una masa ligera y suave de manejar para la que tan solo necesitamos invertir cinco minutos en su preparación. Y te aseguro que hacerlas es una tarea super sencilla. Los ingredientes de la masa amalgaman muy rápidamente, queda suave y no se resquebraja ni al trabajarla ni al freírla. 

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Otro de los quids de estos dulces fritos es que la masa quede lo suficientemente dorada sin llegar a quemarse, y bien cocida en su interior. La fritura es un factor super importante. Por ello te voy a dar algunos consejos para conseguir la rosquilla frita perfecta.
  • Aceite. En lo referente a dulces, lo recomendable es emplear un aceite suave; hay quien prefiere de semillas, tipo girasol, o sencillamente de oliva normal. Personalmente, hace mucho tiempo que el único aceite que utilizo es el de oliva virgen extra tipo arbequina, que lo empleo para prácticamente todo tipo de elaboraciones, incluso para dulces, porque su sabor no es nada fuerte. 
  • Cantidad. Siempre abundante, aunque sin que llegue a cubrirlas por completo; hasta la mitad está bien.
  • Temperatura. La temperatura del aceite no ha de ser fuerte, pues lo que ocurrirá es que la masa se dorará rápidamente, mientras que el interior quedará crudo. Para que te hagas a la idea, en mi cocina vitrocerámica la temperatura está ordenada de 0 a 9 y freí las rosquillas a temperatura 6, teniendo en cuenta que a medida que vamos friendo, la temperatura del aceite aumenta, por lo que en las últimas tandas tuve que bajar la temperatura a la potencia 5. 

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Receta de rosquillas esponjosas de leche condensada y limón

Ingredientes (25 unidades aproximadamente)
  • 1 lata de leche condensada pequeña (397 gr)
  • 4 huevos tamaño M-L
  • Ralladura de 3 limones
  • 600 gr de harina de trigo normal
  • 32 gr de impulsor químico
  • Aceite de oliva para freír
  • 3 cdas de azúcar blanquilla y 1/2 cdta de canela en polvo para rebozar
Elaboración
  1. En un recipiente hondo y amplio batimos los huevos y la leche condensada hasta blanquear.
  2. Añadimos la ralladura de los limones y mezclamos.
  3. Tamizamos la harina junto con la levadura y la añadimos poco a poco a los huevos mezclando los ingredientes con una espátula de madera. Una vez que los ingredientes se han integrado podemos usar las manos para amasar. No añadiremos más harina si la masa se nos pega en las manos, pues corremos el riesgo de que al final queden duras. Simplemente nos despojamos de la masa que se nos haya pegado, cubrimos la masa con un paño, y la dejamos reposar 10 minutos.
  4. Trabajaremos la masa hasta darle forma de bola, entre dos y tres minutos. En general es una masa agradable. La envolvemos en film transparente y la dejamos en reposo durante media hora.
  5. Transcurrido ese tiempo cogemos porciones de masa de aproximadamente 45 gramos de peso, les damos forma de bola y la estiramos formando un cilindro de unos 20 centímetros de longitud, y unimos los dos extremos para formar la rosquilla. Las reservamos a medida que las vamos formando sobre una superficie aceitada para evitar que se peguen.
  6. En un platillo hondo mezclamos el azúcar y la canela en polvo.
  7. Ponemos a calentar abundante aceite de oliva en una sartén y freímos las rosquillas en pequeñas tandas primero por un lado, y cuando estén doradas, les damos la vuelta para que terminen de hacerse por el otro lado.
  8. Retiramos las rosquillas a un plato con papel de cocina para que absorba la grasa de la fritura y acto seguido (aún calientes) las rebozamos en la mezcla de azúcar y canela en polvo.
  9. Una vez frías podemos guardarlas en un recipiente hermético. ¿Cuánto duran? ¡Gran pregunta! En mi casa duran no más de tres días. Ja ja ja.

Receta de Kanela y limón