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Parece que está de moda ser vegano. No sé qué pensarán quienes promulgan los principios que defienden el veganismo, pero si yo fuera uno de quienes levantan la bandera en su defensa, no estaría muy de acuerdo con mencionarlo como una moda de estos tiempos. Las modas son efímeras. Y defender los principios que conducen nuestras vidas pasan mucho de modas. 

En esta entrada no pretendo introduciros en el veganismo, pues ni yo misma soy vegana. Mi religión pro-jamón ibérico y pro-queso me lo prohibe, ja ja ja. Tampoco tengo intención de redactar una tesis a su favor, pues carezco de conocimientos suficientes para ello. Pero sí es cierto que poco a poco voy introduciendo en mi dieta recetas de corte vegano, y es por eso que hoy vengo a presentaros una receta que sería vegana casi al 100% si no fuera por la presencia del queso de cabra, y por lo cual, corregiremos lo dicho etiquetando esta receta como vegetariana, pues si hay algo que forma parte de la doctrina de todo vegano es que la presencia de producto animal o derivado se elimina por completo.

Estamos en otoño, una estación de la que estoy enamorada. Me encantan los colores cobrizos, rojizos y amarillos de sus paisajes, tonos que contrastan con las frías temperaturas de la época. Me encantan sus frutos, a pesar de lo efímeros que son muchos de ellos, y me gusta disfrutarlos en la mesa. Prueba de ello es que algunas de las últimas publicaciones en el blog vienen con aires de otoño, como por ejemplo el Osobuco con boletus y castañas y esta preciosidad de Calabacitas de pan. Y aún me atrevo a añadir alguna otra, como esta Tarta de calabaza que forma parte de la mesa dulce en el Día de Acción de Gracias que se celebra el cuarto jueves de noviembre en Estados Unidos, y que acaba de tener lugar.

Veo por la red recetas de boniatos asados al horno, para lo cual se necesita entre 45 minutos y una hora, dependiendo del tamaño del boniato. Asar boniatos no tiene por qué llevar tanto tiempo; de hecho, en mi casa, yo no les doy tregua a que se duerman en el horno. Os voy a contar cómo cocinar boniatos en solo 15 minutos. Y en poco más tendrás una comida o una cena lista. Sigue leyendo más abajo, donde te cuento cómo cocinar boniatos en 15 minutos.

La receta de boniatos que os presento lleva también garbanzos y espinacas en su interior. La espinaca, al ser de la variedad baby, es tan suave que apenas se percibe. Lo que es realmente importante es destacar el contraste del sabor picante que le otorga el pimentón, con el dulzor del boniato. 

¿Y tú? ¿Te gustan los boniatos? ¿Los cocinas en el horno o conocías el truco del microondas?
¿Te atreves con la receta?


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Receta de Boniatos rellenos de garbanzos y espinacas baby


Ingredientes (Para 2 boniatos)
  • 2 boniatos
  • 100 gr de espinacas baby previamente lavadas
  • 150 gr de garbanzos cocidos aclarados y escurridos
  • Media cucharadita de pimentón picante (o dulce, como prefieras)
  • Queso de cabra en rulo desmigado 
  • Unas hojas de cilantro fresco
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal
Elaboración

  1. Lavar y secar los boniatos. Cortarlos por la mitad sin llegar al fondo si lo que deseamos es rellenarlos. Disponerlos en una fuente apta para microondas. Cubrir con film transparente. Perforar el film con la punta de un cuchillo. Programar el horno microondas a 800 watios durante 15 minutos. Transcurrido ese tiempo, con cuidado despegamos el film transparente y dejamos que se atemperen los boniatos.
  2. Mientras se cocinan los boniatos ponemos una cucharada de aceite a calentar en una sartén. Picamos las hojas de espinacas y las salteamos rápidamente en la sartén. Añadimos los garbanzos y los salteamos hasta que estén ligeramente dorados (unos 3-4 minutos).
  3. Añadimos la media cucharadita de pimentón, removemos rápidamente, y por último unas hojas de cilantro fresco.
  4. Rellenamos los boniatos con la mezcla y espolvoreamos queso de cabra al gusto por encima.
  5. Servimos acompañando los boniatos con unas hojas de espinacas baby y de cilantro.
  6. Opcionalmente, podemos servir con una salsa de yogur y tahini. Para ello mezclamos un yogur griego con dos cucharadas de tahini (pasta de sésamo) y unas gotas de zumo de limón.

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Ramen. ¿Os suena este nombre? El ramen es un plato de sopa, con fideos largos, y diferentes tipos de ingredientes, originario de China. Sin embargo, fue Japón el encargado de darle fama, considerándolo hoy en día como uno de sus platos nacionales por antonomasia. 

La base del ramen es un caldo, bien de pollo o de cerdo, completado por ingredientes variados como pueden ser chashu, que equivale a nuestra panceta; menma, o brotes de bambú; negi, donde entraría el puerro o el tallo verde de la cebolleta fresca; moyashi, que no son otra cosa que brotes de judías o de soja; tamago, que es con toda seguridad el ingrediente más rápido de reconocer, pues se trata de huevos marinados en salsa de soja y con la yema a medio cocer; algas, bien nori o wakame; kamaboko, pescado que ha sido procesado y que se presenta en pequeñas y finas lonchas, y por último, maíz. 

El ramen se come con palillos, un paso inusual para nosotros, españoles u occidentales, y que puede hacer que nos sintamos un poco torpes tomándolo de esta manera. La mecánica sería la siguiente: usar los palillos para comer los ingredientes sólidos y en último lugar beber el caldo directamente del plato o bol. No habrá un japonés que te mire mal por levantar el plato y beber el caldo de él, costumbre no tan bien vista entre nosotros. Pero hay que reconocer que realmente es la manera más cómoda de tomar un ramen como Dios manda. 

Los fideos largos que yo he empleado en mi receta son los conocidos por el nombre de udon, pues son los que tenía en casa y a los que quería dar salida. Y aunque los cánones dicen que se emplea un tipo de fideo de cocción ultra rápida, los udon quedan estupendamente bien. 

Tipos de ramen hay para dar y tomar dependiendo de la región geográfica en la que se elabore, y por añadido, de los ingredientes que se empleen. Para que os hagáis una idea, es como ocurre con nuestra paella: hay una base de ingredientes, y hay tantos tipos como familias.

Personalmente os diré que el ramen me apasiona. Es un plato único, eso es más que obvio, lo cual le añade puntos para que se encuentre entre mis favoritos. Es uno de mis últimos descubrimientos gastronómicos. Lo descubrí gracias a mi hija, a quien le apasiona el mundo japonés y los diseños anime. Así que la receta de hoy, sin duda, va por ella, mi hija. 

¿Y vosotros? ¿Conocéis el ramen? ¿Lo habéis probado? 

Tanto si vuestra respuesta es afirmativa como si es negativa, os invito a descubrir este delicioso y tan apetecible en esta época Ramen al curry, que fusiona una cocina que me encanta, la hindú, con su curry; y la japonesa.

Receta de Ramen al curry



Ingredientes (Para 4 personas)

  • 2 contramuslos de pollo deshuesados y sin piel
  • Medio puerro (la parte verde)
  • 1 diente de ajo
  • 1 cm de jengibre fresco
  • 10 bolitas de pimienta negra
  • Agua
  • 200 gr de setas shiitake
  • 4 huevos tamaño "L" marinados
    • Para el marinado:
      • 12 cdas de agua
      • 3 cdas de salsa de soja
      • 1/2 cdta de azúcar
      • 1 diente de ajo laminado
      • 1 cm de jengibre pelado y laminado
  • 200 gr de pasta udon
  • 1 y 1/2 litros de caldo de ave
  • 1 cdta de curry en polvo
  • Sal
  • Aceite de sésamo
Utiles necesarios
  • Una bolsa de plástico con cierre hermético
  • Hilo de bramante
Elaboración

De los huevos marinados
  1. Llenamos un cazo con agua, echamos un chorrito de vinagre y una pizca de sal, y llevamos a ebullición. Con una espumadera, introducimos los huevos en el agua y los cocemos durante 7 minutos. Mientras tanto, preparamos el marinado incorporando todos los ingredientes en una bolsa con hierre hermético. Los refrescamos inmediatamente bajo el chorro de agua fría del grifo y a continuación los pasamos a un recipiente con agua y hielos, donde los mantendremos durante 10 minutos. Transcurrido este tiempo, golpeamos suavemente la base más ancha del huevo y lo hacemos rodar suavemente para romper la cáscara. Lo pelamos, lo introducimos en la bolsa y proseguimos con el resto. Una vez que hayamos pelado los cuatro huevos, cerramos la bolsa dándola vueltas sobre sí misma y la aseguramos con una pinza. Guardamos en la nevera durante 6 horas. 
Del pollo
  1. Formamos un cilindro con los contramuslos de pollo y los atamos con hilo para que al cocerlos queden con una forma bonita.
  2. Ponemos una cucharada de aceite de sésamo en una cazuela pequeña, agregamos el diente de ajo y el jengibre laminados y doramos ligeramente. 
  3. Añadimos los contramuslos y seguidamente los cubrimos con agua e incorporamos el puerro y los granos de pimienta. Sazonamos con sal al gusto. Llevamos a ebullición y cocemos sin tapadera durante 10 minutos. Transcurrido este tiempo, tapamos la cazuela y mantenemos inficionando otros 10 minutos más. Escurrimos y reservamos tanto el caldo como los contramuslos.
  4. En una sartén ponemos una cucharada de aceite de sésamo y doramos los contramuslos por todos sus lados. Reservamos hasta que pierdan temperatura y poder quitarles el hilo que los sella. Entonces lo cortamos en filetitos de medio centímetro de grosor.
De las setas
  1. Lavamos las setas shiitake y las secamos con un paño. Las cortamos en trozos medianos y las planchamos en la misma sartén en la que hemos dorado los contramuslos. Retiramos y reservamos.
De la pasta udon
  1. En una cazuela honda ponemos el caldo en el que habíamos cocido los contramuslos y le añadimos el agua necesaria hasta llegar al litro y medio. Añadimos una cucharada de salsa de soja, una pizca de sal, una cucharada de aceite de sésamo y llevamos a ebullición. Entonces incorporamos la pasta y la cocemos durante el tiempo que aconseje el fabricante. 
  2. Escurrimos en un colador, reservando el caldo.
Montaje
  1. En un plato ponemos una porción de pasta y la cubrimos con el caldo reservado. 
  2. Por encima colocamos en uno de los lados una parte de los contramuslos laminados, al lado las setas shiitake, el huevo cocido y cortado por la mitad y finalmente el tallo de cebolleta verde.
  3. Si fuera necesario, añadimos más caldo sin que ello perjudique la organización de los alimentos. 



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Así es. Tal cual habéis podido leer en el título de esta entrada, el Pouding Chômeur es traducido como Pudding de los pobres. Y no lo digo yo, que quien lo dicen son los propios canadienses. Quien mejor podría explicaros el sentido que tiene es un oriundo de aquel país, y más en concreto, un quebequense (gentilicio que se refiere a los nacidos en Quebec). Si tenéis la suerte de tener a uno cerca, y le preguntáis, lo que os va a decir es la maravilla que es; si está puesto en nociones de cocina, os va a animar a hacerlo por lo súper fácil que resulta en su elaboración; y si os cuenta sus orígenes, no despeguéis la oreja de su relato, y mejor aún si lo hacéis a la par que saboreáis esta delicia.

El postre en cuestión nació en los tiempos de la Gran Depresión, cuando la Bolsa de Nueva York se vino abajo en 1929. Esta fue la gran crisis económica que arrastró al que por entonces ya se había convertido en el país más importante del mundo: Estados Unidos. Aunque por aquellos tiempos Canadá era un país ya independiente, y nada tenía que ver con Estados Unidos más que compartir frontera, la Gran Depresión golpeó el país terriblemente. Millones de canadienses perdieron sus empleos, se quedaron sin hogar y se arruinaron. Su economía, basada en la exportación de materia prima procedente de sus grandes explotaciones agrícolas y ganaderas, sufrió un enorme parón.

En años de decadencia, los alimentos básicos de los que subsistir, se ven altamente reducidos, sea el país que sea. Mantequilla, huevos, azúcar y harina no solían faltar en los hogares, y estos fueron la inspiración de los quebequenses para dar nacimiento al Pouding Chômeur. Aunque originariamente, donde hoy se emplea el sirope de arce, se utilizaba azúcar moreno.

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Pero ... ¿qué es el sirope de arce?

El sirope de arce es un jarabe que se obtiene a partir de la savia del arce, uno de los árboles más abundantes en los bosques de Canadá y de Norteamérica. La savia se canaliza a través de unos tubos que se insertan en los árboles en invierno, cuando las temperaturas son extremadamente bajas, lo cual facilita su producción por el propio árbol. La savia es transportada a fábricas en las que mediante un proceso mecanizado se triplica su contenido en azúcar de forma natural al someterlo a altas temperaturas que facilitan la evaporación de agua, y por lo tanto, su concentración en azúcar. Para producir un litro de sirope se necesitan 40 litros de savia.

Canadá es el mayor productor de sirope de arce del mundo, y es este uno de los productos que más engorda su economía. En el año 2014, su producción ascendió a los casi cuatro millones de litros. Hoy en día, es el mayor tipo de edulcorante consumido en Canadá, seguido de Estados Unidos.

En cuanto a ser considerado un alimento sano, existe cierta controversia en torno a él, pues su contenido en sacaros es en el mismo porcentaje que el azúcar refinado. Sobre este último están surgiendo numerosos estudios que constatan que sus perjuicios para nuestra salud son numerosos. Sin embargo, el sirope de arce, al no ser un producto refinado como lo es el azúcar blanco, es considerado por muchos bastante más saludable.

Controversias a parte, lo que sí podemos decir es que el sirope de arce da vida a nuestro Pouding Chômeur y que sin él, no tendría el mismo sentido.

Pouding Chômeur

Este pudín, humilde y sencillo, no es más que una masa densa en crudo elaborada a base de huevos, harina, sirope de arce y mantequilla, lo cual le otorga un sabor inigualable a cualquier otro dulce del estilo.  Esa salsa a base de sirope de arce, rica y sustanciosa, hierve y burbujea durante la cocción del pudín, penetrando en la masa y haciéndolo irresistible desde la primera cucharada que te llevas a la boca. Y una recomendación: comerlo es templado lo hace inmensamente delicioso.

Tradicionalmente, este pudín se presenta en formato familiar, pero yo he decidido presentarlo en vasitos individuales, y la verdad es que estoy encantada con el resultado. ¿A vosotros qué os parece?

Para elaborarlo, me he basado en diferentes fuentes, y he hecho algún cambio que se centra básicamente en el tipo de harina. Donde tradicionalmente se emplea harina de trigo, yo decidí sustituirla por harina de castaña, y por dos razones: una, para dar salida a este tipo de harina que había comprado tiempo atrás, haciendo los honores propios a la estación en la que podemos disfrutar de las castañas; y dos, para dar el empujoncito que mi amiga Carmen, del blog Tía Alia Recetas, necesitaba para que su blog abandonara el estado de hibernación en el que lleva desde hace unos meses. Seguro que sentís mucho interés por saber qué ha cocinado Carmen con la harina de castaña. Aquí tenéis su blog. Así que ... corriendo a verlo.

Y ahora ... la receta, que por cierto, espero que os guste y os animéis a hacerla.

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Receta de Pouding Chômeur

Ingredientes (Para 6 vasitos)

Para los poudings

  • 110 gr de harina de castañas
  • 4 gr de levadura química Royal
  • 1 cdta de sal común
  • 2 huevos tamaño "L"
  • 80 ml de buttermilk
  • 80 ml de sirope de arce
  • 30 ml de aceite de oliva virgen extra del tipo Arbequina, estupendo para elaboraciones dulces
  • Azúcar glas para espolvorear
Para la salsa
  • 55 gr de mantequilla sin sal
  • 1/2 vaina de vainilla o media cucharadita de extracto de vainilla
  • 120 ml de sirope de arce
Además
  • 6 vasitos o ramequines individuales
Elaboración
  1. En un cazo ponemos a calentar a fuego suave la mantequilla con la vainilla. Removemos de vez en cuando. Tras aproximadamente cinco minutos, la mantequilla comenzará a espumar y a dorarse. Apartamos el cazo del fuego y añadimos el sirope. Mezclamos, retiramos a un vaso y reservamos.
  2. Precalentamos el horno a 175ºC.
  3. Preparamos el buttermilk mezclando la leche con una cucharadita de zumo de limón. Removemos y dejamos reposar durante cinco minutos.
  4. Tamizamos la harina con la levadura y la sal. Reservamos.
  5. En un recipiente batimos el huevo con el sirope de arce. Añadimos el aceite y mezclamos.
  6. Agregamos el buttermilk y mezclamos de nuevo.
  7. Por último, incorporamos los ingredientes secos. Mezclamos bien.
  8. Repartimos la masa en los vasitos o ramequines. Removemos el sirope que teníamos reservado y lo repartimos sobre la masa de los ramequines.
  9. Horneamos a media altura entre 15 y 20 minutos, o hasta que al pinchar el pudín, el palillo que hayamos utilizado salga seco. 
  10. Espolvoreamos un poco de azúcar glas antes de degustarlo.
Notas y consejos
  • En lugar de presentar el pudín en formato individual, puedes hacerlo en un molde grande, de aproximadamente 20x20 centímetros de tamaño. En ese caso, tendrás que incrementar el tiempo de cocción unos 10 minutos más que el tiempo que te indico en formato individual. A la hora de servir, puedes acompañar el pudín con helado de nata o vainilla, o incluso con nata montada. ¡Irresistible!


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Para elaborar un buen guiso o estofado, existen diferentes cortes de carne idóneos para este tipo de cocción. Hemos de buscar carnes que resulten tiernas y jugosas en la boca, pero que al mismo tiempo, no se deshagan en la cocción. Las denominadas carnes de aguja, la aleta y el rabillo son las idóneas. Pero si os gustan las carnes melosas, vuestra elección ha de ir en la dirección de las carrilleras, del rabo de toro y del osobuco.

El término "osobuco" es el resultado de la castellanización del italiano "ossobuco". El osobuco es un corte grueso y transversal de carne de ternera con hueso y su tuétano, que se localiza en la pata delantera y en el muslo trasero de la vaca; lo que popularmente se conoce como morcillo o jarrete. Requiere una cocción lenta, que puede acortarse en una olla a presión, y nos proporciona caldos y salsas sabrosos y con una textura gelatinosa debido al colágeno infiltrado en sus fibras que se gelifica a lo largo de la cocción. No sé a vosotros, pero a mi es una textura en la carne que me chifla.

Cómo hacer un buen estofado de carne

El proceso de cocinado de una carne estofada no puede ser más simple: Primero enharinamos las piezas, las sellamos en un poquito de aceite para que los jugos se mantengan en su interior, sofreímos las verduras que acompañarán a la carne no solo en el tiempo de la cocción, sino también en lo que posteriormente será la salsa y por último vertemos un líquido, agua, caldo o vino, y que junto con las verduras harán de la salsa un manjar exquisito en el que el pan cobra protagonismo. Y cocinamos leeeentamente. 

Es más que recomendable hacer este tipo de elaboraciones de un día para otro, pues los sabores se asientan, se potencian y ganan el doble.

La receta de hoy es de lo más otoñal. Aprovechando las setas y las castañas me he plantado con un Osobuco con boletus y castañas que está para ponerle un trono. Ja ja ja.

Ingredientes (Para 4 personas)
  • 4 ossobucos de ternera
  • 1 cebolla grande
  • 2 dientes de ajo
  • 400 gr de boletus
  • 250 gr de castañas
  • 350 ml de agua
  • 150 ml de Oporto
  • 1 cdta de extracto de carne
  • Una hoja de laurel
  • Sal 
  • Pimienta
  • Harina para freír
  • Aceite de oliva
Elaboración
  1. Cubrimos la base de una cazuela con aceite de oliva y la calentamos. 
  2. Salpimentamos la carne, laenharinamos y la sellamos en la cazuela a fuego fuerte. Laretiramos a medida que se vaya dorando.
  3. Pelamos la cebolla y la cortamos en juliana fina. Hacemos lo mismo con los dientes de ajo. 
  4. Si en la cazuela quedan restos de harina quemada, los retiramos y la limpiamos. Añadimos un par de cucharadas de aceite a la cazuela y sofreímos la cebolla a fuego suave hasta que comience a ablandarse. Añadimos los dientes de ajo y los freímos sin que lleguen a dorarse. 
  5. Limpiamos con un paño húmedo los boletus, los troceamos y los salteamos con las verduras durante unos cinco minutos.
  6. Vertemos el vino y dejamos evaporar el alcohol durante un par de minutos. 
  7.  Colocamos la carne en la cazuela, cubrimos con el agua y el extracto de carne disuelto en ella.
  8. Pelamos las castañas y las añadimos junto con la hoja de laurel. 
  9. Cocinamos la carne a fuego lento durante unas 2 horas, o en una olla a presión convencional unos 30 minutos. A lo largo de la cocción lenta, si vemos que el líquido va disminuyendo, añadimos un poco más para que no se quede seco. En el caso de la olla a presión, si quedara bastante líquido, se deja reducir a fuego medio fuerte. 


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La receta de hoy es una de tantas que una descubre curioseando por Pinterest, esa estupenda herramienta inspiracional en mi cocina y en mis fotografías. Un día, descubrí unas rosquillitas de forma rizada preciosa que me enamoraron instantáneamente. Fueron, lo que se llama, un amor a primera vista.

Los amores a primera vista pueden defraudar. Pero te mentiría si te dijera que ese fue el caso. Y solo lo haría si egoístamente no quisiera compartir contigo esta receta que aparte de sencilla, tiene a su favor que es deliciosa. 

Estos crullers, traducidos del francés como buñuelos, tienen la peculiaridad de no tener nada que ver con nuestros buñuelos, al menos en su forma, y además, de resultar ser de una masa muy agradecida al primer bocado, pues es suave, aireada y jugosa, muy similar a nuestras porras, esas que nos sirven para disfrutar de un chocolate caliente. Tentador, ¿verdad?

Os animo muy mucho (y perdón por este mal uso de la lengua) a elaborar esta receta porque os puedo asegurar que se os harán pocos los crullers de los que poder disfrutar.

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Receta de French Crullers { Buñuelos franceses }


Ingredientes (Para 10 crullers)

Para la masa
  • 110 gr de agua
  • 45 gr de mantequilla sin sal
  • 5 gr de azúcar blanquilla
  • Una pizca de sal
  • 70 gr de harina de trigo normal
  • 2 huevos tamaño "L"
Para el glaseado de miel
  • 100 gr de azúcar glas
  • 1 cda de miel
  • 2-3 cdas de leche
Además
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Papel de horno
  • Una manga pastelera
  • Boquilla estrella de 1 mm. de Wilton
  • Una rejilla
Elaboración
  1. En un cazo ponemos el agua, la mantequilla, la sal y el azúcar y lo llevamos a ebullición. Cuando rompa a hervir, añadimos la harina de golpe y retiramos el cazo del fuego. Removemos la harina, mezclándola con el resto de los ingredientes, hasta formar una bola que se despega de las paredes. Añadimos los huevos, uno a uno, sin añadir el siguiente hasta que no se haya incorporado el anterior. Metemos la masa en una manga pastelera, y reservamos.
  2. Cortamos diez papelitos de 8x8 centímetros y los pincelamos con aceite.
  3. Con la manga formamos círculos de aproximadamente 6 cm de diámetro.
  4. Ponemos unos tres dedos de aceite en una sartén honda y calentamos el aceite hasta llegar a los 190ºC. Freímos los buñuelos de forma que el papel quede por encima y lo retiramos; se despegará fácilmente. Damos la vuelta a los buñuelos a medida que se vayan dorando. Retiramos a un plato con papel de cocina para que absorba el exceso de aceite y dejamos enfriar.
  5. Una vez fríos, preparamos el glaseado de miel. En un recipiente ponemos el azúcar y templamos dos cucharadas de leche junto con la miel y las incorporamos al azúcar. Mezclamos enérgicamente hasta formar una papilla con la que pincelaremos los buñuelos una o dos veces.
Visto en Ania's Kitchen.


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La última tendencia en gastronomía oriental viene de Taiwan y a la que yo he sucumbido se llama Gua Bao. La comida callejera, también conocida por aquí por el término anglosajón street food, está muy de moda, y comparte espacio con puestos en los que abundan las hamburguesas, los perritos calientes, las patatas asadas, los bocadillos y una infinidad de creaciones culinarias con las que se intenta comprar el estómago del viandante hambriento, y antojadizo, ¿por qué no?

El Gua Bao es un panecillo tierno y esponjoso cocido al vapor que típicamente se rellena con panceta que ha sido cocinada en una mezcla de especias que la hace especialmente deliciosa y sabrosa. La carne suele ir acompañada de hojas de mostaza encurtidas, cilantro y cacahuetes con azúcar molidos. La combinación de texturas es realmente tentadora, ¿verdad? El sabor está entre dulce, especiado y ligeramente picante. Lo que es recomendable es comer los Gua Bao calentitos, o en su defecto, templados, pues en frío el pan adquiere una textura un poco gomosa, aunque totalmente comestible.

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Para elaborar los panes seguí las indicaciones de toda una maestra en materia de pan: Eva, desde su blog Bake-Street, quien me ofrecía 100% de confianza. Si no conocéis su blog, cosa que dudo, no perdáis la oportunidad de pasaros por él porque os va a enamorar. ¡La receta es infalible! La masa de los panes es muy fácil y cómoda de trabajar, os lo aseguro. He ajustado la cantidad de sus ingredientes para elaborar 9 panecillos, puesto que en casa somos tres, de manera que cada uno de nosotros tomara 3 panecillos. Eso sí, os aseguro que es una elaboración que sacia bastante, aunque no lo parezca.

Para elaborar el relleno me he inspirado de distintas recetas que he encontrado en la red aunque he sido más o menos fiel a la vista en The Meat Men.

Y con estas referencias no me queda nada más que animaros a elaborar la receta. No es nada, nada complicada, aunque requiere tiempo, eso sí. Yo me organicé de tal manera que en la mañana de un domingo cociné la panceta en poco más de una hora, y por la tarde, los panes. Los panes necesitan en total un reposo de hora y media, pero tal cual os he comentado unas líneas más arriba, la masa no da trabajo alguno y es muy cómoda de trabajar.

Estos Gua Bao de panceta adobada con salsa hoisin, pepino, cilantro, zanahoria encurtida y cacahuetes os pueden hacer las delicias de una cena y es más ... encandilar vuestro corazón, y por descontado, vuestro paladar.

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Cómo hacer Gua Bao con panceta especiada



Ingredientes


Para la panceta adobada

  • 500g de panceta cortada en lonchas de 1 centímetro de grosor y cada loncha cortada en trozos de 2 centímetros de ancho
  • 4 cdas de aceite de sésamo
  • 100g de cebolla cortada en juliana
  • 6 dientes de ajo pelados y ligeramente aplastados
  • 40g de jengibre pelado y laminado
  • 1 palo de canela
  • 2 estrellas de anís
  • 5 clavos de olor
  • 1 cda de Cinco especias chinas (las podéis encontrar en Hipercor)
  • 1/2 cda de comino en polvo
  • 1/2 cdta de sal
  • 1/4 cdta de pimienta blanca molida
  • 30g de azúcar moreno
  • 4 cdas de salsa de soja
  • 500 ml de agua
Para rellenar los panecillos
  • Hojas de cilantro fresco
  • Lonchas finas de pepino
  • Salsa Hoisin (La podéis encontrar en El Club del Gourmet de El Corte Inglés)
  • Zanahoria encurtida
    • 2 zanahorias medianas
    • 200g de agua caliente
    • 90g de vinagre de vino blanco
    • 6 cdas de azúcar granulado
    • Una pizca de sal
  • Cacahuetes a la miel con sal
Para 9 Gua Bao
  • 280g de harina de trigo normal
  • 112g de leche entera
  • 56g de agua
  • 16g de azúcar granulado
  • 2'25g de levadura de panadero deshidratada
  • 2'25g de sal de mesa
  • 7g de aceite de oliva suave
Además
  • 9 cuadraditos de papel vegetal de 8x8 centímetros de tamaño
  • Rodillo para estirar los panes

Elaboración

De la panceta adobada
  1. En una cazuela ponemos las cuatro cucharadas de aceite a calentar y sofreímos la cebolla, los dientes de ajo y el jengibre durante unos diez minutos a fuego suave.
  2. Incorporamos la panceta y la doramos.
  3. Incorporamos todas las especias - el palo de canela, las estrellas de anís, los clavos de olor, las especias chinas, el comino, la sal, la pimienta, y el azúcar y removemos.
  4. Terminamos por incorporar el agua y la salsa de soja. Llevamos a ebullición, tapamos la cazuela y cocinamos a fuego medio-bajo durante una hora, removiendo y vigilando de vez en cuando. Transcurrido ese tiempo, retiramos la panceta de la cazuela y la reservamos.
De la zanahoria encurtida
  1. Con la ayuda de un pelador, pelamos las zanahorias y sacamos tiras finas.
  2. En un recipiente ponemos el agua con el azúcar y removemos hasta disolverlo. Incorporamos el vinagre y la sal, removemos nuevamente y por último incorporamos la zanahoria en tiras. Tapamos con film transparente y reservamos en la nevera. Antes de servir, la escurrimos.
De los Gua Bao
  1. En un recipiente ponemos la harina, la leche, el azúcar, la levadura, la sal y vamos añadiendo poco a poco el agua mientras amasamos. Puede que no tengamos que emplear todo el agua por completo, dependerá de la harina. Amasamos hasta que la masa quede lisa.
  2. Añadimos el aceite y volvemos a amasar hasta que la masa lo absorba por completo. Le damos forma de bola.
  3. Engrasamos la base y las paredes de un recipiente, colocamos la masa en su interior, la pincelamos con un poquito de aceite y la tapamos con un gorro de ducha. La dejamos reposar o doblar su volumen durante una hora.
  4. Espolvoreamos ligeramente la superficie de trabajo con harina, colocamos la masa encima y la desgasificamos. Cortamos nueve porciones de 50 gramos cada una. Formamos bolas con cada porción y las dejamos reposar sobre una bandeja, tapadas, durante diez minutos.
  5. Transcurrido este tiempo, estiramos cada pieza dándole forma de lengua y un grosor entre 3 y 4 milímetros. Pincelamos la cara a la vista con un pelín de aceite y colocamos un cuadradito de papel vegetal de 8x8 centímetros en la mitad al doblarla, esto evitará que una cara se pegue a la otra mientras se cocina. Repetimos el proceso con el resto de los panes. Las dejamos reposar en una fuente, tapadas, durante 15 minutos más.
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Cocción al vapor
  • Con Thermomix 31
    • Llenamos el vaso con 750 gramos de agua, programamos 10 minutos, temperatura varoma para calentar el agua.
    • Mientras tanto, preparamos la bandeja varoma y colocamos en la zona de la rejilla un óvalo que la cubra.
    • Una vez que el agua está caliente, cocinamos los panes en tandas de tres, cubiertos con la tapadera del varoma y durante 10 minutos, temperatura varoma. Proseguimos con el resto de los panes de igual manera.
  • Método tradicional
    • Ponemos a calentar agua en una cazuela con una rejilla apta para cocer al vapor en su interior. Cuando el agua rompa a hervir, introducimos los panes y los cocemos durante 10 minutos. 
Montaje
  • Para montar los panes, untamos un poco de salsa Hoisin en el interior de cada pan, ponemos unas lonchas de pepino cortado finamente, unos trozos de panceta, las hojas de cilantro, unas láminas de zanahoria encurtida y unos cacahuetes machacados.
  • ¡A disfrutar!





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No soy muy de Halloween. Pero si la excusa es una cena con amigos, como viene siendo habitual en los últimos años, no le pongo peros porque lo que cuenta es el momento de reunión y disfrute con esos amigos. ¡Lo que cambian las cosas! Porque hasta hace bien poco yo era totalmente reacia a celebrarlo. Como mujer de mundo que soy, y más aún teniendo la relevancia cultural que tiene en el mundo anglosajón y mi vinculo profesional con él, no me cierro en banda, pues pienso que nuestra cultura y la anglosajona pueden convivir perfectamente en este sentido y nos enriquecemos mutuamente. Pero me entristece ver que los niños solo oyen hablar festiva y alegremente de Halloween cuando muchos desconocen que en estas fechas lo que es muy nuestro es "visitar" a los familiares que ya no están físicamente con nosotros e ir a los cementerios. Si te apetece saber sobre los orígenes históricos de Halloween, algo de lo que les hablo a mis alumnos llegadas estas fechas, pásate por este enlace, y de paso, deleitate con unas Arañas de Oreo para la ocasión. 

Pero dejemos a un lado los sentimentalismos y los formalismos y vayámonos al lado de lo caprichoso, pues fue ese el instinto que se me despertó cuando vi estas preciosidades en forma de calabacitas. ¿A que son una monada? Pues aparte de ser bonitas y lucidas son muy jugosas y están riquísimas.

La masa de estas calabacitas resulta muy cómoda y limpia de manejar. Tras mezclar los ingredientes, bien a mano, o si te es posible, con un robot de cocina, dejas reposar la masa hasta que doble su volumen, y se convierte en una masa super manejable, suave y blandita.

Estas Calabacitas de pan tienen la textura de un brioche, aunque más esponjoso y tierno. Para poner a prueba su durabilidad, escondí uno de ellos, y en el tercer día (y último de mi prueba) agradecen algún ingrediente de acompañamiento que le otorgue sabor.

La receta original no utilizaba azúcar perlado en la decoración, sin embargo, como la cantidad de azúcar que se emplea para la masa es muy poquita, en mi opinión le viene muy bien ese aporte extra del azúcar perlado.

Para el desayuno o la merienda, para mayores o pequeños, halloweenianos o no halloweenianos, ¡qué más da! Cuando algo está bueno hay que dejar dogmas aparte, ¿no creéis?

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Receta de Calabacitas de pan para Halloween { Pumpkin bread rolls }

Ingredientes (7-8 unidades)
  • 125 gr de leche templada
  • 25 gr de azúcar granulado
  • 22 gr de mantequilla sin sal derretida
  • 60 gr de puré de calabaza
  • 1 huevo
  • 5 gr (2 cdtas) de levadura deshidratada instantánea, o 3 cdtas de levadura deshidratada normal, o 15 gr de levadura prensada de panadero
  • 240 gr de harina de trigo de fuerza
  • 1/2 cdta de sal
  • Azúcar perlado
  • Palitos salados tipo Pretzel (para los tallos de las calabazas)
Elaboración

  1. Con tiempo de antelación cocemos la calabaza para que escurra y se enfríe.Ponemos a calentar un cazo con agua y la calabaza pelada y troceada. Llevamos a ebullición, y cocemos la calabaza unos 20 minutos o hasta que esté totalmente tierna. Escurrimos y dejamos reposar hasta que haya perdido todo el líquido de la cocción.
  2. En un recipiente cascamos el huevo, lo batimos y lo pesamos. Lo dividimos en dos. La mitad irá a la masa, con el resto de los ingredientes, y emplearemos la otra mitad para barnizar las calabacitas antes de hornearlas.
  3. En el vaso de un robot de cocina ponemos la leche, el azúcar, la sal, la mantequilla, el puré de calabaza, la mitad del huevo y la levadura. Mezclamos durante 1 minuto.
  4. Añadimos la harina poco a poco, y mezclamos hasta que los ingredientes se hayan incorporado y que la masa comience a separarse de las paredes, aproximadamente 5 minutos.
  5. Engrasamos un recipiente en el que reposará la masa, introducimos la masa, engrasamos ligeramente su superficie, y tapamos con un gorro de ducha. Reservamos en un lugar alejado de corrientes durante una hora o hasta que doble su volumen. Yo la guardo en el horno microondas.
  6. Transcurrido ese tiempo, sacamos la masa del recipiente, la desgasificamos suavemente y la cortamos en 7 u 8 porciones. Boleamos cada porción, hacemos ocho cortes en cada bola, sin llegar al medio y las vamos reservando sobre una bandeja de horno forrada con papel vegetal. Tapamos las bolas y dejamos reposar durante una hora más.
  7. Precalentamos el horno a 180ºC, con calor superior e inferior. 
  8. En el centro de cada calabacita clavamos un palito salado, las pincelamos con la mitad de huevo reservado y espolvoreamos unos gránulos de azúcar perlado. 
  9. Introducimos la bandeja en el horno y cocinamos entre 15 y 20 minutos o hasta que los panecillos comienzan a dorarse muy suavemente.
  10. Retiramos a una rejilla para que terminen de enfriarse.

Visto en Handle the heat.