Bundt cake de limón y semillas de amapola

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Bundt cake de limón y semillas de amapola

Sabiendo que hoy, 15 de noviembre, es el Día Internacional del Bundt Cake, ¿cómo no iba a aparecer yo por aquí con una de mis últimas creaciones con estos preciados moldes?

Podría calificar este bundt cake de limón con semillas de amapola como un triple limón en toda regla. Lleva limón en su interior, y por añadido lleva una exuberante inyección de sirope de limón que lo hace increíblemente jugoso y pecaminosamente alimonado, y por si fuera poco, lo corona un glaseado de limón que se desliza despacio y suculentamente por cada uno de los pliegues de este bizcocho. El resultado final: un bizcocho super húmedo, jugoso y tierno.

Sí, amigo. He venido aquí para tentarte con esta maravilla. Y tú te dejarás tentar y caerás en las redes de esta delicia de bizcocho si solo, tan solo, eres un fan empedernido del limón. Y es que me es imposible sacarle un defecto a este bellezón. Es perfecto. O bueno, tal vez debería decir que es extremadamente adictivo. Pero lo digo con la boca bien chica, eh, para que veas que hasta lo más perfecto tiene pequeñísimos defectillos que para mi son totalmente insignificantes, ja ja ja.

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Bajo mi punto de vista, el limón en la cocina es un ingrediente totalmente imprescindible. Una mera raspadura de su piel engrandece cualquier plato en el que el limón tenga un toque aconsejable. Soy de las personas que antes de exprimir un limón raspo o corto su piel y la congelo para mis elaboraciones. ¡Cuántas veces necesitas solo la ralladura de esta fruta y el limón acaba siendo un triste ente en el cajón de las verduras de tu frigorífico! 

¿Y para qué uso la piel del limón? Ejemplos: para marinar pollo, para espolvorear sobre el pescado, para hacer una bebida refrescante con jengibre o para aromatizar un té, para aromatizar la pasta, para hacer salsa de yogur o también salsa tzatziki, para hacer pasteles de Belém o para saltear unos guisantes frescos. Y se me ocurrirían muchas más ideas, tantas como apetencias tengas. ¿Y tú con qué lo utilizas?

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Receta de bundt cake de limón y semillas de amapola

Ingredientes (Para un molde bundt cake de 9 tazas)

Para el bundt cake
  • 3 huevos tamaño "M"
  • 300 gr de azúcar blanquilla
  • 3 limones (75 gr de zumo - reservar el resto - y ralladura de los 3 limones)
  • 180 gr de buttermilk (leche + zumo de limón)
  • 150 gr de AOVE tipo Arbequina
  • 285 gr de harina de trigo normal
  • 3 gr de sal común
  • 2 gr de bicarbonato
  • 2 gr de impulsor químico
  • 25 gr de semillas de amapola
Para el sirope
  • Zumo de 1 y 1/2
  • 75 gr de azúcar blanquilla
Para el glaseado de limón
  • 100 gr de azúcar glas
  • 3 cdas de zumo de limón
Utensilios
Elaboración
  1. Precalentamos el horno a 180ºC, con calor superior e inferior.
  2. Rallar la piel de los limones y exprimir su jugo. Reservar.
  3. Hacer el buttermilk: pesar la leche y añadir una cucharada de zumo de limón. Remover y dejar en reposo hasta su uso.
  4. En el vaso de un robot de cocina batimos los huevos junto con el azúcar hasta blanquearlos (aproximadamente 5 minutos).
  5. Agregamos la ralladura de limón y los 75 gramos de zumo. Mezclamos.
  6. Tamizamos la harina con el bicarbonato, el impulsor y la sal y la añadimos en tres veces a los huevos batidos y alternando con el buttermilk y el aceite, que añadiremos en dos veces. Tras cada adición, mezclamos los ingredientes durante unos diez segundos. En la tercera adición de harina incorporamos también las semillas de amapola.
  7. Engrasamos el molde con un spray antiadherente y vertemos la masa haciéndolo solo por uno de los lados y permitiendo que la masa se extienda y se reparta sola. Apoyamos el molde sobre un paño de cocina de algodón y lo golpeamos suavemente para ayudar a que la masa se reparta bien y no se formen burbujas de aire.
  8. Incorporamos el molde en el horno a altura inferior-media durante 40 minutos aproximadamente o hasta que al pinchar en su interior con una aguja de punto o un palillo, este salga limpio.
  9. Mientras tanto vamos a preparar el sirope de limón: ponemos el azúcar y el zumo de limón en una cazuela pequeña al fuego hasta que el azúcar se haya disuelto.
  10. Dejamos reposar el bizcocho sobre una rejilla durante 10-15 minutos. Transcurrido este tiempo,  nuevamente apoyamos el molde sobre un paño de cocina, le damos unos golpes secos y suaves contra la mesa, ponemos la rejilla encima y volteamos el molde para que el bizcocho se desprenda.
  11. Para preparar el sirope de limón: ponemos el azúcar y el zumo de limón en una cazuela pequeña al fuego hasta que el azúcar se haya disuelto. Ponemos un plato grande debajo de la rejilla en la que se está enfriando el bizcocho y a continuación vertemos  el sirope a cucharadas por todo el bizcocho para que se impregne muy bien del sirope.
  12. Por último, vamos a preparar el glaseado de limón mezclando el azúcar glas y el zumo de limón con un tenedor. Una vez que el bizcocho esté totalmente frío, repartimos el glaseado por encima.
Receta vista en Sally's baking addiction.




Tarta de queso del restaurante La Viña: la mejor tarta de queso del mundo

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Tarta de queso La Viña

Una de las tartas de queso que más olas de admiración ha levantado en los últimos tiempos es la Tarta de queso de La Viña, sobrenombre que recibe del restaurante donostiarra La Viña y que tanto la ha popularizado. Créeme cuando te digo que todos los elogios que ha recibido no le han llovido en vano, pues allá donde va esta tarta hace amigos en cantidades ingentes, y no veas cómo se va engrosando la lista de admiradores.

Yo la descubrí hace un par de años a través de MJ. Caí rendida a sus pies ipso facto en cuanto vi lo fácil que era prepararla, lo cual valoré sin pestañear, aunque sin pensar que con ello iba a crear una adición terrible. Fue cuestión de saborear la primera cucharada para darme cuenta de que compartir aquella delicia iba a ser un duro sacrificio personal, ja ja ja. 

Ahí donde la ves, la facilidad en su preparación no solo está en la técnica de elaboración, pues es cuestión de batir los ingredientes y listo, sino también en que no lleva base de galleta, pues la crema se vierte directamente en el molde que irá al horno y forrado con papel de hornear, cuanto más arrugado, mejor, pues le dará un toque más rústico que nos hace sentirla más casera si cabe.

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Este pasado verano de 2018 tuve la gran suerte de poder comer en el restaurante que dio luz a esta tarta. Bueno, entre tú y yo, con la excusa de iniciar un viaje a Francia, planeé una paradita en la bella San Sebastián, y ya de paso, una comilona en susodicho restaurante. Nada nos defraudó de él, desde el servicio del personal: super amable y cercano, hasta la comida en sí: buenísima, tanto en calidad como en presentación. ¡No cabe en la cabeza una visita gastronómica al País Vasco de otra manera!

Llegado el momento del postre no había lugar a dudas: teníamos que probar la archiconocida tarta de queso, y creedme: no nos defraudó lo más mínimo. Su sabor es exactamente el mismo que el de la tarta que yo llevaba haciendo desde tiempo atrás y que hoy os presento aquí. Pero hay algo que aprendí: y es que el corazón de la tarta es ligeramente más líquido que el resto, tanto, que es como tomar una papilla de cereales para bebés super cremosa. También es verdad que la comimos sin que llegara a pasar por la nevera, un paso que sin duda alguna le ayudará a coger más cuerpo y densidad. A mi me resulta rica de una manera o de la otra.

La receta de tarta de queso La Viña que te dejo bajo estas líneas está pensada para un molde de 18 centímetros de diámetro, y para seis buenos comensales. Es una tarta contundente, pero aún a sabiendas de ello, te será imposible rechazar una invitación a un trocito de esta delicia de tarta.  


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Tarta de queso La Viña

Ingredientes (Para 6 personas)
  • 4 huevos tamaño "M" o 3 de tamaño "L"
  • 500 gr de queso tipo Philadelphia
  • 250 gr de nata líquida
  • 150 gr de azúcar blanquilla
  • 15 gr de harina de trigo
Utensilios
  • Molde redondo de base desmontable de 18 cm de diámetro
  • Papel de horno
Elaboración
  1. Precalienta el horno a 200ºC.
  2. Prepara el molde forrándolo con el papel de horno. Para que este se adapte fácilmente al molde, humedécelo con un poquito de agua, estrújalo y extiéndelo en el molde, ajustándolo bien a la base y a las paredes, e intentando que parte del papel sobresalga sobre las paredes del molde.
  3. En el vaso de un robot de cocina pon todos los ingredientes juntos y bate la mezcla a una velocidad baja hasta que se hayan integrado y no queden grumos.
  4. Vierte la mezcla en el molde y alisa la superficie con una espátula de silicona.
  5. Introduce la tarta en el horno a media altura, y hornéala durante 35 minutos. Una vez transcurrido este tiempo, deja la tarta dentro del horno y no la retires hasta que no se haya enfriado el horno por completo.
  6. Guarda la tarta en la nevera, preferiblemente toda una noche.
  7. A la hora de consumirla puedes hacerlo tal cual está, aunque mi recomendación es que extiendas una capa de mermelada de tu gusto aligerada con una cucharadita de agua. Yo empleé mermelada de frambuesa porque a mi gusto le va genial ese toque ligeramente ácido de esta fruta con el dulzor de la tarta.
Notas y consejos
  • Por experiencia propia, no es conveniente batir en exceso los ingredientes ya que se forman burbujas de aire que harán que la tarta suba durante su cocción, para posteriormente bajar y muy posiblemente resquebrajarse, nada que no pueda arreglar una buena capa de mermelada, la verdad. Pero si tu intención es no ponérsela, es recomendable seguir este consejo al dedillo.
  • Para conseguir un centro más fluído y no tan denso como el de las fotografías que ves, prueba a hornear la tarta entre 25 y 30 minutos en lugar de los 35 de esta receta.
  • La tarta crece durante el horneado. Aunque a mi no se me ha dado el caso, pudiera derramarse. Para evitar que la crema caiga en la base del horno, protégela con papel de aluminio. 
  • Una vez fría puedes cubrir la tarta con mermelada a tu gusto, aunque te aseguro que no necesita nada más realzarla. Esta tarta se vale ella solita para demostrar lo buena que está.
Otras fuentes aquí


Albóndigas especiadas con cuscús y pan de yogur

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Albóndigas espaciadas con cuscús y pan de yogur

No es la primera vez que he comentado lo que gustan las albóndigas en casa. Y sin ánimo de ser pesada, mucho me temo que no esta de hoy no va a ser la última. Pero es que siento que no me equivoco en pensar que es una de las elaboraciones que más gustan en nuestros hogares. 

Encuentro que son tan versátiles, que se pueden elaborar con tantísimos ingredientes. Y una elaboración que da tanto juego no se puede desestimar cuando además cuenta con la aprobación de nuestros comensales. 

La receta de albóndigas de hoy viene aromatizada con especias árabes, la consabida mezcla de especias ras-el-hanout, una combinación de sabores que parten del clavo, del cardamomo, pimienta, hinojo, nuez moscada, cilantro, canela, cúrcuma, comino ... Un viaje sensorial para nuestras papilas gustativas. 

He acompañado las albóndigas con yogur natural, el ingrediente perfecto para suavizar y calmar el sabor picante de la harissa que aromatiza el cuscús, unos granos de granada, que le da un toque dulce que contrasta a la perfección con el picante, y para rebañar bien los jugos y el cuscús, un pan plano de yogur de Jamie Oliver y que solo necesita cero coma segundos para hacerlo, y además, queda super tierno. ¡Irresistible! Todo en su conjunto tiene un resultado es-pec-ta-cu-lar.

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Receta de albóndigas especiadas con cuscús y pan de yogur

Ingredientes (4 personas)

Para las albóndigas
  • 150 gr de cebolla
  • 500 gr de carne picada de ternera
  • 2 cdas de ras-el-hanout
  • 1 cdta de sal común
  • 1/2 cdta de pimienta blanca en polvo
Para el yogur de menta
  • 150 gr de yogur natural o griego sin azucarar
  • Un puñado de hojas de menta lavadas y picadas finamente 
  • Sal
  • Pimienta recién molida
Para el cuscús
  • 250 gr de cuscús
  • 250 ml de agua o caldo de pollo
  • 1 cda de harissa
  • Una pizca de sal
Para el pan de yogur
  • 6 cucharadas de harina de trigo normal
  • 6 cucharadas de yogur natural
  • 1/2 cdta de impulsor químico
Otros ingredientes
  • Unos granos de granada
  • Almendra laminada (se me olvidó para la foto)
  • Unas hojas de menta para decorar
  • AOVE
Elaboración
  1. Pelamos y cortamos la cebolla en brunoise fina y la sofreímos con un par de cucharadas de aceite en una sartén a fuego bajo hasta que se haya ablandado. Para acelerar el proceso, es conveniente sazonarla con sal y taparla. Removemos de vez en cuando. Una vez que ya está transparente, la retiramos del fuego y la reservamos hasta que pierda temperatura.
  2. Mezclamos todos los ingredientes para hacer las albóndigas y le añadimos la cebolla mochada. Tapamos con film transparente y reservamos en la nevera durante una hora.
  3. En un recipiente amplio mezclamos los ingredientes para hacer el pan con una cuchara de madera. Si notamos que la masa se nos pega en las manos, nos las engrasamos un poquito y la amasamos un par de minutos. Engrasamos también el recipiente y ponemos la masa en él, tapándola con un gorro de ducha de plástico y dejándola reposar media hora aproximadamente. 
  4. Cortamos una granada por la mitad y la golpeamos con el canto de una cuchara para que caigan los granos. Reservamos en la nevera.
  5. Ponemos a hervir el agua o caldo para el cuscús. Disolvermos en el caldo la harissa, sazonamos  al gusto, vertemos el líquido sobre el cuscús y mezclamos todo bien. Tapamos y dejamos reposar 10 minutos. Transcurrido el tiempo, vertemos un hilo de aceite y raspamos con un tenedor para separar los granos de cuscús. Reservamos.
  6. Mezclamos los ingredientes del yogur y lo reservamos en la nevera.
  7. Transcurrido el tiempo de reposo de la carne, formamos entre 20 y 22 bolitas de tamaño de una nuez y las freímos en dos cucharadas de aceite de oliva en una sartén. Las damos la vuelta con frecuencia para asegurarnos de que se doran por todos lados y no quedan crudas en su interior.
  8. Vamos a formar el pan: volcamos la masa sobre una superficie ligeramente enharinada, la amasamos un par de minutos, formamos un cilindro y lo cortamos en cuatro porciones. Estiramos cada porción hasta darle forma alargada. Si se nos pega en la superficie de trabajo, espolvoreamos un poco de harina sobre ella. Ponemos a calentar una sartén (o plancha) y doramos los panes de uno en uno o de dos en dos. Les damos la vuelta cuando comienzan a inflarse y dorarse. Retiramos a un plato y los reservamos.
Montaje
  • Servimos una porción de cuscús y las albóndigas sobre este. Ponemos un par de cucharadas del yogur a la menta en un lado, espolvoreamos unos granos de granada, unas almendras laminadas y a disfrutar en la mesa.




Pan de muerto { Para el Día de Muertos }

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Pan de muerto


Según el calendario católico, el día 1 de noviembre es un día dedicado a Todos los Santos y es considerado una fiesta nacional. Para nosotros, españoles, hablar de la muerte, es un acto serio y doloroso, pues supone recordar a los seres queridos que ya no están con nosotros. Sin embargo, en países como Méjico, de donde procede el pan de muerto, receta protagonista de hoy, hablar de la muerte se tiñe de colores de celebración. Las familias mejicanas sienten que la llegada de la muerte ilumina la vida. Las catrinas y los catrines llegan desde el más allá, cubiertos de flores y de colores, y el pueblo se ríe y se divierte y se burla de la muerte para ponerle color y felicidad a la vida. En los cementerios, las familias acompañan a los difuntos con mariachis y cena.

El pan de muerto es precisamente una de las ofrendas de las familias mejicanas a sus queridos y desaparecidos difuntos. Existe una variedad infinita de pan de muerto a lo ancho y largo de Méjico. Tradicionalmente, el pan de muerto es de forma redonda, simbolizando el ciclo de la vida; representa el cuerpo del difunto, con sus huesitos (o canillas), que cuelgan y "abrazan" el pan, junto con el cráneo, la bolita que lo corona. La esencia de azahar, que no ha de faltar, es el aroma dulce que recuerda a los fallecidos. También hay versiones con formas de animales o de flores, y pueden ir cubiertos de azúcar, ajonjolí o simplemente con mantequilla, quedando un pan muy brillante. La creatividad culinaria ha llegado a crear versiones que se rellenan de chocolate, nata, calabaza, manzana y frutas secas. 


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Sin embargo, el pan de muerto no siempre fue un pan tan rico. Sus orígenes lo califican como un pan ácimo, a base de harina de maíz, hasta que la llegada de los colonizadores españoles introdujo cambios, como por ejemplo el sustituir la harina de maíz por la de trigo. Las labores evangelizadoras de los colonos fue eliminando poco a poco los ritos indígenas y prohibiendo al pueblo la práctica de los mismos.

Pero a pesar de los cambios que ha sufrido, el pan de muerto sigue siendo una seña de identidad del pueblo mejicano.

Hay un dicho que dice: "Llévate mi alma, quítame la vida, pero de mi pan de muerto, ni una mordida".

Este pan de muerto es una absoluta delicia. Es un pan muy aromático; enseguida se perciben los sabores y aromas del agua de azahar y de la ralladura de naranja y nos recuerda a nuestro roscón de Reyes. Es una masa enriquecida tipo brioche, pero en mi opinión, el pan de muerto le gana. Sabéis que este tipo de masas está delicioso en el mismo día de hacerlo, pero sin embargo, al día siguiente ha perdido elasticidad y jugosidad. Pues bien, el pan de muerto dura más tiempo conservando su jugosidad. ¡Nos ha encantado! 

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Receta de pan de muerto { Para el Día de Muertos }


Ingredientes (Para 2 panes de muerto)

Para el preferente
  • 70 gr de harina de trigo de fuerza
  • 90 gr de leche
  • 20 gr de azúcar
  • 2 huevos tamaño "M"
  • 1 cdta de agua de azahar
  • 20 gr de levadura fresca o 7 gr de levadura seca
Para la masa
  • Preferente
  • 330 gr de harina de trigo de fuerza
  • 80 gr de azúcar
  • 1 yema de huevo
  • 5 gr de sal de mesa
  • 95 gr de mantequilla en textura pomada
  • Ralladura de 1 naranja
Otros ingredientes
  • 100 mililitros de agua hirviendo
  • 30 gr de mantequilla derretida
  • Azúcar blanquilla
Elaboración

Del preferente
  1. Calentamos la leche. Es conveniente añadir un poco más de la cantidad que necesitamos, pues al cocer, evapora. Llevamos a ebullición y la cocemos durante un minuto. La retiramos del fuego y la reservamos hasta que su temperatura haya descendido a 40ºC.
  2. Añadimos la levadura a la leche, junto con el azúcar, y removemos bien. Incorporamos los dos huevos y batimos. Añadimos el agua de azahar, removemos y por último agregamos la harina. Removemos muy bien hasta que no se vean grumos. Dejamos reposar a temperatura ambiente hasta que triplique su volumen y entonces lo removemos para desgasificarlo. Repetimos este mismo proceso dos veces más. 
De la masa
  1. Rallamos la piel de la naranja. Reservamos.
  2. En un recipiente amplio ponemos el prefermento, la ralladura, el azúcar, la yema de huevo y lo mezclamos.
  3. Tamizamos la harina y la sal y la añadimos a la mezcla anterior. Removemos, tapamos y dejamos reposar veinte minutos. La masa queda con una textura un poco seca y algo díficil de manipular, pero no añadas ningún otro ingrediente, pues ya verás que su textura cambia.
  4. Transcurrido el tiempo, volcamos sobre una superficie limpia y amasamos hasta conseguir una masa suave y elástica (aproximadamente 10 minutos o hasta que no se pegue a la mesa). La masa se pega muy ligeramente en las manos, pero se puede manipular muy bien.También puedes hacerlo en una amasadora o robot de cocina. 
  5. Añadimos la mitad de la mantequilla a la masa y la incorporamos. El efecto de la grasa hace que en principio la masa se abra y se rompa, pero a medida que la mantequilla se vaya incorporando en la masa, verás cómo se integra y la masa va adquiriendo suavidad y elasticidad.
  6. Añadimos la otra mitad de la mantequilla a la masa, amasamos. Engrasamos el recipiente en el que reposará la masa y esperamos a que doble su volumen (aproximadamente 1 hora y media).
Formado
  1. Volcamos la masa nuevamente en la mesa y la amasamos durante un minuto para deshincharla.
  2. Separamos 95 gramos de masa para hacer los huesitos y el cráneo, y dividimos el resto de la masa en dos mitades de similar peso. Formamos dos bolas con ellas y las ponemos en una bandeja de horno forrada con papel vegetal.
  3. Añadimos 5 gramos de harina a la masa para los huesitos, la integramos. Esto hará que los huesos queden más firmes. Dividimos la masa en cuatro porciones de 20 gramos y dos de 10 gramos. Formamos bolitas. Con las bolitas más grandes formaremos los huesos. Primero damos forma de cilindro a la masa, después hacemos rodar el cilindro hacia adelante y hacia atrás marcando con el dedo índice en el centro del cilindro, y después hacemos lo mismo a ambos lados de la marca. También puedes darle forma haciendo rodar el cilindro con los cuatro dedos de tu mano marcando bien la forma.
  4. Pincelamos los panes con agua y colocamos los huesos cruzando uno sobre otro; hacemos un hueco en medio de ambos y ponemos la bolita, asentándola bien.
  5. Pincelamos dos trozos de film transparente con una gota de aceite y cubrimos los panes procurando ahuecar el film para que no quede pegado a ellos. Dejamos reposar hasta que duplique su tamaño.
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Horneado
  1. 20 minutos antes de que termine el levado encendemos el horno a 175ºC con calor inferior. En el fondo del horno colocamos un recipiente para verter posteriormente agua y crear vapor.
  2. Introducimos los panes en el horno, echamos 100 mililitros de agua hirviendo en el recipiente. Pasados 5 minutos de horneado, ponemos calor también por arriba, y horneamos entre 20 y 25 minutos, o hasta que veamos que los panes comienzan a dorarse 
  3. Sacamos los panes a una rejilla y dejamos enfriar. Una vez fríos, barnizamos con un poco de mantequilla derretida y espolvoreamos azúcar granulada por encima
Notas y consejos
  • En la elaboración de mi receta, dejé levar el prefermento dos veces a temperatura ambiente y una en la nevera toda una noche. Al día siguiente lo saqué pronto para que se fuera atemperando y poder trabajar con él y el resto de los ingredientes a la misma temperatura.
  • Como toda receta de pan, el proceso es largo por las esperas de los levados de la masa, pero sin embargo la masa es muy agradable y fácil de trabajar. Así que te animo muy encarecidamente a que no dejes pasar la ocasión y lo hagas. ¡No te arrepentirás!



Cuscús con brócoli y queso halloumi

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Cuscús con brócoli y halloumi

Si formáis parte de mi grupete de seguidores desde hace un tiempo, no os sonará nuevo uno de los tres ingredientes que conforman la receta de hoy: cuscús con brócoli y queso halloumi. Los tres, tanto individualmente como en el conjunto de esta receta, me encantan, pero muy especialmente el queso halloumi.

El halloumi es un queso chipriota semi-blando, aunque de textura firme, y de sabor ligeramente entre salado y agrio, elaborado tradicionalmente con leche de cabra y de oveja, aunque de un tiempo a esta parte también se elabora con leche de vaca. 

Una de las principales características de este queso es que se puede hacer a la plancha o en una parrilla sin correr el riesgo de que se deshaga, adquiriendo un tono tostado. El efecto del calor sobre él hace que se ablande y que pierda ligeramente el sabor propio que le da la conserva en salazón. Esto se debe a que el suero con el que se elabora es cocinado previamente. Tradicionalmente se ha conservado envuelto el hojas de menta, lo cual le transfiere su propio sabor característico.

Cocinar halloumi es muy sencillo, pues su manipulación lo es igualmente. Puedes cortarlo en lonchas, en dados o en forma de bastones, y tal cual te comento unas líneas más arriba, cocinarlo a la plancha o incluso empanarlo. ¡Es delicioso!

En esta ocasión he decidido plancharlo y servirlo como guarnición a una ración de cuscús y de brócoli, y aderezar el conjunto con una sabrosa salsa elaborada mezclando tahini (de la que posiblemente sepas que es una pasta de sésamo) y miel. El dulzor de este aderezo, junto con el peculiar sabor del sésamo, logra contrastar el sabor picante de las especias del cuscús, con el sabor propio del brócoli, quedando un contraste muy apetecible y gustoso.

¿Vamos con la receta?

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Receta de cuscús con brócoli y queso halloumi

Ingredientes (4p)
  • 120 gr de cuscús precordio
  • 1 cdta de ras-el-hanut
  • Un ramo grande de brócoli
  • Un bloque de halloumi (250 gr)
  • Almendra laminada
  • Agua
  • Sal
  • Para el aderezo de tahini y miel
    • 3 cdas de tahini
    • 2 cdas de miel
    • 1 cdta de zumo de limón
    • Agua
    • Una pizquita de sal
Elaboración
  1. En un recipiente ponemos el cuscús, una pizca de sal y el ras-el-hanut y removemos. Ponemos a hervir 250 ml de agua y lo vertemos sobre el cuscús. Agregamos un chorrito de aceite de oliva virgen extra y removemos con un tenedor para evitar que se apelmace. Reservamos tapado 10 minutos.
  2. Preparamos el aderezo de tahini y miel mezclando todos los ingredientes, excepto el agua, que iremos incorporando poco a poco para ajustarlo al espesor que esté a nuestro gusto. Reservamos.
  3. Ponemos dos dedos de agua a hervir en una cazuela para cocer el brócoli al vapor. Mientras tanto, despojamos las flores del brócoli y las lavamos, reservándolas en el cestillo en el que las coceremos al vapor hasta que el agua rompa a hervir. Introducimos el cestillo en la cazuela, sazonamos con sal al gusto y tapamos la cazuela con su tapa. Cocinaremos el brócoli 7-8 minutos para que quede al dente. Si te gusta más cocido, prolonga su tiempo de cocción. Una vez cocido, lo retiramos de la cazuela y lo reservamos.
  4. Mientras se va cociendo el brócoli podemos ir preparando el queso halloumi. Lo sacamos de su envase, lo secamos con papel de cocina para absorber el suero en el que viene envuelto y cortamos el bloque en lonchas de aproximadamente medio centímetro de grosor.
  5. Pincelamos la base de la sartén en la que vamos a cocinar el queso con un poquito de aceite. Una vez caliente, disponemos las lonchas por tandas dorándolas por ambos lados.
  6. Antes de servir, destapamos el cuscús, que ya estará tierno y cocido, y lo removemos con un tenedor.
  7. A la hora de servir, disponemos una ración de cuscús, otra de brócoli y una última de queso halloumi. Espolvoreamos unas láminas de almendra y acompañamos el plato con el aderezo que teníamos reservado.

Lasaña de verduras y soja texturizada

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Lasaña de verduras y soja texturizada

Lasañas hay muchas: cientos, miles, infinitas. De verduras, de pescado, de carne, mezcla de unos y otros ingredientes, de ricos sabores y más o menos italianas. Pero la receta de lasaña de verduras y soja texturizada es la mejor receta de lasaña que hemos comido nunca. ¡Palabrita! Sabrosa por el sabor de todas las verduras y condimentos con los que se elabora, y jugosa, jugosísima, la más jugosa de todos los tiempos.

Gracias a esta lasaña hemos probado por primera vez un producto totalmente novedoso para nosotros: la soja texturizada, y créeme cuando te digo que ha sido un primer contacto que ha recibido todos los deditos gordos apuntando arriba como aprobación.

La soja texturizada es un derivado de la soja que se obtiene tras someter a las habas de soja a un proceso que elimina su piel y sus aceites hasta lograr un producto deshidratado que se puede comercializar en diferentes formas: gruesa, fina, en tiras, en copos o en filetes. Su aporte proteínico es  muy elevado y equiparable al de la carne, aunque exento de grasas. Es por ello un alimento muy presente en las dietas vegetarianas y veganas. 

Para cocinarla es necesario hidratarla en agua previamente. Solo tienes que cubrirla por completo con agua caliente y dejarla empapándose durante al menos media hora. Una vez rehidratada, su volumen puede multiplicarse por hasta tres veces, por lo que cunde muchísimo. En cuanto a su conservación, si la mantienes cerrada herméticamente en un tarro de cristal o en su propio envase, se conserva durante tiempo sin problema. También puedes hidratarla y congelarla. 

Y llegados a este punto, estarás deseando que te cuente cómo hacer esta receta, ¿a que sí?

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Receta de lasaña de verduras y soja texturizada

Ingredientes (4p)
  • 1 cda de AOVE
  • 100 gr de cebolla picada finamente
  • 1 diente de ajo grande laminado
  • 80 gr de apio cortado en daditos
  • 300 gr de berenjena cortada en dados
  • 400 gr de calabacín sin pelar cortado en dados
  • 150 gr de soja texturizada
  • 400 gr de tomate triturado
  • 1/2 cdta de pimentón dulce
  • 1 y 1/2 cda de tomate concentrado
  • 1 cda de hierbas provenzales
  • 1 cda de vinagre balsámico
  • Sal y pimienta blanca molida al gusto
  • Láminas de lasaña precocida
  • Queso Parmesano rallado
  • Para la bechamel:
    • 35 gr de mantequilla sin sal
    • 35 gr de harina de trigo normal
    • 420 gr de leche semidesnatada
    • 1/2 cebolla
    • 1 hoja de laurel
    • Una pizca de nuez moscada
    • 1/2 cdta de sal
    • 1 cdta de granos de pimienta
Elaboración
  1. Empezamos infusionando la leche para la bechamel: en una cazuela ponemos la leche, la cebolla, el laurel y las especias. Lo calentamos a fuego suave y removemos de vez en cuando. Una vez rompa a hervir, la retiramos del fuego, la tapamos, y la dejamos infusionar durante al menos media hora. Transcurrido este tiempo la colamos, reservando la leche y desechando la cebolla y demás ingredientes de la infusión.
  2. El siguiente paso es preparar el relleno:
    1. En una cazuela calentamos el aceite y sofreímos la cebolla, el ajo y el apio con una pizca de sal. Rehogamos unos 10 minutos, removiendo de vez en cuando.
    2. Añadimos la berenjena y el calabacín, las tapamos y las dejamos cocinar aproximadamente 20 minutos.
    3. Incorporamos la soja texturizada, removemos y la cocinamos 2-3 minutos.
    4. Proseguimos vertiendo el tomate triturado, las hierbas, el tomate concentrado y el pimentón, tapando de nuevo y dejando cocinar el conjunto unos 15 minutos. Transcurrido este tiempo, destapamos y lo cocinamos otros 15 minutos más, o hasta que los jugos se hayan reducido.
  3. Mientras se cocinan las verduras, preparamos la bechamel:
    1. Ponemos a derretir la mantequilla en una sartén honda. Una vez derretida incorporamos la harina, la removemos y la tostamos durante un minuto, removiendo constantemente. 
    2. Añadimos la leche poco a poco, removiendo al mismo tiempo con unas varillas manuales  hasta que comience a adquirir un espeso similar al de una papilla de cereales de bebé. Reservamos.
  4. Precalentamos el horno a 180ºC, con calor superior e inferior.
  5. Para montar la lasaña empezamos extendiendo una capa del relleno como base, la cubrimos con laminas de pasta por completo, repartimos una parte de la bechamel a cucharadas y comenzamos otra capa de relleno, bechamel y pasta, y así hasta terminar con los ingredientes. En total salen tres pisos de lasaña. Por último espolvoreamos el queso rallado Parmesano abundante y al gusto
  6. Horneamos la lasaña en el horno hasta que el queso comience a dorarse.
Receta vista en Avant Garde Vegan.





Risotto de pesto genovés y queso de cabra

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Risotto de pesto genovés y queso de cabra

Los tintes italianos de esta receta quedan bien claros con tan solo leer su título: risotto de pesto genovés y queso de cabra

Y hay un elemento indispensable para hacer un rico y cremoso risotto que no verás en el listado de ingredientes: paciencia. 

Sí, amigos: paciencia. Porque la cremosidad de un risotto tiene mucho que ver con la paciencia y con cómo trabajamos el grano del arroz, y a mayor tiempo removiendo, mayor la cantidad de almidón que soltará el grano, aunque para que respires y cojas aire, te diré que los diez primeros minutos son los realmente importantes para conseguir que este proceso se ponga en marcha. Por lo que transcurrido ese tiempo, puedes empezar a sonreír y a respirar.

¡Que no! Que hacer un risotto no es complicado; que es cierto que necesita tu atención, pero repito: su complicación es cero. 

Para hacer un risotto los italianos nos aconsejan utilizar dos tipos de arroz: arborio y carnaroli, dos variedades de grano corto y redondo que se caracterizan por absorber muy bien el líquido, de manera que el grano queda esponjoso en el exterior y ligeramente al dente en el interior.  Particularmente prefiero el arroz de la variedad carnaroli porque queda más cremoso. Y es que como he podido comprobar en alguna lectura sobre el tema, contiene mayor cantidad de almidón.

Otro dato a tener en cuenta es que el caldo se añade gradualmente, a cazos de servir, y siempre caliente, para no romper la cocción y provocar una bajada de temperatura. De esta manera siempre será constante. ¡Ojo! Cremoso y caldoso no es lo mismo. Si queda cremoso, se puede comer con tenedor; si queda caldoso, necesitará una cuchara, y no será un risotto, sino un arroz caldoso.

Solo así, trabajando bien un risotto, podrás asegurarte el aplauso de tus comensales. 

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Receta de risotto de pesto genovés y queso de cabra

Ingredientes (4p)
  • Medio puerro (la parte blanca)
  • Medio vaso de vino blanco
  • 320 gr de arroz carnaroli o arborio para risotto
  • 1 litro de caldo de pollo 
  • 100 gr de queso de cabra tierno
  • AOVE
  • Pesto genovés:
    • 35 gr de queso Parmesano recién rallado
    • 1 dientes de ajo pelado
    • 15 gr de piñones
    • 30 gr de albahaca fresca
    • 60 gr de AOVE
    • Una pizquita de sal
Elaboración
  1. Comenzamos elaborando el pesto genovés: ponemos todos lo ingredientes en un procesador de alimentos o robot de cocina y los trituramos hasta que quede una textura de puré a nuestro gusto. A mi me gusta que se vean y se noten los piñones. Reservamos.
  2. Ponemos a calentar dos cucharadas de AOVE en una cazuela baja. Lavamos y secamos el puerro y lo cortamos finamente en brunoise. Sofreímos el puerro en el aceite a fuego suave y removiendo con frecuencia para evitar que se dore durante unos dos minutos.
  3. Añadimos el arroz y lo rehogamos 1 minutos removiendo constantemente. 
  4. Vertemos el vino blanco y dejamos que cueza para que se evapore el alcohol.
  5. Vertemos un cazo del caldo caliente (siempre ha de estar caliente para evitar que se corte la cocción) y removemos y removemos constantemente. Añadimos otro cazo de caldo cuando el arroz ya ha absorbido el anterior, y a este ritmo continuamos durante unos quince minutos o cuando el arroz esté casi cocido (lo sabremos probándolo).
  6. Añadimos el pesto (dos cucharadas por comensal) y lo incorporamos al arroz.
  7. Añadimos la mitad del queso y nuevamente removemos para que se mezclen los ingredientes. 
  8. Tapamos la cazuela y dejamos reposar cinco minutos.
  9. Servimos el arroz acompañándolo del resto de queso de cabra y de queso Parmesano para espolvorear por encima.

Visto y adaptado de BBC Good Food.



Galletas de avena con chocolate al limón

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Galletas de avena con chocolate al limón

En casa hay algo innegable, y es que si has de hacer un dulce, y ese dulce lleva algo de chocolate, tienes el éxito asegurado. Estas galletas de avena con chocolate al limón son una prueba muy clara de ello. 

Llevaba un tiempo con ganas de poner a prueba a mis papilas gustativas sometiéndolas a la terrible combinación de chocolate con limón, una combinación que me parecía interesante probar porque no llegaba a hacerme a la idea del resultado. Así que aproveché esta receta que en su momento vi que Carmen, de Pues toma dos tazas había elaborado para una archiconocida marca de cereales, y sustituir la ralladura de naranja por la de limón. 

¿Y sabéis cómo respondieron, no solo mis papilas gustativas, sino también las de mi familia, al probar estas galletas? Mandando una señal a la mano derecha para que se alargara hasta la caja de galletas y así alcanzar un par de galletas más, ja ja ja.

La avena es un alimento que lleva entre nosotros desde hace miles de millones de años. Sería muy aburrido contarte cuáles son los beneficios de la avena, pero basta con que te recuerde que son muy altos, y que es un alimento idóneo para tomar en el desayuno y así recibir una dosis saludable de energía desde la mañana. 

En nuestras recetas es importante que los ingredientes sean siempre de buena calidad, y que se hayan conservado óptimamente; y en el caso de esta receta en concreto, te aconsejo emplear un buen chocolate que pueda presumir de tener un excelente sabor a lo que es. Como verás, el tipo de chocolate que he empleado es chocolate negro con una pureza del 70%, pero siéntete libre de sustituirlo por otro que sea del gusto de tu familia: de menor pureza, con leche o blanco. Por si no lo supieras ese 70% de pureza indica que el 30% restante es azúcar. Visualiza una onza de chocolate, divídela imaginariamente por la mitad. Pues bien, la cantidad de azúcar que contiene esa onza es menor que una de esas mitades.

¿Cuándo has dicho que te vas a meter en la cocina a hacer estas galletas?

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Receta de Galletas de avena con chocolate al limón

Ingredientes (32 unidades aproximadamente)
  • 120 gr de azúcar moscovado
  • 100 gr de mantequilla a temperatura ambiente
  • 1 huevo tamaño "M"
  • 150 gr de harina de trigo normal
  • 100 gr de copos de avena
  • 5 gr de impulsor químico tipo Royal
  • Una pizca de sal común
  • Ralladura de un limón
  • 75 gr de chocolate 70% cacao para fundir
  • 2-3 gotas de esencia de limón
  • Agua para pincelar las galletas
Elaboración
  1. Precalentamos el horno a 180ºC, calor superior e inferior, y forramos dos bandejas de horno con papel vegetal.
  2. En un robot de cocina ponemos el azúcar y la mantequilla y batimos durante unos tres minutos o hasta que se hayan integrado.
  3. Agregamos el huevo y batimos hasta igualmente integrarlo en la mezcla anterior.
  4. Incorporamos la harina, los copos de avena, el impulsor, la sal y la ralladura de limón y mezclamos con la ayuda de una espátula de silicona o similar.
  5. Para formar las galletas tomamos porciones de 3 centímetros de diámetro, las distribuimos en las bandejas y las aplastamos ligeramente hasta darles un grosor de aproximadamente 5-7 milímetros. Las barnizamos con un poquito de agua justo antes e introducirlas en el horno.
  6. Horneamos las galletas entre 13 y 15 minutos a una altura entre media y baja, o hasta que empiecen a dorarse un poquito. Sacamos las bandejas del horno, dejamos reposar las galletas dos minutos antes de retirarlas a una rejilla para que se enfríen por completo.
  7. Una vez frías, fundimos el chocolate durante 1 minuto y 10 segundos (aproximadametne), y siempre parando el microondas entre tanto para remover y comprobar que no se quema. Al final agregamos las gotas de esencia de limón y removemos muy bien.
  8. Sumergimos las galletas en el chocolate fundido hasta la mitad y las disponemos en una rejilla o sobre las mismas bandejas de horno forradas con el papel vegetal hasta que el chocolate se haya enfriado por completo.
Receta vista en Quaker


Higos con queso de cabra al horno

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Higos con queso de cabra al horno

Hoy no es un día de publicación nada habitual en Cocido de Sopa, pero la ocasión lo merece, porque hoy, 29 de septiembre, es la fecha en la que el #RetoSaboresDeTemporada vuelve a la carga, un reto que como muchos de vosotros ya sabréis, os presenta recetas con productos no solo de temporada, sino también locales.

El producto que he elegido para esta cita es el higo. Curiosamente, no es un producto que suela comprar porque siempre hay alguien cercano que tiene una higuera y que no encuentra mejor manera de descongestionar su producción más que cogiendo sus higos y regalándolos.

El higo, que se recoge en septiembre, cuenta con una antecesora: la breva. ¿Te habías preguntado alguna vez cómo es que la higuera da dos frutos? ¿Y si te digo que la breva y el higo son "falsos frutos", y que en realidad son flores? ¡Pues sí! Sé que lo que te digo te puede sonar a chiste, pero está constatado que tanto la breva como el higo son flores internas, o también conocidas como flores invertidas, protegidas por una piel. 

Tanto uno como otro cuentan con un pequeñísimo orificio por el que se cuelan las abejas, responsables de la polinización. Las alas de estas abejas se rompen para poder moverse por el interior del higo. Las crías que nazcan, nacerán sin alas, fecundarán el higo macho, y se moverán hasta lograr salir al exterior, transportando las semillas a otro lugar. Si el higo a polinizar es hembra, no se podrá llevar a cabo la fecundación, y por lo tanto la abeja fallecerá en su interior. El interior del higo produce una enzima que descompone el cuerpo del insecto antes de que llegue a tu boca. De manera que todas esas pepitas crujientes que sentimos al comer un higo, son en realidad flores.

En la receta que hoy presento a nuestro #RetoSaboresDeTemporada he decidido rellenar los higos, ricos en azúcar natural, con queso de cabra y frutos secos, lo cual son, en mi opinión, una apuesta segura para disfrutar de un sabroso entrante, un postre con el que rematar una comida, o una merienda sana y rica. ¿Por cuál de estas opciones te inclinas tú para disfrutar de estos Higos con queso de cabra al horno?

Una vez leída mi receta, no te olvides de pasearte por los blogs de mis compis de reto Cocinando con Neus y Con las zarpas en la masa para saber qué receta nos han hecho con un ingrediente de temporada. ¡Disfruta!

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Receta de higos con queso de cabra al horno

Ingredientes

  • 6 higos
  • 1 cda de zumo de limón
  • 80 gr de queso de cabra en rulo sin corteza
  • 2 cdas de nueces picadas toscamente
  • Miel
  • Pimienta blanca al gusto
  • Tomillo fresco al gusto
  • AOVE
Elaboración
  1. Precalentamos el horno a 180ºC, con calor superior e inferior.
  2. Lavamos los higos con mucho cuidado, los secamos, les cortamos el rabito y les hacemos un corte en forma de cruz sin llegar a atravesar su base. Los distribuimos en una fuente de horno que habremos engrasado previamente para evitar que se peguen en la base.
  3. Aderezamos el interior de cada higo con unas gotas de zumo de limón, los rellenamos con una cucharadita de queso de cabra, sazonamos con pimienta recién molida, repartimos las nueces, echamos un chorrito de miel y espolvoreamos unas hojitas de tomillo fresco.
  4. Introducimos la fuente en el horno a media altura y horneamos entre 10-12 minutos. 
  5. Transcurrido este tiempo sacamos la fuente del horno y servimos. Si fuera necesario, vertemos un hilo de miel para endulzar los higos, dependiendo de su grado de dulzor. Se puede acompañar con una copita de vino dulce.
Receta vista en Happy Kitchen rocks

Fuente información: aquí y aquí



Croquetas de pollo al curry

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Croquetas de pollo al curry

Pocos platos son tan tradicionales en España como las croquetas. Allá donde vaya, por muy bar de barrio que sea, nunca faltan unas croquetas en el mostrador para acompañar una alegre copa de vino o un vaso de refrescante cerveza.

Sin embargo, pocos platos tan tradicionales españoles tienen orígenes allende tierras foráneas. Y es que los inicios de estas pelotillas con forma de salchicha pequeña (¡ojito con la descripción!) nos vienen de Francia. ¿Qué? ¿Cómo te quedas? 

Las croquetas fueron invención de uno de los cocineros del Duque de Orleans, allá por el siglo XVII. Por aquel entonces las croquetas eran una farsa tipo pastel de carne, huevo, trufa y hierbas aromáticas que iban rebozadas y fritas. Y es aquí donde encontramos el origen a su nombre, pues croqueta procede del término francés "croquet", que significa "crujiente".

Estas "croquets" evolucionaron hasta convertirse en bocados más finos. Hoy en día existen infinidad de versiones de croquetas, aunque me consta que las más populares son las de jamón y las de pollo. 

Así que ya veis, Napoleón no pudo hacerse con el pueblo español, pero sus croquetas se hicieron con nuestros corazones, y lo que es mejor, con nuestros estómagos, ja ja ja.

Si quieres que las próximas croquetas que prepares vuelen del plato, aunque estoy segura de que siempre lo hacen, te animo a preparar estas croquetas de pollo al curry ... si es que eres un apasionado de las especias en general y del curry muy en particular. ¡Están ... de muerte lenta!

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Receta de croquetas de pollo al curry

Ingredientes (Aproximadamente 20 unidades)
  • 200 gr de pechuga de pollo, bien en un filete o en tacos
  • 35 gr de mantequilla
  • 15 gr de AOVE
  • 60 gr de cebolla
  • 7 gr de curry en polvo
  • 50 gr de harina de trigo
  • 400 ml de leche de coco
  • Sal y pimienta al gusto
  • 1 huevo
  • Pan rallado
  • AOVE en abundancia para freír
Elaboración
  1. Doramos los 200 gramos de pechuga de pollo en una sartén con una cucharadita de aceite, la retiramos y la dejamos atemperar. Una vez fría la cortamos en trocitos muy pequeños y la reservamos.
  2. En una sartén ponemos la mantequilla a derretir junto con el aceite. Pelamos la cebolla y la cortamos muy finamente, la añadimos a la sartén y la pochamos hasta que comience a ablandarse.
  3. Incorporamos la pechuga de pollo picadita y la salteamos junto con la cebolla, aplastándola con una cuchara de madera para desmenuzarla tanto como podamos. Tras unos 3-5 minutos, agregamos el curry en polvo, removemos, y proseguimos con la harina de trigo, que doraremos durante un minuto o minuto y medio para que la masa no sepa a harina cruda.
  4. Añadimos la leche de coco, removemos y sazonamos al gusto. Removemos la mezcla con frecuencia y una vez que la masa haya espesado y se despegue de las paredes de la sartén la retiramos a una fuente, la cubrimos con film transparente tocando la masa y la dejamos enfriar antes de guardarla en la nevera, donde es conveniente que repose para que se endurezca entre 4 y 5 horas.
  5. Transcurrido ese tiempo preparamos nuestra mesa con los ingredientes para el rebozado: batimos el huevo y preparamos abundante pan rallado en un plato hondo. Con una cuchara cogemos una porción de la masa, la moldeamos dándole la forma deseada, la pasamos al huevo, cubriéndola con este muy bien, y a continuación la pasamos al pan rallado, y la cubrimos muy bien, al tiempo que vamos perfeccionando la forma que le vamos a dar. Disponemos las croquetas en  una bandeja y las dejamos secar en torno a una hora antes de comenzar a freírlas. 
  6. Para freírlas, preparamos una sartén pequeña y honda con abundante aceite y lo calentamos. Una vez caliente, incorporamos entre 4 y 5 croquetas (dependiendo del tamaño de la sartén) y las doramos. Es conveniente no añadir más croquetas para poder manejarlas con soltura, y para impedir que se abran hemos de estar muy pendientes de ellas y voltearlas con mucha frecuencia para así también conseguir un dorado homogéneo. A medida que vayamos friendo las croquetas, las reservamos en un plato con papel de cocina para que absorba el exceso de grasa. 

Salsa dip de queso feta y menta

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Salsa dip de queso feta y menta

De un tiempo a esta parte el concepto "dipear" es cada vez más frecuente; es quizás uno de los recursos más rápidos en cualquier reunión informal de amigos en casa. Se trata de un anglicismo que hemos adoptado de la lengua inglesa (como buenamente se puede intuir) para referirnos a ese momento como el de sumergir o mojar un ingrediente en una salsa de un cierto espesor, de tal forma que al untarlo de esa salsa, esta se adhiera fácilmente y no gotee o se escurra. 

Por extensión hemos importado el término salsa "dip", porque nos costaba mucho decir "dipping sauce" (salsa para mojar) y que no es otra cosa que una salsa en la que untamos ingredientes. Es en este grupo de salsas donde he de introducir la que hoy os presento: salsa dip de queso feta y menta, una delicia que se prepara en un periquete y que amenazará uno de tantos momento perezosos en la cocina, esos en los que apetece cero ponerte el delantal y las manos a cocinar.

Son muchos los ingredientes que podemos emplear para mojar en una salsa de este estilo. Algunas ideas en el grupo de las verduras son las zanahorias, el apio o el pepino; puedes acompañarlas de nachos, de patatas fritas, picos camperos, regañás, tostadas de pan, galletas saladas, y dependiendo de la salsa puedes incluso servirlas con unas alitas de pollo o de patatas fritas en sartén. Las posibilidades son infinitas; depende de tu imaginación, de tus gustos culinarios y de lo que desees mancharte en la cocina. 

Por el momento te explico cómo hacer esta rica salsa. Lo demás, viene de ti ;)

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Receta de salsa dip de queso feta y menta

Ingredientes

  • 1 yogur griego sin azúcar
  • 200 gr de queso feta
  • 1 cda de hojas de menta fresca
  • 1 diente de ajo
  • Zumo de limón al gusto
  • Sal
  • Pimienta blanca
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Unas cucharadas de leche o agua para aligerar la salsa
Elaboración
  1. Pelamos el ajo y lo machacamos en un mortero con una pizquita de sal. Reservamos.
  2. Ponemos el queso feta en un plato y lo aplastamos con la ayuda de un tenedor para desmenuzarlo. Agregamos el yogur griego, el diente de ajo machacado, las hojas de menta lavadas y picadas finamente, junto al zumo de limón y la sal y pimienta al gusto. Mezclamos muy bien. Ajustamos el espesor de la salsa a nuestro gusto agregando leche o agua poco a poco y removiendo con cada adición. 
  3. Vertemos un hilo de aceite de oliva alrededor de la salsa y la decoramos con unas hojitas de menta fresca.
  4. Servimos con unos bastones de zanahoria, apio, picos camperos, regañás o lo que más os guste para el momento "dipear". Y para refrescarse por dentro, unas cervezas artesanas San Nicasio Beer, cervezas de fabricación propia y que puedes adquirir online.

Receta vista en My recipes.



Polos cremosos de limón y albahaca { sin heladera }

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Polos cremosos de limón y albahaca { sin heladera ]

Me han faltado días para llevarme a la cocina estos polos cremosos de limón y albahaca. Fue uno de mis descubrimientos heladeros en mi reciente viaje por parte de Francia, y fue allí precisamente donde me acordé de estos otros polos cremosos de lima para basarme en ellos sustituyendo la lima por limón y añadiendo albahaca y así poder hacerlos en casa. 

Puede sonar un poco atrevido y sobre todo, extraño, emplear una hierba aromática como la albahaca para elaborar una receta dulce. A mi también me lo pareció cuando vi el letrerito con el nombre del helado frente a mi en el mostrador. Pero no creáis que tardé mucho en decidir que ese iba a ser el helado del que disfrutaría esa calurosa tarde del mes de agosto en una ciudad como Burdeos. 

De entre todas las hierbas aromáticas frescas que más, más me gustan está la albahaca. Me encanta ese aroma tan embriagador y agradable que se despierta y se expande con solo regarla en las primeras horas de la mañana. Sin embargo, no me gusta tanto seca. Dadas estas pistas, creo que resulta bastante sencillo entender que la combinación limón-albahaca en este helado es una combinación ganadora. Y no lo digo yo, que tengo detrás de mi a dos comensales que lo pueden corroborar. 

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Hacer en casa un helado no es nada complicado, pero sí que requiere una cierta atención si lo que queremos es evitar que se formen cristales con su congelación. Pues bien, la técnica de elaboración de estos polos cremosos de limón y albahaca es tan, tan sencilla, que una vez que has mezclado los ingredientes, guardas la mezcla en el congelador y lo primero que tienes que hacer es olvidarte de que están ahí hasta pasadas 24 horas, que es cuando estarás deseando probarlos. 

Hay algo asombroso sobre esta receta, y es que al combinar los lácteos (nata y leche condensada) con el cítrico (limón) ocurre que la mezcla espesa hasta alcanzar una textura super cremosa. He intentado encontrar la explicación a este fenómeno, pero ha sido una batalla perdida, e imagino que la química es la única ciencia que puede explicar por qué ocurre. Intuyo que el ácido cítrico, por su poder coagulante, es el que provoca ese cambio de textura al unirse con las enzimas presentes en un lácteo.  Esa mezcla por sí sola es una absoluta delicia. 

Si has llegado hasta aquí será porque te interesa saber cómo elaborar estos deliciosos y cremosos polos donde el cítrico se ve rebasado muy sutilmente por el delicado sabor de la albahaca fresca. 

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Receta de polos cremosos de limón y albahaca sin heladera

Ingredientes (Para 8 polos pequeños)

  • 250 ml de nata líquida
  • 20 gr de albahaca fresca
  • 375 gr de leche condensada
  • 3 cdas de ralladura de limón
  • 100 ml de zumo de limón
Utensilios
Elaboración
  1. Escoge las hojas del albahaca, lávalas y sécalas. Pon la nata en un cazo pequeño y agrega las hojas de albahaca. Calienta la nata hasta justo que rompa a hervir. Tapa el cazo y deja infusionar la nata con la albahaca durante media hora. Transcurrido ese tiempo destapa el cazo y deja que se atempere antes de triturar la albahaca lo más fina posible; si quieres, también la puedes filtrar para no añadir los trocitos de la albahaca, pero yo no te lo aconsejo. Reserva hasta que se haya enfriado por completo.
  2. Mientras tanto, ralla los limones y exprime su jugo, y reserva.
  3. En un recipiente dispón la nata infusionada y triturada, la leche condensada, la ralladura de limón y el zumo, y mezcla con unas varillas metálicas homogéneamente. 
  4. Reparte la crema en los moldes para polos, dale unos golpes secos para deshacer posibles burbujas de aire y guardadlos en el congelador durante al menos 24 horas. También puedes verterla en un recipiente apto para congelador. ¡Y listo!
Notas y consejos
  • Para poder desmoldar los polos fácilmente, es recomendable sacarlos del congelador al menos diez minutos antes de consumirlos. Ten en cuenta la misma cantidad de tiempo si lo que has decidido es congelarlo en un recipiente y quieres formar bolas.



Caponata siciliana

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Caponata siciliana 

Ese afán que todo blogger gastronómico tiene por conocer nuevas recetas hace que en muchas ocasiones nos olvidemos de algunas recetas maravillosas que por una razón u otra, a veces inexplicable, caen en el olvido hasta que accidentalmente vuelven a ti. Esto es lo que me ocurrió mientras visualizaba uno de los videos de Diana, que gestiona el precioso blog Como en casa sin gluten cuando nos explicaba cómo hacer una deliciosa caponata siciliana

Por si te estuvieras preguntando si la caponata siciliana tiene algo que ver con el personaje televisivo que amenizaba las tardes de los peques en Barrio Sésamo, te diré que no hay relación más lejos de la realidad. No en vano, la receta de la caponata siciliana data de hace más de mil años, por lo que relacionarla con la famosa gallina no deja de sonar a chiste. 

La caponata es un guiso tradicional de la cocina siciliana del estilo a nuestro pisto manchego, por encontrarle un símil, aunque las diferencias son notables, muy notables sobre todo en lo relacionado con el sabor, del que destaca su acidez, ya que uno de los ingredientes ineludibles es el vinagre. Junto a él nos encontramos con berenjenas, cebolla, ajo, tomates, alcaparras, aceitunas y piñones. 

Esta es la receta con la que participo en nuestro #RetoSaboresDeTemporada bimensual junto con mis compis Neus y Paula. Los productos principales con los que se elabora esta receta  no pueden ser más de esta temporada estival: tomates y berenjena, y los demás hacen una estupenda combinación que hacen de esta caponata un plato tan delicioso y con un sabor tan distintivo.

Como muy posiblemente sabréis este reto está abierto a todo el mundo que desee participar. Tan solo tienes que subir una foto de una receta con un producto de temporada a Instagram y etiquetarla. ¡Y misión cumplida!

Aunque yo te presento mi receta en plato, me parece un entrante ideal para un picoteo servido en tostadas de buen pan, al que por cierto, llama a voces. 

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Receta de caponata siciliana

Ingredientes (Para 4 personas)
  • 500 gr de berenjenas
  • 50 gr de apio
  • 350 gr de cebolla
  • 2 dientes de ajo
  • 600 gr de tomates maduros
  • 1 cda de tomate concentrado
  • 2 cdas de alcaparras 
  • 2 cdas de uvas pasas
  • 2 cdtas de azúcar
  • 2 cdtas de vinagre de Módena
  • 20 aceitunas verdes
  • 3 cdas de AOVE
  • Sal 
  • Pimienta blanca
  • Orégano seco 
  • Albahaca fresca fresca 
Elaboración
  1. Ponemos a calentar el aceite en una cazuela honda. Pelamos y cortamos en brunoise la cebolla, la añadimos a la cazuela y la sofreímos durante unos diez minutos. Sazonamos al gusto.
  2. Pelamos y cortamos muy finamente los dientes de ajo y los agregamos a la cazuela.
  3. Lavamos y secamos las berenjenas y las cortamos en dados de aproximadamente 2x2 centímetros. Las añadimos a la cazuela y sofreímos unos diez minutos. Sazonamos al gusto.
  4. Lavamos y cortamos en dados los tomates y los agregamos a la cazuela. Removemos bien y dejamos cocinar hasta que se hayan deshecho. 
  5. Lavamos, secamos y cortamos en daditos el trozo de apio y lo añadimos a la cazuela.
  6. Incorporamos el tomate concentrado, las alcaparras, las uvas pasas, el azúcar y el vinagre de Módena, removemos y dejamos cocinar unos cinco minutos más.
  7. Por último agregamos las aceitunas, rectificamos de sal y pimienta y espolvoreamos un poco de orégano seco y de albahaca fresca picada al gusto.
  8. A la hora de servir espolvoreamos una pizca de hierbas aromáticas y unos piñones, que por cierto ... olvidé poner a la hora de fotografiarlos.
Y con esta publicación me despido durante unas semanas en las cuales daremos vacaciones al blog. Volveré en septiembre con muchas ganas de compartir nuevamente recetas ricas y sanas con todos vosotros.

¡Disfrutad del verano!