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Estoy más que segura que muchos de vosotros estáis conmigo en lo siguiente que voy a decir: "El arroz es para los domingos". 

Con el arroz me pasa como con las legumbres, y especialmente el cocido, otro plato que nos requete chifla, y es que no lo visualizo en otro contexto que no sea con la familia, y como solo podemos comer juntos los tres los fines de semana, raro es el domingo que no cae un arrocito, sea el que sea. Entre nuestros favoritos se encuentran el risotto de setas, risotto de peras y gorgonzola, el arroz con costra al horno y el arroz negro, y de un tiempo a esta parte se ha sumado a la lista el arroz de verduras, que no es un arroz cualquiera, pues en ocasiones, según me va, le incorporo sepia o migas de bacalao. 

La receta es de una compañera, y que actualmente se encuentra felizmente jubilada (haciendo los honores propios a la palabra "jubilada" - alegre). Ella, Virtudes, fue nombrada "paellera oficial" del instituto en el que llevo trabajando dos años, y durante más de veinte años ha deleitado a sus compañeros con su riquísima paella de verduras dejando el pabellón de su tierra, Alicante, bien alto. Su receta está conmigo. Y conmigo quedará para siempre. Virtudes, sabes lo mucho que adoramos tu estupenda paella de verduras y sepia, ¿verdad?

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Receta de Paella de verduras y sepia



Ingredientes (Para 4 personas)
  • 280 gramos de arroz bomba
  • 85 gr de cebolla
  • 1 diente de ajo
  • 120 gr de pimiento rojo
  • 4 alcachofas grandes
  • 150 gr de judías verdes
  • 40 gr de ajetes (limpios)
  • 160 gr de sepia (limpia)
  • 1/3 de cdta de cúrcuma
  • 1 cdta de hierbas provenzales
  • 850 ml de caldo de verduras Aneto
  • Sal
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Perejil fresco (para las alcachofas)
Elaboración
  1. Comenzamos limpiando las alcachofas. Retiramos el tallo, las hojas exteriores hasta llegar al corazón, a las más tiernas, y lo cortamos en cuatro cuartos, les retiramos los pelitos que guardan en su interior, y cada cuarto lo cortamos por la mitad. A media que vamos limpiándolas, las vertemos en un recipiente con agua y abundante perejil fresco.
  2. Retiramos los extremos a las judías verdes y las cortamos por la mitad a lo largo, y después en trocitos de unos dos centímetros de tamaño. Las incorporamos al agua con las alcachofas.
  3. Preparamos una paella y calentamos tres cucharadas de aceite de oliva virgen extra. Sofreímos la cebolla cortada en brunoise y el diente de ajo picado finamente durante tres minutos a fuego suave.
  4. Añadimos el pimiento rojo, también picado en brunoise. Sofreímos un par de minutos.
  5. Escurrimos las alcachofas y las judías del agua, retirando el perejil, y las sofreímos cinco minutos a fuego medio-alto y tapadas.
  6. Transcurrido ese tiempo, destapamos y dejamos cocer sin tapa cinco minutos más junto con los ajetes y la sepia.
  7. Espolvoreamos la cúrcuma y las hierbas provenzales y vertemos el caldo caliente. Mezclamos bien y tapamos de nuevo, dejando cocinar el conjunto a fuego fuerte durante diez minutos. Después bajaremos el fuego y cocinaremos suavemente durante 6 minutos más. Nos aseguramos de que el grano esté cocido antes de apagarlo del fuego. Es conveniente dejar reposar el arroz durante cinco minutos antes de servirlo.

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Si iba a hacer una tarta por mi cumpleaños, lo tenía claro: tarta Colibrí.

Jamie Oliver la bautizó en inglés como Hummingbird Cake, y así la conocí yo en uno de los seriales televisivos que nos muestran las andaduras de este carismático y televisivo chef británico que enamora a tantos como le rechazan, pues en este mundo gastronómico los hay muy ortodoxos y no aceptan la libertad y la flexibilidad que adopta este afamado chef a la hora de elaborar sus recetas de cocina. Aunque en ocasiones yo me encuentro en un sentimiento de tal altura que me cuesta aceptar ciertas licencias en recetas de corte tradicional.

Hablar de la Tarta Colibrí me arrastra al pozo de la nostalgia. Fue precisamente en ese serial televisivo que os comento cuando mi madre lo vio por primera, y última, vez, y casualmente la receta de esta tarta forma parte de uno de los mejores libros que en mi opinión ha publicado Jamie: Comfort Food. De no haber sido porque la vida nos la arrebató, esta hubiera sido la tarta de su último cumpleaños.

No es que sean mis sentimientos los que me motivan para hablar amores sobre esta tarta, no. Soy realista. Esta es una de las tartas más ricas que yo haya hecho nunca. Su bizcocho, sabroso, dulce, jugoso, húmedo; su crema, dulce, suave, deliciosa. ¡Puro placer dulce!

¡Qué pena que no podáis degustar un trocito de lo que estas imágenes os muestran!

Pero os animo a hacerla. Estoy segura de que NO os arrepentiréis.

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Receta de Tarta Colibrí - Hummingbird Cake


Ingredientes


Para el pastel

  • 125 gr de aceite de oliva virgen extra Arbequina
  • 175 gr de harina de trigo normal
  • 10 gr de levadura química Royal
  • 1/2 cdta rasa de canela en polvo
  • 175 gr de azúcar moreno
  • Una pizca de sal
  • 2 plátanos de tamaño mediano
  • 200 gr de piña fresca o en conserva 
  • 1 huevo tamaño "L"
  • 1/2 cdta de extracto de vainilla
  • 25 gr de nueces pacanas, y unas cuantas más para decorar
  • Coco rallado para decorar
Para el glaseado de queso
  • 150 gr de queso tipo Philadelphia
  • 75 gr de mantequilla a temperatura ambiente
  • 100 gr de azúcar glas
  • 1 lima
Utensilios
  • Un molde desmontable de 20 cm de diámetro
Elaboración
  1. Precalentar el horno a 180ºC con altura superior e inferior. 
  2. Engrasar un molde desmontable de 20 cem de diámetro y cubrir con papel vegetal tanto la base como las paredes. Para la base, recortamos un círculo de 20 centímetros de diámetro. Reservamos.
  3. Picamos las nueces en trozos gruesos. Reservamos.
  4. Cortamos la piña en trozos muy pequeños. Reservamos.
  5. Pelamos los plátanos y los aplastamos con un tenedor. Reservamos.
  6. En un recipiente amplio mezclamos los ingredientes secos: la harina, la levadura, la canela, el azúcar moreno y la sal. Mezclamos y reservamos. 
  7. En un robot batimos los huevos hasta blanquear. Incorporamos el extracto de vainilla y el aceite y mezclamos un par de minutos. Agregamos el plátano y la piña y mezclamos hasta incorporarlos a la mezcla anterior. 
  8. Añadimos los ingredientes secos a la mezcla de ingredientes húmedos, mezclamos y por último agregamos las nueces, que incorporaremos con una espátula. 
  9. Vertemos la masa en el molde reservado, introducimos en la parte inferior del horno. Horneamos durante 40 minutos o hasta que al pinchar el bizcocho en el centro, el palillo salga limpio. Si el bizcocho comenzara a dorarse, lo cubrimos con un trozo de papel de aluminio. 
  10. Sacamos el bizcocho del horno y lo dejamos reposar durante diez minutos sobre una rejilla. Desmoldamos una vez que se haya enfriado por completo.
  11. Para hacer el glaseado de queso, batimos la mantequilla ablandada con el azúcar glas hasta que adquiera un color claro. Añadimos el queso, la piel de media lima, un poco de zumo y batir lo justo para incorporar los ingredientes. Reservamos en la nevera para que solidifique. 
Montaje 
  1. Cortamos el bizcocho por la mitad a lo largo para conseguir dos planchas.
  2. Extendemos la mitad del glaseado de crema de queso sobre la plancha inferior. Colocamos la otra plancha encima y extendemos el resto del glaseado de queso sobre la segunda. Podemos alisar el glaseado por completo o dibujar formas irregulares, según nos guste más. 
  3. En una sartén doramos una o dos cucharadas de coco rallado. Reservamos y dejamos enfriar.
  4. Para decorar, rallamos la piel de media lima por encima, espolvoreamos coco rallado tostado y distribuimos unas mitades de nueces pacanas alrededor de la tarta.

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Los hay con cara, con mucha cara. Llegan los últimos y se ponen los primeros. 

Hacer cola fila es uno de los entretenimientos a los que estamos obligados de hacer si lo que queremos es demostrar que somos personas que sabemos estar como se ha de estar en un lugar público. 

La espera puede hacer que te pongas de los nervios si sientes los minutos del reloj como si de horas de trataran; o puede hacerse más amena si a pesar de las prisas respiras con resignación y te dedicas a observar tu entorno. Descubrirás a ese niño que protesta por aburrimiento, al que se toca la nariz como si no tuviera fondo, al que repasa las actualizaciones de los perfiles de WhatsApp, o a ti mismo, ensimismado en observar la compra del cliente que va delante de ti, acto que puede decirte mucho sobre sus hábitos alimenticios.

En estas me andaba yo cuando un señor, ya mayor, la verdad, con todo su atrevimiento se plantó delante de mi como si le hubieran lanzado desde un globo aerostático y verlo caer hubiera sido una sorpresa inexplicable. No pude evitar llamarle la atención diciéndole que la última persona de la cola fila no era yo. Y con mucha serenidad el buen hombre me dice que solo lleva un par de cosas. Creo que fui un poco descortés cuando le dije que esas no eran las formas y que lo mínimo era pedir permiso para pasar antes que yo. Pero al final, el corazón pudo con mi razón y rabieta en ese momento, y le consentí que pasara delante de mi. 

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La receta de Buñuelos de kale y gorgonzola es como el abuelo del supermercado: llega la última y se cuela la primera, pero con mi consentimiento, eh, que todo hay que decirlo.

La he dejado colarse porque básicamente nos ha encandilado en casa. Todos los buñuelos, que ya era cantidad para tres, han desaparecido en un suspiro. Y todo ello a pesar de que el kale no es que termine de entusiasmarme por muy super alimento que sea. Pero en formato buñuelo ... ¡que nos ha encantado!

La culpable de este enamoramiento la tiene Maria José, que gestiona el blog Dit i fet, un blog que sigo desde el cuaternario. Ya ves, Maria José, fue ver la receta, engatusarme y enamorarme de ella.
Muchas gracias por la receta :D

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Receta de Buñuelos de kale y gorgonzola



Ingredientes (Para 4 personas)

  • 25 gr de cebolla
  • 1 diente de ajo
  • 80 gr de kale sin tallos gruesos
  • 30 gr de aceite
  • 2 huevos tamaño "L"
  • 100 gr de leche
  • 100 gr de harina
  • 1 cdta de levadura química
  • 100 gr de queso gorgonzola
  • 1/2 cdta de sal 
  • Una pizca de pimienta blanca
  • Aceite de oliva virgen extra para freír
Elaboración
  1. Picamos el kale finamente. Reservamos.
  2. Pelamos la cebolla y el diente de ajo. Ponemos los 30 gramos de aceite a calentar y sofreímos fuego suave la cebolla y el diente de ajo hasta que comiencen a dorarse. 
  3. Incorporamos el kale, removemos y una vez que se ha ablandado retiramos del fuego y dejamos enfriar.
  4. Batimos los dos huevos, incorporamos la leche, mezclamos. Agregamos la harina, la levadura, la sal, la pimienta y el queso desmenuzado. Nos aseguramos de aplastarlo bien con un tenedor para que quede perfectamente integrado.
  5. Ponemos un dedo de aceite de oliva en una sartén. Con una cuchara cogemos porciones de la masa y la vertemos en el aceite. Le damos la vuelta cuando veamos que los bordes comienzan a dorarse. Retiramos a un plato con papel de cocina para que absorba el exceso de aceite. 
Notas
  • Podemos servir los buñuelos con una rica salsa de tomate o incluso con mayonesa rebajada con yogur, o simplemente yogur.




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Hoy me siento extraña. Me siento extraña aquí, en este espacio de mi blog, sentada frente al ordenador, pensando cómo redactar esta publicación.

Es muy posible que no entendáis el por qué de esta extrañeza. Este blog forma parte de mi vida, en él os doy cuenta de pequeños fragmentos gastronómicos y os explico cómo elaborar una receta. ¿Cómo puedo sentirme así de extraña?

Si os digo que todas las publicaciones que habéis seguido hasta hoy estaban redactadas y programadas desde el mes de diciembre, ¿cómo se os queda el cuerpo? Sabía que me iban a llegar fechas complicadas, que iban a consumir gran parte de mi tiempo y lo que tenía seguro es que no quería cerrar la puerta de mi cocina por ello.

En este tiempo he aprendido a no decir "no tengo tiempo". Un compañero del instituto, gran malabarista de las palabras, me dijo en una ocasión que no es que no tuviera tiempo, sino que tenía otras prioridades. Me pareció tan correcto, sabio y apropiado lo que me dijo, que hice acopio de esas palabras, adueñándome de ellas, y decírmelas para evitar esa sensación de culpabilidad que se crea en mi cuando me incapaz de abarcar tanto como deseo.

Es necesario no sobrecargar al cuerpo y a la mente con más tareas que las necesarias; es necesario aprender a gestionarlas y a organizarlas en el tiempo. No nos conduce a nada más que a la desazón el encadenar un compromiso con otro. Necesitamos entregarnos a nosotros, a nuestra esencia. Y aquí, en esta cocina, se encuentra parte de mi esencia.

Y una de las cosas que me iban a ayudar a liberar mi mente de tantas ataduras iba a ser un encuentro de bloggers que tuvo lugar hace algo más de un mes. Quienes allí nos reunimos, aparte de las conversaciones propias, nos comprometimos prometimos publicar una receta, fuera en el medio que fuera, con un ingrediente que cayó azarosamente en nuestras manos. A las mías llegó el amchur o amchoor de parte de María, que gestiona un blog precioso, no solo encomendado a recetas de cocina, sino también a mostrar su trabajo como fotógrafa: Snapsfotografía.



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El amchur o amchoor es mango en polvo. Sin más. ¡No lo había oído en la vida! Pero tratándose de una especia, era seguro que le iba a dar juego porque ya sabéis de mi amor por las especias ;) Se obtiene a partir de mangos que no han madurado, que se pelan, se cortan en tiras y que se dejan secar al sol para ser pulverizados posteriormente. Tiene un sabor ácido, un suave aroma afrutado, y es un sustituto del limón o de la lima si lo que deseas es aportar ese toque cítrico que necesita tu plato pero sin añadirle humedad.


El amchur es característico de la cocina del norte de la India y del Punjab. Se utiliza para todo tipo de platos de corte hindú, bien sean curries, sopas, pakoras, chutneys, samosas, y un sinfín. Y un detalle a tener en cuenta es que nunca ha de añadirse a mitad de la cocción, sino hacia el final, pues de igual forma que le ocurre a la mezcla de especias garam masala, el calor puede deteriorar su sabor, por lo que tampoco es conveniente calentarlo directamente al fuego como ocurre con otras especias para las que este paso es primordial si queremos hacer que brote de ellas su sabor y aroma.

Si te pica la curiosidad por saber más sobre este ingrediente, el amchur, es que vas por el buen camino de querer saber, y yo te cuento cómo emplearlo en mi Curry de boniato con leche de coco y amchur.

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Curry de boniato con leche de coco y amchur



Ingredientes (Para 4 personas)
  • 200 gr de cebolla morada cortada en juliana
  • 1 diente de ajo grande machacado
  • 2 cm de jengibre fresco pelado y rallado
  • 1 cdta de pimentón (puede ser dulce o mezclado con picante y adaptarlo en cantidad a vuestros gustos)
  • 1 cdta colmada de curry en polvo
  • 1/2 cdta de cúrcuma en polvo
  • 1 cdta de amchur o mango en polvo
  • 300 gr de tomates cortados en trozos pequeños
  • 400 gr de boniato pelado y cortado en dados pequeños
  • 200 ml de leche de coco
  • 100 ml de agua (opcional)
  • 2 cdas de manteca de cacahuete
  • 2 cdas de aceite de oliva virgen extra
  • 120 gr de cuscús precocido
  • 240 gr de agua
  • Sal común
  • Cilantro fresco para decorar
Elaboración
  1. Comenzaremos preparando el cuscús: pesamos el cuscús y le añadimos un poquito de sal. Hervimos el agua y cuando rompa a hervir lo vertemos sobre el cuscús. Añadimos un chorrito de aceite, removemos con un tenedor, tapamos y lo reservamos 10 minutos.
  2. En una cazuela baja ponemos el aceite a calentar, incorporamos la cebolla y la sofreímos durante unos cinco minutos. Añadimos el diente de ajo, el jengibre y doramos un minuto. 
  3. Incorporamos el curry en polvo y la cúrcuma, y cuando las especias comiencen a desprender su olor, añadimos los tomates troceados, que sofreiremos durante cinco minutos a fuego medio.
  4. Incorporamos el boniato y la leche de coco, llevamos a ebullición y lo cocemos a fuego suave hasta que esté blanco (aproximadamente 15 minutos). Si la leche hubiera reducido, añadimos un poco de agua hasta aligerarlo, aunque ha de quedar poquita salsa.
  5. En el último momento añadimos la manteca de cacahuete y el amchur. Removemos y dejamos cocer un par de minutos más. 
  6. A la hora de servir, acompañamos el curry de boniato con el cuscús y unas hojas de cilantro fresco por encima. 




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Vísperas de Semana Santa, y en la mente de casi todos se dibujan torrijas y más torrijas. Me atrevo a decir que es el postre por antonomasia llegadas estas fechas y que no hay nadie a quien no le guste. ¿O es muy atrevido por mi parte?

Pero las torrijas no vienen solas, que con ellas también llegan las rosquillas, los buñuelos, los pestiños, las flores extremeñas, la mona de Pascua, el bollo de Avilés, y un sinfín de delicias. Solo con pensar en el postre, más de uno sería feliz y podría sobrevivir airosamente a la Semana Santa. Si alguno os animáis a formar un club, apuntad a esta golosa  que para animar el cotarro lleva Leche Frita, otro de los grandes dulces de estas fechas. ¿Alguien más se apunta?

La Leche Frita es un postre suave y delicado que se elabora a partir de leche aromatizada con naranja, limón y canela, y a la que se añade harina para darle una consistencia espesa y manejable, tanto que sea posible cortarla, rebozarla y freírla. Como más rica es tomada justo después de haber pasado por la sartén, templada y con una textura suave, melosa y cremosa

Son muchas las regiones autonómicas españolas que se disputan sus orígenes, pues es prácticamente conocida y elaborada a lo largo y ancho de la península española. Yo siempre la he conocido en casa de mis padres; mi madre, castellano-leonesa, la hacía siendo yo pequeña, y si no fallan mis fuentes, su origen está vinculado a estas tierras. Pero Madrid se regocija de su autoría, como también lo hacen Asturias, Galicia, y otras tantas regiones. 

A quienes sí que parece ser debemos sus orígenes es a las monjas, que idearon esta elaboración para aprovechar la leche sobrante en los tiempos en los que los frigoríficos no se perfilaban ni en las mentes de quienes los idearon. 

Y después de haceros llenar la boca de agua con tan suculento y dulce bocado, qué menos que dejaros la receta, ¿no?

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Receta de Leche frita para Semana Santa


Ingredientes (Para 6 personas)
  • 1 litro de leche entera
  • 150 gr de harina de trigo normal
  • 150 gr de azúcar blanquilla
  • 1 cdta de Maizena
  • 1 rama de canela
  • La piel de medio limón
  • La piel de media naranja
  • Para el rebozado
    • 2 huevos
    • 1 cda de canela en polvo
    • 1 cda de azúcar
    • Aceite de oliva virgen
Utiles necesarios
  • Fuente cuadrada de tamaño 20x20
Elaboración

Método tradicional
  1. En un cazo ponemos la leche, las pieles de fruta y la rama de canela y calentamos. Justo antes de comenzar a hervir retiramos el cazo del fuego, tapamos, y dejamos que infusione durante 15 minutos. Transcurrido este tiempo, colamos la mezcla y desechamos las pieles y la rama de canela.
  2. Tamizamos la harina de trigo y la Maizena. 
  3. Llevamos la leche de nuevo al fuego (medio) y añadimos la harina poco a poco, removiendo con unas varillas para que no se formen grumos. Una vez que toda la harina está incorporada seguimos removiendo y dejamos cocer hasta que la mezcla haya espesado y obtenga textura similar a la de un puré muy espeso.
  4. Vertemos la mezcla en la fuente cuadrada (quedará con un grosor de unos dos dedos), cubrimos con film transparente tocando la superficie de la masa para que no forme costra. Guardamos en la nevera cuando se haya enfriado por completo.
  5. En un platillo mezclamos la canela en polvo con el azúcar. Reservamos.
  6. Cortamos la masa en cuadrados de 4x4 centímetros, rebozamos en huevo y freímos en abundante aceite caliente. Volteamos la leche una vez dorada por uno de sus lados y la retiramos a un plato protegido con papel de cocina cuando se haya dorado por el otro lado. A continuación, y en caliente, rebozamos en la mezcla de canela y azúcar.


Con Thermomix 31
  1. Echamos todos los ingredientes en el vaso, excepto la rama de canela y las pieles, y mezclamos 10 segundos en velocidad 4.
  2. Ponemos la mariposa en las cuchillas, añadimos la rama de canela junto con las pieles, y cocemos durante 10 minutos, temperatura varoma, velocidad 2 y 1/2. Transcurrido este tiempo, cocemos durante 2 minutos más sin temperatura y a la misma velocidad.
  3. Vertemos la mezcla en la fuente cuadrada (quedará con un grosor de unos dos dedos), cubrimos con film transparente tocando la superficie de la masa para que no forme costra. Guardamos en la nevera cuando se haya enfriado por completo.
  4. En un platillo mezclamos la canela en polvo con el azúcar. Reservamos.
  5. Cortamos la masa en cuadrados de 4x4 centímetros, rebozamos en huevo y freímos en abundante aceite caliente. Volteamos la leche una vez dorada por uno de sus lados y la retiramos a un plato protegido con papel de cocina cuando se haya dorado por el otro lado. A continuación, y en caliente, rebozamos en la mezcla de canela y azúcar.
Notas y consejos
  • Es conveniente conservar en la nevera la leche frita que no se consuma en el día.
  • El punto óptimo para tomar la leche frita es en templado, de manera que si tuvieras que consumirla uno o un par de días pasada su elaboración, te recomiendo que la saques de la nevera como mínimo una hora antes. 

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Dice la introducción a esta deliciosa receta de Hot cross buns en el libro The great British book of baking: "Estos bollitos de pan especiados con la marca de un cruz en la masa son comidos tradicionalmente templados al poco de salir del horno el día de Viernes Santo. Dice la tradición que los antiguos egipcios ofrecían unos bollitos de masa de forma redonda a la diosa de la luna, y que los griegos y los romanos se los ofrecían a la diosa de la luz, costumbre tomada del antiguo pueblo sajón, que fueron quienes le añadieron una cruz."

Hot cross buns es el nombre de unos panecillos tipo brioche, con una masa enriquecida por especias como el jengibre, la canela, el clavo y la nuez moscada, lo cual los hace irresistiblemente aromáticos. Y no todo queda aquí, pues el llevar frutas secas incrementa su delicioso sabor, que aunque os cueste creer es delicadamente dulce.

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Británicos, irlandeses, australianos, neozelandeses, sudafricanos, canadienses, indios y angloparlantes varios, celebraban el fin de la Cuaresma y daban la bienvenida a la Semana Santa con estos bollitos con la marca de una cruz. En tiempos de la reina Isabel I de Inglaterra llegaron a ser vistos como una seña católica contra el Protestantismo. Sin embargo, la extendida aceptación que tenían entre el pueblo británico logró que los panaderos pudieran seguir horneándolos, aunque todo sea dicho, excepcionalmente en Semana Santa y Navidad.

La línea que separa lo religioso de lo pagano es en ocasiones tan fina que cuesta creer que pueda haber habido tantas diferencias y contrastes con el paso del tiempo. Hoy en día, la asociación de los hot cross buns con motivos religiosos nació en la costumbre pagana del pueblo anglosajón de celebrar  la vida con la llegada de la primavera en honor a la diosa Eostre, término del que procede el anglosajón Easter (Semana Santa). La cruz de estos bollitos representa el renacimiento del mundo tras el largo invierno y las cuatro separaciones que marca la cruz representan las cuatro fases de la luna, así como las cuatro etapas de la vida: infancia, adolescencia, madurez y senilidad.


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No hay duda alguna de las connotaciones católicas que envuelven la tradición de consumir estos bollitos. De hecho, los hot cross buns son pan, símbolo de la comunión; llevan especias, que representan las especias en las que Jesucristo fue envuelto en su tumba; y llevan la cruz.

Hoy en día, el aura religiosa que rodea los hot cross buns muy posiblemente pasa desapercibida y ha desembocado en supersticiones varias.

Desvaríos o no, para lo que no hay duda alguna es que si quieres disfrutar de un hot cross bun en esencia, lo mejor es tomarlos templaditos, con un poco de mantequilla y mermelada, y por supuesto, tal y como manda la tradición británica, si es acompañados de té, mejor aún. Y añado más: una buena compañía, que comer solo es triste, ¿verdad?


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Receta de Hot Cross Buns - Receta tradicional británica


Ingredientes (Para 12 panecillos)

Para los panecillos
  • 450 gr de harina de trigo de fuerza
  • 50 gr de azúcar blanquilla
  • 1 cdta de sal común
  • 2 cdtas de mezcla de especias (canela, jengibre, clavo)
  • 1/2 cdta de nuez moscada
  • 125 gr de frutas confitadas o secas (arándanos, orejones, naranja, etc) picadas finamente
  • 21 gr de levadura fresca de panadero, o 7 gr de levadura seca
  • 200 ml de leche templada
  • 2 huevos tamaño "L"
Para las cruces
  • 4 cdas rasas de harina de fuerza
  • 2 cdas de agua fría
Para el glaseado final
  • 4 cdas de leche
  • 2 cdas de azúcar blanquilla
Elaboración
  1. En un vaso ponemos la leche, los huevos batidos y la levadura fresca desmenuzada. Si optamos por la levadura fresca, podemos añadirla directamente a la harina. Reservamos.
  2. En un recipiente amplio ponemos la harina, el azúcar, la sal y las especias. Mezclamos bien.
  3. Formamos un volcán en el centro de la masa y agregamos la mezcla de leche y huevos, y a la que iremos incorporando poco a poco la harina con la ayuda de una espátula. Una vez mezclados los ingredientes, incorporamos las frutas deshidratadas, y amasamos el conjunto durante 10 minutos a manos, o 4 en un robot de cocina aproximadamente, o hasta que la masa quede suave y con un aspecto homogéneo. 
  4. Engrasamos el molde en el que reposará la masa, introducimos la masa, la engrasamos para evitar que se seque, tapándola con un gorro de plástico de ducha y guardándola en un lugar alejado de corrientes; un microondas es perfecto. Dejamos levar aproximadamente una hora o hasta que doblen su volumen.
  5. Preparamos una fuente de horno forrada con papel de horno. 
  6. Transcurrido ese tiempo, desgasificamos la masa, hacemos 12 particiones del mismo peso y les damos forma de bollitos redondos. Los reservamos en la fuente y los cubrimos con un paño de algodón a medida que las vamos formando. Dejamos reposar durante unos 45 minutos. 
  7. Precalentamos el horno a 200ºC, calor inferior y superior.
  8. Mientras tanto preparamos la masa con la que dibujaremos las cruces en los panecillos. Mezclamos la harina con el agua. Ha de quedar una masa sólida que introduciremos en una manga pastelera. Transcurrido el tiempo del segundo levado, cortamos el pico de la manga pastelera de manera que quede fino, y dibujamos las cruces en cada uno de los bollitos.
  9. Introducimos la bandeja a media altura en el horno y los cocemos durante 15 minutos.
  10. Mientras tanto preparamos la mezcla del glaseado: templamos la leche, le añadimos el azúcar y mezclamos bien.
  11. Una vez que los bollitos ya estén dorados, los pincelamos con el glaseado nada más sacarlos del horno. 

Notas y consejos
  • Si os sobran panecillos, os recomiendo congelarlos para que no pierdan sus propiedades. La masa, por ser tipo brioche, pierde fácilmente su jugosidad de un día para otro. Tras descongelarlos, no hay cosa que apetezca más que tostarlos ligeramente y untar un poquito de mantequilla y mermelada. ¡Deliciosos!




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¡Que levante la mano quien estuviera deseando que llegara la primavera! Que sí, que sí. Que le teníamos muchas ganitas, y aunque el tiempo esté muy atolondrado y nos vaya dando una de cal y una de arena, es inevitable que los meses, en su avance en el tiempo, nos vayan dejando pequeñas huellas de que las temperaturas se van suavizando poco a poco.

Hoy tenemos nueva entrega de Sabores de Temporada. Para esta nueva edición, la que corresponde con la primavera, he querido traeros un producto de categoría superior: el bacalao Skrei, el cual solo puede pescarse en las gélidas aguas del mar que rodea a las Islas Lafoten, en Noruega, entre los meses de enero y abril. Es considerado "el pata negra de los bacalaos" debido a la finura de su carne, blanca, que se deshace en lascas suavemente, y por su delicado sabor. ¡Todo un manjar!



Es indiscutible la cultura gastronómica que gira en torno al bacalao en nuestro país, y más en concreto al bacalao en salazón. Teniendo a un paso de nosotros la Semana Santa, y sabiendo la gran acogida que tiene el bacalao en nuestros hogares, no se me ocurrió mejor ingrediente como protagonista para cumplir con mi cita. 

Este bacalao no viene solo, que viene cocinado en una salsa de cítricos entre los cuales nos encontramos con el limón, otro producto de temporada y al que de un tiempo a esta parte han empezado a considerar como un "super alimento" por la cantidad de beneficios que aporta a nuestro organismo. A su extraordinario aporte de vitamina C, como todo cítrico, hemos de añadir su poder para ayudarnos a eliminar líquidos, por ser un potente astringente, por protegernos contra algunos tipos de cáncer, por preservar la salud de nuestra vista, la mejora de la digestión y el aumento de apetito; o el de fortalecer nuestros huesos. Y podríamos seguir sumando ...

Mis amigas Paula, de Con las zarpas en la masa, y Neus, de Cocinando con Neus, nos habrán dejado algo rico y también de temporada en sus blogs. No te olvides de pasarte por allí y leer sus ricuras. 

Pero antes de marcharte, mira cómo he preparado este Bacalao en salsa de cítricos:

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Receta de Bacalao Skrei en salsa de cítricos


Ingredientes (Para 4 personas)

  • 4 lomos de bacalao fresco Skrei
  • 1 limón
  • 1 naranja
  • Unas rodajas finas de limón, lima, naranja sanguina, naranja, etc
  • 1 cda de miel
  • 2 cdas de mantequilla sin sal
  • Una ramita de romero fresco
  • Sal
  • Pimienta blanca recién molida
Elaboración
  1. Lavamos los lomos de bacalao y los dejamos escurrir en un colador.
  2. Rallamos la piel del limón y de la naranja, reservándola, y exprimimos su zumo.
  3. Ponemos los lomos de bacalao con la piel hacia arriba en una fuente honda y los cubrimos con el zumo del limón y de la naranja. Los dejamos macerar durante al menos 30 minutos en la nevera. Transcurrido ese tiempo los escurrimos y reservamos el zumo.
  4. En una cazuela pequeña ponemos la mantequilla a derretir. Añadimos el zumo reservado, la ralladura de la piel que teníamos reservada y la cucharada de miel. Añadimos una ramita de romero fresco. Llevamos a ebullición y cocinamos a fuego medio-fuerte hasta que la salsa reduzca hasta casi la mitad. Salpimentamos al gusto.
  5. Salpimentamos los lomos de bacalao y preparamos una plancha, en la que plancharemos los lomos por la piel a fuego fuerte durante entre 2 y 3 minutos, dependiendo del grosor de los lomos.
  6. Pasamos los lomos de bacalao a una cazuela baja y los cubrimos con la salsa de cítricos reducida. Podemos incorporar, de manera opcional, unas rodajas de otros cítricos que tengamos en casa: lima, limón, naranja sanguina o naranja normal. Cocinamos a fuego lento durante un minuto más o hasta que los lomos estén cocinados a gusto de los comensales.
  7. Podemos acompañar el bacalao en salsa de cítricos con arroz cocido o unas verduras a la plancha, como pueden ser unos espárragos o calabacín. 
Notas y consejos
  • Si la salsa no quedara muy espesa, puedes diluir una cucharadita de Maicena en un poquito de agua y añadirlo a la salsa. Dale un hervor rápido y fuerte y listo.