Tarta de queso con galletas Oreo sin horno

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Tarta de queso con Oreos sin horno

Hay una cerveza en España que dice que donde va, triunfa. Pues lo mismo podría decir de esta tarta de queso con Oreos sin horno, porque casa a la que ha ido, casa en la que ha triunfado, y yo, más feliz que una perdiz, por supuestísimo. Y si por añadido, te piden la receta, es que los halagos no son meros cumplidos sino que son verdad absoluta.

Y todo esto os lo cuenta una amante de las tartas de queso. Soy una gran fan del chocolate y de todo lo que lleve chocolate, me encanta el limón en repostería, la almendra me apasiona, pero en cuestión de tartas, la ganadora es la de queso. Siempre ... o casi siempre. Porque a decir verdad las que realmente más me gustan son las que se cuecen en el horno y desconfío de las que no. Pero el caso es que esta tarta de queso con Oreos me mandaba señales de que nos iba a gustar; no en vano, las galletas Oreo son galletas ganadoras en esta familia. 

Y así fue. Fue verla, hacerla, degustarla y disfrutarla mucho. La favorita de niños, y de no tan niños ;)

El hecho de que no se cueza en el horno es uno de sus puntos a favor. En verano hay muchos días en los que no es fácil encontrar valientes que se atrevan a encender el horno. Yo sé que mi amiga Paula, de quien es esta receta, es muy valiente y que lo enciende si hay que encenderlo. Pero también es muy cabal y nos sugiere recetas prácticas como esta. Y yo vengo por detrás haciendo señales de la cabeza asintiendo y dándole toda la razón.

Así que ... si buscas una tarta sin horno, sencilla y rica, aquí tienes esta delicia sacada de la publicada por mi amiga Paula

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Receta de tarta de queso con Oreos sin horno



Ingredientes (Para un molde de 20 centímetros)
  • 308 gr de galletas Oreo
  • 300 gr de queso Philadelphia (o cualquier otro queso crema) + 50 gramos
  • 100 gr de azúcar blanquilla
  • 200 ml de nata para montar (mínimo 35% M.G.)
  • 100 ml de leche
  • 6 láminas de gelatina neutra
Utensilios
  • Un molde desmontable de 20 centímetros de diámetro
  • Papel de horno
Elaboración
  1. Forramos la base del molde con papel de horno.
  2. Reservamos 9 galletas Oreo, 6 de ellas para el relleno, y 3 para decorar la tarta. Trituramos hasta casi pulverizar el resto junto con los 50 gramos de queso Philadelphia. Vertemos sobre la base del molde y la cubrimos por completo aplastando la galleta con la ayuda de una espátula de silicona. Reservamos en la nevera.
  3. En un bol ponemos las hojas de gelatina a hidratar en agua que las cubra. Reservamos.
  4. Trituramos seis de las galletas que habíamos reservado procurando que quede algún trocito un poco más grande, que se haga notar en la tarta. 
  5. Montamos la nata. Reservamos.
  6. Calentamos la leche en el microondas sin que llegue a hervir. Escurrimos la gelatina y la añadimos a la leche. Removemos para diluirla bien.
  7. Batimos los 300 gramos de queso con el azúcar y le añadimos la leche con la gelatina al tiempo que la filtramos con un colador. Batimos todo para asegurarnos de que se reparte bien. A continuación incorporamos la nata montada mezclando con movimientos suaves y envolventes. Por último agregamos las galletas trituradas y mezclamos delicadamente. 
  8. Vertemos la mezcla sobre la base de galletas reservada en la nevera.
  9. Para decorar utilizamos las tres galletas que aún teníamos en la reserva. Separamos cada mitad y las distribuimos alrededor de la tarta.
  10. Refrigeramos un mínimo de 12 horas. 
Notas y consejos
  • Para que la nata monte bien, es importante que la conserves en la parte más fría de la nevera, preferiblemente nunca en la puerta. Otra opción es guardarla en el congelador media hora antes de montarla. 




Rin Ran { Ensalada tradicional de la Sierra de Cazorla }

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Rin ran

La primera vez que leí el nombre de esta receta, rin ran, mi mente lo asoció con el nombre de algún juego infantil. Me picó la curiosidad cosa mala para saber qué se escondía detrás de un nombre tan curioso, y descubrí que de la cosa no andaba entre juego de niños.

Tan solo tenía que seguir leyendo un par de líneas más dentro de la publicación de la receta original para enterarme de que rin ran es el nombre de un "delicioso plato de la gastronomía de Cazorla (Jaén)". 

Pues ya me tenía enganchada a las siguientes líneas, porque quise saber qué diantre era esa receta tan desconocida para mi, y tan tradicional en una cocina que a la par bastante inusual en mi casa.

El rin ran es una ensalada a base de patata que se consume fría, lo cual viene que ni pintado para estos días calurosos de verano que lo que una solo quiere es comer y beber frío.

Me faltó tiempo para animarme a hacerla en casa, y de hecho tomé nota de todos los ingredientes que se necesitan en el mismo instante en que leí la receta. Y a ti te animo a hacerla con la misma premura que la hice yo. A su favor, aparte de lo deliciosa que está, que es un plato único, contundente. Y si es de un día para otro, créeme, mucho más rica, pues los sabores se potencian.

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Receta de Rin Ran

Ingredientes (4 personas)
  • 1 kg de patatas
  • 25 gramos de pulpa de pimientos choriceros (o 4 pimientos choriceros)
  • 2 dientes de ajo
  • 300 gr de bacalao desalado (mejor si son migas)
  • 75 gr de aceitunas verdes sin hueso
  • 75 gr de cebolleta
  • 75 gr de aceite de oliva virgen extra
  • 2 huevos cocidos
  • 1 cdta de comino molido
  • Unas tiras de pimiento rojo asado
  • Sal
Elaboración
  1. Lavamos y secamos las patatas y las envolvemos individualmente con film transparente. Las cocemos en el microondas durante 5 minutos a 800w de potencia; las volteamos y las programamos cinco minutos más. Comprobamos si se han cocido pinchándolas con la punta de un cuchillo, y si la patata no ofrece resistencia, ya está cocida. Si quedara dura, programamos unos minutos más. Dejamos que se enfríen antes de desenvolverlas y de pelarlas para proceder a machacarlas. Sazonamos al gusto.
  2. Cocemos los huevos siguiendo las instrucciones de mi eco-truco que podéis encontrar aquí. A continuación los sumergimos en agua muy fría, los golpeamos suavemente y los pelamos. Cortamos cada uno de los huevos en ocho cuartos. 
  3. Una vez que hemos machacados las patatas, le añadimos la pulpa de pimiento choricero. Si los pimientos fueran secos, hemos de hidratarlos en agua caliente al menos con una hora de antelación. Para extraer su pulpa, raspamos el interior de la piel con la punta de un cuchillo.
  4. Machacamos los dientes de ajo junto con el comino y una pizca de sal. Añadimos un par de cucharadas de aceite, mezclamos y agregamos la mezcla a la patata.
  5. Añadimos el aceite de oliva a la patata poco a poco hasta obtener un puré suave y aterciopelado. 
  6. Pelamos y picamos la cebolleta en trocitos muy pequeños, reservando un cuarto para adornar la ensalada y la añadimos a la patata.
  7. Laminamos las aceitunas y las agregamos a la patata.
  8. Reservamos cuatro cuartos de huevo cocido, y el resto lo añadimos a la patata.
  9. Incorporamos las migas de bacalao, que pueden ir sin cocer o habiéndoles dado un ligero hervor previamente. Yo las empleé sin cocer y tan ricas.
  10. Ponemos la ensalada en una fuente y adornamos con los cuartos de huevo, la cebolleta picadita, unas lonchitas de aceituna, unas tiras de pimiento rojo asado y un chorrito de aceite de oliva virgen extra.

Visto en Cogollos de agua.


Poke bowl

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¿Qué es el poke bowl?

Cada vez es más frecuente toparnos con nuevas tendencias gastronómicas, normalmente importadas de otros países. Uno de los casos más recientes es el poke bowl, una elaboración que, personalmente, me encanta. 

El poke bowl es un plato de origen hawaiano que de nuevo tiene muy poco. Lleva formando parte de la cultura culinaria de Hawai desde hace siglos. Sin embargo, esta nueva tendencia que últimamente nos deslumbra por las redes en torno a una vida más saludable, tanto en lo gastronómico como en hábitos de vida sana, nos ha acercado este tipo de elaboraciones tan novedosa para nosotros, españoles. 

En casa nos gusta el poke bowl porque es un plato que puedes elaborar muy a tu antojo, eligiendo los ingredientes que más te gusten. Es super completo, nutricionalmente hablando, y riquísimo por la combinación de sabores de todos los ingredientes que lo forman. En un poke bowl intervienen los siguientes elementos: 
  • El hidrato: la tradición dicta que ha de ser arroz, bien integral o bien blanco. Pero atrévete con quinoa, con cuscús o tallarines tipo soba, ¿por qué no?
  • La proteína: bien animal, con pescados originarios de las islas hawaianas, entre los cuales se encuentra el atún. Pero por temas de distancia, por estas latitudes europeas podemos además elegir otros pescados como salmón, gambas e incluso vieras; o una proteína vegetal, donde se encuentra el tofu.
  • La ensalada: que aportará frescor, color y textura al plato, y donde podemos encontrar desde hojas (espinacas, kale, lechugas variadas) hasta frutas (piña, papaya o aguacate).
  • El marinado: en el que sumergiremos nuestro pescado para que su sabor lo impregne intensamente.
  • El aliño: donde encontramos mayonesas, salsa de soja, miso o sriracha, entre otros.
Un elemento super importante que no puede formar parte de vuestra lista de la compra es la calidad del pescado. ¡Super imprescindible! Sin un buen pescado, sin una esmerada y delicada manipulación del mismo, es imposible que el resultado final de un poke bowl sea extraordinario.

La receta que te muestro está elaborada teniendo en cuenta nuestros gustos personales, y es tan solo una idea de las muchas con las que te puedes encontrar.

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Receta de poke bowl

Ingredientes (4p)
  • 400 gr de salmón limpio de piel, espinas y grasa
    • 8 cdas de salsa de soja
    • 2 cdas de aceite de sésamo
    • 2 cdas de vinagre de arroz
    • 1 cdta de jengibre fresco rallado
    • 1 cda de zumo de lima
  • 200 gr de arroz integral
  • 90 gr de ensalada de algas (de venta en grandes superficies)
  • 1 aguacate maduro
  • 1 zanahoria grande
  • 6 cdas de mayonesa
  • 1 cda de salsa sriracha
  • 8 tomates cherry
  • Cilantro fresco
  • Semillas de sésamo tostado
Elaboración
  1. Empezamos cociendo el arroz. Ponemos agua a calentar en una olla grande y llevamos a ebullición. Una vez que el agua haya roto a hervir, salamos el agua y echamos el arroz, removemos y lo cocinamos siguiendo las instrucciones del fabricante. Una vez que esté cocido, lo escurrimos en un colador grande y lo refrescamos. Reservamos.
  2. Diez minutos antes de empezar a preparar nuestro poke bowl, cortamos el salmón en dados pequeños de un centímetro de tamaño. Lo disponemos en un recipiente y lo aliñamos con la salsa de soja, el aceite de sésamo, el vinagre de arroz, el zumo de lima y el jengibre. Removemos y dejamos macerar. 
  3. Preparamos los toppings
    1. Para pelar el aguacate, lo cortamos por la mitad partiendo del extremo, retiramos el hueso y sacamos la carne de aguacate con una cuchara siguiendo el borde de la piel. Ponemos cada mitad sobre una tabla de cortar y lo loncheamos en láminas de unos 2 milímetros de grosor. Lo aplastamos al mismo tiempo que lo extendemos para formar una abanico. Reservamos.
    2. Pelamos la zanahoria y con la ayuda de un pelador sacamos tiras muy finas. Reservamos.
    3. Lavamos y pelamos los tomates cherry y los cortamos en cuatro cuartos.
    4. Mezclamos la mayonesa con la salsa sriracha y reservamos.
    5. Escurrimos el salmón, reservando los jugos del marinado.
Montaje
  1. En la base de un plato hondo ponemos el arroz, sobre este una cucharada de la mayonesa picante.
  2. Distribuímos alrededor los toppings: el aguacate, la zanahoria, las algas y los tomatitos. 
  3. En el centro ponemos el salmón, espolvoreamos unas semillas de sésamo y unas hojas de cilantro fresco.
  4. Por último, vertemos el jugo del marinado en forma de hilo por encima del poke bowl.
  5. Servimos con un poco más de mayonesa picante.



Contramuslos de pollo al ajo y lima

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Contramuslos de pollo al ajo y lima

No siempre es cuestión de falta de tiempo lo que nos impide hacer recetas que se salgan del clásico pollo a la plancha con especias; en ocasiones son ganas las que necesitamos para ponernos el delantal y plantarnos delante de la cocina con todos nuestros artilugios. Seguro que sabes de lo que hablo, ¿verdad?

Puede que 15 minutos no nos den para mucho. O sí, porque incluso en décimas de segundo podemos salvar una vida. Pero este no es ni el momento ni el lugar, ni yo soy quien, para hablarte de ello, aunque sí que es una ocasión estupenda para contarte cómo saciar tu hambre, y el de tus comensales, en tan solo 15 minutos, con una receta fetén, fetén, y sin que se nos vaya la vida en ello, ja ja ja.

Esta receta de contramuslos de pollo al ajo y lima no te va a llevar más de eso: 15 minutos, y si te parece mucho tiempo, una vez que los hayas cocinado y comido te darás cuenta de la estupenda inversión que has hecho de ese tiempo en la cocina. 

Para hacer esta receta he utilizado contramuslos de pollo deshuesados y sin piel, aunque unas pechuguitas quedarían también estupendas. La carne de la parte del contramuslo del pollo se caracteriza por ser una carne muy jugosa y tierna. También es cierto que culpa de ello es la cantidad de grasa que tiene. Pero lo bueno es que al no estar infiltrada, resulta muy fácil retirarla con la ayuda de unas tijeras. Para mi, este es un paso siempre imprescindible cuando compro esta parte del pollo. Y esta labor me resulta más sencilla si le pido al carnicero que deshuese los contramuslos. De esta manera no hay que mancharse las manos ni una pizquita en la mesa. 

Esta receta nos ha gustado por dos motivos: uno, su jugosidad, básicamente dado por haber empleado la parte de los contramuslos; y dos, su fascinante sabor, mezcla de las especias, del ajo y de la lima que impregna el pollo y que rebosa en la salsita que lo acompaña. Y por ello te voy a pedir muy encarecidamente que lo hagas. Te aseguro que no te defraudará. ¡Palabrita!

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Receta fácil de contramuslos de pollo al ajo y lima



Ingredientes (4 personas)
  • 4 contramuslos de pollo deshuesados sin piel
  • 1 cdta de ajo deshidratado en polvo
  • 3/4 cdta de sal común
  • 1/2 cdta de pimentón dulce (o al gusto: ahumado, o mezcla picante-dulce)
  • 1 cdta de perejil fresco picado
  • 1/4 cdta de pimienta molida
  • 2 cdas de mantequilla
  • 1 cda de AOVE
  • 3 dientes de ajo (1 cdta) de ajo machacado
  • 3 cdas de zumo de lima (aproximadamente 1y 1/2 limas)
  • Ralladura de una lima
  • Perejil fresco picado para adornar al final (opcional)
Elaboración
  1. En un recipiente pequeño mezclamos todas las especias y con ellas embadurnamos bien las dos caras de cada uno de los contramuslos de pollo. Los cubrimos con film transparente y los guardamos en la nevera una hora aproximadamente. 
  2. Exprimimos el zumo de las limas y rallamos la piel de una de ellas. Reservamos.
  3. En una sartén ponemos la mantequilla y el aceite a calentar y doramos los contramuslos entre 3 y 4 minutos por cada lado (dependerá de lo grandes que sean).
  4. Agregamos los dientes de ajo machacados, repartiéndolos bien entre los jugos del fondo de la sartén.
  5. Incorporamos el zumo de lima y la ralladura, y con una cuchara napamos la salsita por encima de la carne. 
  6. Como nos habrá sobrado media lima, la cortamos en cuatro cuartos y la repartimos por los contramuslos. Espolvoreamos un poco de perejil picado fresco por encima y listo.
Notas y consejos
  • Aunque obviamente estos contramuslos de pollo los puedes servir directamente en tu mesa nada más terminar de cocinarlos,  mi consejo es que los dejes reposar unos veinte minutos. El reposo hace que la carne segregue sus jugos y la salsa que aún más sabrosa. En este caso, tendrás que recalentar de nuevo la carne antes de servirla.
  • Puedes acompañar estos contramuslos de pollo con una ensalada verde, pero tus comensales agradecerán tener una buena ración de patatas o de arroz blanco como guarnición.

Receta vista en The stay at home chef.








Hummus de guisantes frescos y menta

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Hummus de guisantes frescos y menta

¿Quién dijo que es necesario tener una excusa para celebrar algo para organizar un picoteo? La verdad es que no hay requisito alguno para sacar a la mesa unos taquitos de queso, unas patatas fritas, unas aceitunas o unos frutos secos, que son ingredientes que quien más y quien menos tiene en su despensa.

Hay ocasiones en las que la excusa para ese picoteo es justamente preparar algo que va a protagonizar ese momento, como es el caso de este hummus de guisantes frescos y menta. Para  mi la excusa es el querer aprovechar un ingrediente de temporada tan fabuloso como son los guisantes frescos, que me tienen totalmente loca. Busco y busco recetas en las que emplearlos lejos del clásico salteado de guisantes con jamón, como guarnición o simplemente cocidos, sin más, que para mi son una delicia, tanto que incluso en alguna ocasión los he comido totalmente crudos.

El color verde que los caracteriza solo nos indica que es un producto fresco, pero no lo confundáis con una verdura. Los guisantes son un tipo de legumbre, super ricos desde un punto de vista nutricional, con un importante aporte de proteínas, de vitaminas, y de fibra, y sin embargo bajo en calorías.

Fuera aparte del guisante más común, en España nos encontramos con la variedad lágrima, procedente de la región catalana de Maresme, y que son super suaves y tiernos, y que una vez cocidos  se siente como explotan en la boca, de ahí que se les conozca con el sobrenombre de "guisante caviar". Y os puedo asegurar que son un verdadero manjar.

Mi hummus de guisantes frescos y menta es mi apuesta para el #RetoSaboresDeTemporada que organizamos entre, Neus, Paula y yo, y al que cualquiera de vosotros que lo desee puede unirse por Instagram. Tan solo tienes que añadir a tu publicación el hashtag que puedes ver tres líneas más arriba para poder ubicar tu publicación.

Ahora no me queda más que explicarte qué necesitas para hacer esta delicia de hummus, una receta que invita a dipear sin parar :D

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Receta de hummus de guisantes frescos y menta

Ingredientes (Para 4 personas)

  • 100 gr de guisantes frescos (pueden ser congelados)
  • 200 gr de garbanzos cocidos
  • 1 cda de tahina
  • 1 diente de ajo machacado
  • Zumo de medio limón
  • 2 cdas de AOVE
  • 2 gr de hojas de menta fresca
  • Sal al gusto
  • Pimienta blanca al gusto
  • Semillas de sésamo tostadas
Elaboración
  1. Pon todos los ingredientes, excepto el aceite, en el vaso de un robot de cocina y tritura hasta conseguir una textura de papilla de bebé espesa.
  2. Con una espátula baja los restos de las paredes del vaso y agrega el aceite. Remueve para integrarlo. Si el hummus queda muy espeso, agrega agua hasta conseguir una textura que se ajuste a tu gusto.
  3. A la hora de servir, adorna con un chorrito de aceite, espolvorea unas semilla de sésamo tostado y adorna con unos guisantes y unos garbanzos enteros y unas hojitas de menta fresca. Acompáñalo con picos camperos o con palitos de zanahoria.
Receta de Salted mint.





Köttbullar o albóndigas suecas

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Köttbullar o albóndigas suecas

Aparte de las albóndigas que hace tu madre y las que hacía la mía, solo hay una receta que las iguala en fama: las albóndigas suecas, conocidas en Suecia como köttbullar, y en España como las albóndigas de Ikea.

La verdad es que el famoso fundador de este gran imperio conocido como Ikea, Ingvar Kamprad, ya desaparecido, tuvo grandes ideas que han llegado a cientos de rincones de todo el mundo, y por añadido idear una comida que pudiera convertirse en el reconstituyente energético que todo comprador podría necesitar tras darse un paseíto por su enorme tienda. (Importante: interpretar el término "paseíto" en tono irónico). 

Nunca jamás les he comprado las archiconocidas albóndigas suecas con su salsita y con su mermelada de grosellas. Nunca. ¿Tanto puede costar (en tiempo) elaborarlas? Si eres ducho en artes albondiguiles, el esfuerzo en hacer estas bolitas de carne tenía que ser poco, un "esfuerzo", que confieso, me resulta relajante.

Sabía que Bea, del blog Bea Recetas y más, tenía en su poder la receta, y en ella he basado la elaboración de la mía, aunque con algún cambio (con permiso de mi fuente inspiradora).

Una vez que pruebes estas albóndigas con su salsita de carne, la mermelada y ese puré de patata que sirve para rebañar la salsa restante en el plato, entenderás por qué esta receta ha tenido una aceptación tan grande entre el público. El sabor del conjunto es inigualable. ¡Buenísimas!

Pues nada, aquí te dejo la receta. Eso sí, no soy quien para impedirte darte un paseo por la afamada tienda, un paseíto del que seguro, seguro, saldrás con algo en la bolsa de la compra, ja ja ja.

Receta de köttbullar o albóndigas suecas


Ingredientes (Para 4 personas - aprox. 36 albóndigas)

Para las albóndigas
  • 500 gr de carne picada de ternera (o mixta)
  • 70 gr de cebolla
  • 40 gr de miga de pan tierno
  • 120 ml de nata liquida o leche
  • 1/2 cdta de pimienta blanca
  • 1/4 cdta de nuez moscada
  • Sal
Para la salsa
  • 35 gr de mantequilla
  • 35 gr de harina de trigo
  • 300 gr de caldo de carne
  • 50 gr de nata líquida
  • 1 cdta de salsa Worcester
  • Sal
Acompañamiento
  • 800 gr de patatas
  • 1 cda de sal
  • 50 gr de mantequilla sin sal
  • 8 cucharadas de leche
  • 1/4 cdta de nuez moscada
  • Agua de la cocción de las patatas si fuera necesario
  • Además: mermelada de grosellas, de arándanos negros o de frambuesa 
Elaboración

Del puré de patata
  1. Ponemos abundante agua a cocer y llevamos a ebullición; sazonamos con la sal y añadimos las patatas peladas y cortadas en trozos. Las cocinamos durante 15 minutos o hasta que estén tiernas. Escurrimos y las pasamos a una fuente amplia.
  2. Añadimos la mantequilla cortada en daditos y aplastamos la patata con un prensa patatas. 
  3. Agregamos la leche y la nuez moscada, y ajustamos el punto de espesor a nuestro gusto añadiendo agua de la cocción a poquitos si fuera necesario. Comprobamos el punto de sal. Reservamos.
De las albóndigas
  1. Desmigar el pan y mezclarlo con la nata para humedecerlo bien. Reservar 10 minutos aproximadamente.
  2. Rallar la cebolla, incorporarla a la carne, junto con la miga de pan, la pimienta, la nuez moscada y la sal. Mezclar todo, tapar con film transparente y reservar en la nevera una hora. 
  3. Transcurrido este tiempo, formar bolas del tamaño de una nuez y freírlas en una sartén amplia en la que habremos puesto aceite que cubra la base. Retiramos a una fuente protegida con papel de cocina.
De la salsa
  1. En la misma sartén en la que hemos dorado las albóndigas ponemos la mantequilla a derretir, agregamos la harina, removemos hasta dorarla un par de minutos e incorporamos el caldo de carne y la cucharadita de salsa Worcester. Llevamos a ebullición y cocinamos a fuego suave unos dos minutos.
  2. Agregamos la nata líquida, removemos y rectificamos de sal si fuera necesario antes de distribuir las albóndigas en el interior de la salsa. Tapamos y las cocinamos a fuego suave durante cinco minutos más para que espese la salsa ligeramente.
Montaje
  • Servimos las albóndigas junto con el puré de patata y mermelada.
Notas y consejos
  • A la hora de dar forma a las albóndigas, es conveniente no presionarlas mucho para que no queden muy duras al cocinarlas. 
  • Si no tienes caldo de carne, puedes sustituirlo por agua con media cucharadita de concentrado de carne Bovril. 





New York cheesecake { Tarta de queso estilo New York }

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New York cheesecake 

De un tiempo a esta parte he llegado a una conclusión: no hay carta de postres sin tarta de queso. Hoy en día, la tarta de queso es un "imprescindible" en la carta de cualquier restaurante, sea el que sea: sea un restaurante de carretera, un restaurante de barrio, un restaurante en una zona de moda, una cafetería cualquiera o de renombre. 

Soy de ese tipo de clientes que en cuanto ven la tarta de queso entre sus sugerencias, se tira en plancha a por ella. Pero ... ¡eh!, con tiento. Si la tarta no va al horno, entonces sigo buscando entre la carta de postres para encontrar otro que me tiente más. Sin embargo, si la tarta va al horno ... me disparo y levanto la mano pidiendo que me traigan una porción, aunque en realidad me comería la tarta entera, ja ja ja.

Para una amante empedernida de las tartas de queso como yo hay una cuestión inexplicable a fecha de hoy: ¿cómo puede ser que en mi blog solo tenga dos recetas: una de mascarpone y requesón (ojito con la foto, que es de la época de "Cuéntame"), y otra mucho más actual y muy propia para el verano y que está de muerte lenta a pesar de que no precisa horno: tarta de queso con moras. Pues eso ... ¡cómo puede ser! 

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Bueno, pues para solventar esta situación hoy os traigo la típica New York cheesecake, o sea sé: tarta de queso al estilo New York. Lo que hace a una New York cheesecake diferente de cualquier otro tipo de tarta de queso es, por una parte, su densidad. No lo podemos negar que tan densa como es así es su aporte energético. Otro aspecto que la caracteriza es la base crujiente de galleta o de crackers; y por último, la capa de nata fresca que la recubre.

Lo que me gusta de esta New York cheesecake es su suavidad aterciopelada, su cremosidad, su densidad, sentir que se deshace en la boca dejando un claro rastro del queso con el que se ha elaborado, con un sutil sabor alimonado. Y algún otro secreto ha de tener este tipo de tarta que fluye  químicamente de la mezcla de todos estos ingredientes y que hace que sea tan adictiva.

Pues si tienes al diablillo sentado en tu hombro y no para de pincharte con el tridente incitándote a hacerla, véndete a él y viaja al infierno. ¡Disfruta!

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Receta de New York cheesecake { Tarta de queso estilo New York }



Ingredientes (Para 4-5 personas)

Para la base
  • 65 gr de mantequilla derretida
  • 100 gr de galletas tipo Digestive
  • 1/2 cda de azúcar moreno
Para la tarta de queso
  • 665 gr de queso crema tipo Philadelphia
  • 185 gr de panela
  • 2 cdas de harina de trigo
  • 1 cdta de extracto de vainilla
  • 1 y 1/2 cdas de ralladura de limón
  • 1 cda de zumo de limón
  • 3 huevos tamaño "M"
  • 210 ml de nata agria
Para la capa de nata agria
  • 100 ml de nata agria
  • 1/3 cda de panela
  • 1/3 cdta de zumo de limón
Utensilios
  • Un molde desmontable de 18 cm de diámetro
  • Papel de hornear
Elaboración
  1. Prepara el molde forrando la base con papel de hornear. Reserva.
  2. Precalienta el horno a 175ºC, con calor superior e inferior.
  3. Empezaremos preparando la base de la tarta. Parte las galletas e introdúcelas en una bolsa de alimentación con autocierre y golpéalas con un rodillo de madera hasta convertirlas en migas. Viértelas en un recipiente y añade la mantequilla fundida y el azúcar; mezcla bien. Vierte la mezcla en el molde y presiónala con una cuchara para que quede bien firme. Reserva el molde en la nevera durante al menos media hora.
  4. Seguimos con la preparación de la tarta de queso. Pon el queso en el vaso de un robot y bátelo durante 2 minutos hasta que quede cremoso. Incorpora la panela poco a poco, incorpora la harina y la pizca de sal y mezcla.
  5. Prosigue con el extracto de vainilla, el zumo de limón y la ralladura. Mezcla bien.
  6. Incorpora los huevos, uno a uno, sin añadir el siguiente hasta que no se haya integrado el anterior. 
  7. Añade la nata agria y mezcla lo suficiente hasta que se haya integrado.
  8. Vierte la masa en el molde sobre la galleta.
  9. Introduce la tarta en el horno a media altura y cocínala entre 50 y 60 minutos aproximadamente, y deja la tarta en el interior del horno, a ser posible hasta el día siguiente (si es que la has cocinado por la tarde). La tarta terminará de cocinarse dentro del horno.
  10. Una vez que la tarta esté completamente fría, preparamos la capa de nata agria mezclando los tres ingredientes. Extendemos sobre la tarta de queso, y la introducimos en la nevera durante al menos dos horas más. 
  11. Acompañar servida de mermelada (fresa, frambuesas, arándanos) o sin nada, que es como particularmente más me gusta a mi.
Visto en BBC Good Food.




Albóndigas de garbanzos y tomates deshidratados

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Albóndigas de garbanzos y tomates deshidratados

Algunas veces me llevo sorpresas con las recetas que salen de mi cocina. En lo que se refiere a albóndigas, si eres seguidor de mi blog, ya te habrás dado cuenta de que hay un amor especial hacia todo ingrediente que sea tan versátil como para adoptar una forma redondita y convertirse en albóndiga. Sin embargo, en lo que se refiere a emplear ingredientes que se pueden con los que crear recetas puramente veganas, siempre me surgen dudas de si el resultado final gustará a mis comensales. 

Estas albóndigas de garbanzos y tomates deshidratados son absolutamente deliciosas. ¡Palabrita! Y estoy más que segura de que cualquier carnívoro se desharía por ellas. Tienen un sabor muy mediterráneo, o al menos, es como lo calificaría yo. Y no creo que ande muy desencaminada, pues cuando garbanzos, tomates deshidratados, albahaca, orégano y otras especias deciden amalgamarse para formar estas ricas albóndigas, su sabor y su olor no me recuerda a otra cocina que no sea la mediterránea. 

Me inspiré en una receta que encontré en el blog 24 zanahorias, y yo le hice algunos cambios que resultaron en ser la receta que os explico unas líneas más abajo y que tanto nos ha gustado. 

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Receta de albóndigas de garbanzos y tomates deshidratados



Ingredientes (aproximadamente 25 albóndigas)

Para las albóndigas
  • 100 gr de almendra cruda
  • 2 dientes de ajo
  • 2 ramas de albahaca fresca
  • 1 cda de orégano seco
  • 1 y 1/2 cdta de comino en polvo
  • 1/2 cdta de cúrcuma
  • 2 cdas de tahina
  • 400 gr de garbanzos en conserva
  • 40 gr de tomate deshidratado, mejor si no es en aceite
  • 1 huevo tamaño "L"
  • 4 cdas de AOVE
  • 1/2 cdta de sal común
  • Pimienta blanca recién molida
  • Pan rallado fino para empanar y freír
  • Una cucharada de almendra laminada
Para la salsa de tomate
  • 1 bote (aproximadamente 400 gr) de tomate triturado entero
  • 1 cebolla
  • 2 dientes de ajo
  • Unas hojas de tomillo, albahaca, orégano, romero fresco (al gusto)
  • AOVE
  • Sal 
  • Pimienta blanca

Elaboración
  1. Dorar las almendras en una cucharada de aceite en una sartén. Remover de vez en cuando para evitar que ennegrezcan, pues amargarían. Retiramos del fuego y dejamos enfriar. 
  2. En un robot de cocina ponemos las almendras ya enfriadas, los dientes de ajo, las hojas de albahaca, el orégano, el comino, la cúrcuma, la pimienta blanca al gusto y la sal y las trituramos hasta que quede una consistencia muy fina. 
  3. Añadimos el tomate deshidratado y lo trituramos hasta que queden trocitos muy pequeños.
  4. Agregamos los garbanzos, el huevo, la tahina y una cucharada de aceite, y trituramos. A mi me gusta que queden algunos trocitos de garbanzos más gruesos.
  5. Vertemos la mezcla en un recipiente, lo tapamos con film transparente, y lo reservamos en la nevera durante al menos una hora. 
  6. Mientras tanto, vamos preparando la salsa de tomate: 
    1. En una cazuela baja ponemos a calentar dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra, pelamos los dientes de ajo y los doramos en él.
    2. Pelamos y picamos la cebolla, la añadimos a la cazuela, y la doramos junto con los dientes de ajo.
    3. Añadimos el tomate triturado, las hierbas aromáticas, sal y pimienta. Tapamos la cazuela y dejamos que se vaya cocinando la salsa despacio a fuego medio-bajo. De vez en cuando removemos la salsa y aplastamos el tomate con el canto de la cuchara. Lo dejamos reducir unos 20 minutos en total. 
  7. Transcurrida la hora de reposo, ponemos dos cucharadas de aceite de oliva a calentar en una sartén, formamos bolas del tamaño de una nuez, las rebozamos en pan rallado y las doramos por ambas caras. Si fuera necesario reponer más aceite (que lo será), lo hacemos. A medida que se van friendo las albóndigas, las retiramos a una fuente con papel de cocina para que absorba el exceso de aceite. 
  8. Servimos las albóndigas sobre una cama de salsa de tomate, unas almendras laminadas y una pizca de orégano espolvoreado por encima. 


 



Arroz con leche cremoso tradicional



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Arroz con leche cremoso

Hay recetas del pasado que permanecen inalterables en el recuerdo, y eso es lo que le pasa a mi memoria cuando llega el momento de hablar del arroz con leche. Es el mero hecho de oírlo mencionar, para que algo en mi interior comience a revolucionarse: estimula mis papilas gustativas y activa mi olfato aún cuando ni tan siquiera lo tengo cerca.

Un postre tan tradicional y tan nuestro como el arroz con leche nos enraíza inmediatamente con nuestra infancia, o al menos a mi me pasa.  Es el postre que mi madre hacía con mayor frecuencia, el postre que en muchas, muchísimas ocasiones, nos encontrábamos mi hermano y yo en la mesa al llegar del colegio para la hora de la comida.

Para el recuerdo ha quedado también aquel día en el que estando ella malita y atacada con la maldita enfermedad que nos la arrebató, llegamos mi hija y yo a casa de mis padres para comer después de salir del trabajo, y para gran sorpresa nuestra tenía unos cuencos de arroz con leche como postre. Fue el último arroz con leche que nos cocinó.


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Si hay una cualidad que se precisa tener para hacer arroz con leche es paciencia, músculo en los brazos y una silla en la que sentarse para mantener vigilado el arroz de la cazuela durante el mínimo tiempo de reposo en el que descansará ese brazo harto de girar y girar la cuchara. 

En mi familia siempre nos ha gustado el arroz con leche cremoso, suave, dulce y de grano suelto. Remover el arroz constantemente ayuda a que este desprenda el almidón, de ahí su cremosidad. En mi receta, la receta de mi madre, esta cremosidad está un punto por encima por el hecho de añadir nata. 

Esta receta va por todas las madres del mundo, pero en especial por la mía, que es la que mejor me conocía.

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Receta de arroz con leche cremoso

Ingredientes (Para 6 personas)
  • 1 litro de leche
  • 250 ml de nata
  • 100 gr de azúcar blanquilla
  • 1 rama de canela
  • 1 vaina de vainilla
  • La piel de un limón (sin la parte blanca)
  • La piel de media naranja (sin la parte blanca)
  • 100 gr de arroz de grano redondo
  • Canela en polvo para espolvorear
Elaboración
  1. En una cazuela amplia ponemos la leche, la nata, la rama de canela, la vaina de vainilla y las pieles del limón y de la naranja y el arroz. Llevamos a ebullición, bajamos la potencia del fuego, y cocinamos durante 45 minutos. Removemos con frecuencia, con suavidad con la ayuda de una cuchara de madera.
  2. Transcurrido este tiempo, el arroz ya estará plenamente cocido y blandito. Es el momento de retirar la vaina de vainilla para extraer sus semillas. Para ello, una vez que hemos sacado la vaina de la cazuela, la dejamos enfriar un par de minutos con el fin de abrirla por la mitad y extraer las semillas con la punta de un cuchillo. Añadimos las semillas a la cazuela, agregamos el azúcar, removemos bien y dejamos cocinar unos 5 minutos.
  3. Retiramos las pieles de limón y naranja y los palos de canela antes de repartirlos en vasitos individuales, y dejamos enfriar. 
  4. Una vez fríos, espolvoreamos canela en polvo al gusto.
Notas y consejos
  • Para apreciar al máximo el sabor del arroz con leche, es aconsejable tomarlo a temperatura ambiente. 
  • En lugar de canela, puedes espolvorear azúcar y quemarla con un soplete de cocina.

Flan de huevo al horno. Cómo desmoldarlo fácilmente

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Flan de huevo al horno - { Receta tradicional }

Hace un par de meses, uno de mis seguidores en Instagram me dejó un mensaje que decía: "¿Para cuándo una receta del flan de toda la vida?". Lo que este mensaje hizo fue hacerme reflexionar sobre las recetas que llevo a mi cocina y que aquí os presento. En muchas ocasiones viajan desde otros países porque considero que es enriquecedor indagar, descubrir y probar otras elaboraciones de las que jamás antes habíamos oído hablar. Y sin embargo, no caemos en la cuenta de que a pesar de ello, nos gusta disfrutar mucho de nuestra gastronomía, como es el caso de un buen flan de huevo al horno tradicional de toda la vida. 

Por imposible que os parezca, jamás, jamás había hecho un flan de huevo al estilo tradicional antes de que las palabras de mi seguidor me empujaran a esta reflexión. Y fue por ello que me dije que este iba a ser el momento para elaborarlo. Y fue dicho y hecho.

Si me dejo llevar por la memoria hacia los años de mi infancia y adolescencia, recuerdo que mi abuela materna era muy dada a hacer flan con los huevos que ponían sus gallinas. Esos huevos de yema de un color naranja intenso, de una clara compacta y densa, huevos de los que yo no tenía muy buen parecer. ¡Vaya usted a saber el por qué de tamaña tontería!

El caso es que hoy no pienso ni remotamente lo mismo: ni repudio esos huevos tan ricos, 100% ecológicos, de gallinas alimentadas de forma natural, que viven al aire libre; y ni miro a otro lado cuando tengo delante de mi un flan de huevo casero. Y os pido a vosotros que no miréis a otro lado teniendo delante de vosotros esta receta tan fácil, tan rica y tan, tan nuestra.

De estos flanes de huevo caseros nos ha gustado muchísimo la suavidad en la boca, lo cual se consigue al lograr que durante la cocción no se formen burbujas. Tienen un punto de dulzor muy equilibrado. Francamente: están deliciosos.

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Cómo desmoldar un flan fácilmente

Me gusta mucho el formato individual, y más aún con la forma tan bonita que adquieren en estos moldes ondulados que ya son míos para siempre, heredados, porque sí, de mi madre. 

Puede que pienses, o que hayas comprobado por ti mismo, que desmoldarlos puede ser una tarea un poco difícil si lo que quieres conseguir, como es obvio, es que mantengan su forma perfectamente perfecta al desmoldarlos. Para que la fase de desmoldado tenga un resultado impoluto, haz lo siguiente: 
  1. Pon agua muy caliente en un plato hondo, 
  2. Introduce el molde con el flan, y deja que el calor del agua deshaga el caramelo durante unos 3-4 minutos. 
  3. Retira el molde, sécalo, haz una leve presión con la yema de los dedos sobre el flan en cada una de las ondas que forma el molde para así despegarlo un poquito, 
  4. Pon un plato pequeño sobre él, sujeta ambos con las dos manos y gíralo dando un golpe seco (o puede que dos o tres - siempre manteniendo la misma posición manos-plato-molde). Cuando oigas el flan caer ... ¡voilá! ¡Ahí lo tienes desmoldado!
Después de estos pequeños trucos, ¿te animas a hacer tu propio flan de huevo casero al horno? Mi siguiente reto ahora es hacer natillas en casa.


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Receta de flan de huevo al horno tradicional

Ingredientes (Para 6 unidades)

Para los flanes
  • 350 ml de leche
  • 150 ml de nata líquida
  • 4 huevos tamaño "L"
  • 2 yemas de huevo
  • 125 gr de azúcar blanquilla
  • 1 vaina de vainilla
Para el caramelo líquido
  • 100 gr de azúcar blanquilla
  • 3 cdas de agua
  • 1 cdta de zumo de limón
Elaboración
  1. En una cazuela pequeña ponemos a calentar la leche, la nata y la vaina de vainilla. Llevamos a ebullición y en cuanto rompa a hervir, retiramos del fuego. Sacamos la vaina y con cuidado de no quemarnos, la abrimos por la mitad a lo largo, extraemos las semillas y las incorporamos a la leche junto con la vaina. Tapamos y dejamos reposar 30 minutos.
  2. En una sartén pequeña ponemos los ingredientes para hacer el caramelo líquido, los removemos al principio y calentamos SIN TOCAR con ningún utensilio a lo largo de toda la cocción. Cuando comience a adquirir un color dorado, lo retiramos del fuego y lo repartimos entre las seis flaneras. Inmediatamente giramos los moldes para extender el caramelo hasta la mitad de las paredes de las flaneras porque se endurece rápidamente. Reservamos.
  3. Precalentamos el horno a 160ºC con calor superior e inferior.
  4. Mientras la leche se enfría, en un recipiente amplio batimos los huevos, las dos yemas y el azúcar sin llegar a espumarlos para evitar que entre aire y que se formen esas burbujas en la cocción.
  5. Transcurrido el tiempo de reposo de la leche, vertemos esta poco a poco en los huevos batidos y removemos al mismo tiempo. Después pasamos la mezcla por un colador a una jarra y desde aquí la repartimos en las flaneras. 
  6. Colocamos las flaneras en una fuente honda apta para horno y rellenamos con agua hasta la mitad de las paredes de los moldes. Introducimos en el horno y cocinamos en una altura baja durante 40 minutos. 
  7. Transcurrido este tiempo, los flanes han de haber cuajado. Los sacamos del horno y los reservamos fuera hasta que hayan perdido calor. Los tapamos con film transparente y los guardamos en la nevera al menos 6 horas. 
  8. Para desmoldarlos, sigue los consejos indicados unas líneas más arriba.
  9. Puedes acompañarlos con un poco de nata montada o unos frutos rojos.




Crema de guisantes a la menta

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Crema de guisantes a la menta

"Podrían vender los guisantes a un millón por cada uno de ellos". Esto es lo que dice mi cuñado para mostrar el poquísimo gusto que siente hacia estos diminutos frutos de color verde. Creo que se debe a que no los ha probado en fresco o congelados - tendré que preguntarle -,  porque lo cierto es que una vez que los pruebas de esta manera, hay un antes y un después en tu experiencia gastronómica. 

Es así como al menos lo veo yo, quien siempre, siempre, siempre ponía un gesto de desagrado ante un plato de guisantes. Siento pequeña, los ordenaba siguiendo el borde del plato cuando me los encontraba en la paella. Los guisantes embotados me resultan insípidos y algo pesados de comer. Pero fue probar los guisantes frescos y cambiarme por completo el concepto que tenía sobre ellos.

He descubierto que el guisante simplemente cocido al vapor y comido revuelto con una nuez de mantequilla es un manjar exquisito. Llamadme exagerada; os doy mi consentimiento. Pero es que cuando algo gusta, no ve freno en las palabras para describirlo. 

Si te gustan los guisantes tanto como a mi, te reto a probarlos en crema (si es que no has ido más rápida que yo y ya los has probado en este formato). Mi crema de guisantes va aromatizada con unas cuantas hojitas de menta. Es una combinación de acierto pleno. Y si además eres amiga del jamón serrano, el toque saladito que le da es una combinación estupenda. Además, algunos de los guisantes van enteros, una pequeña sorpresa para el paladar. 

¿Te animas?

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Receta de crema de guisantes a la menta

Ingredientes (4 personas)
  • 40 gr de mantequilla sin sal
  • 150 gr de puerro
  • 250 gr de patatas
  • 1 litro de caldo de pollo o agua
  • 720 gr de guisantes congelados
  • 8 gr de menta fresca
  • 1 cda de AOVE
  • 4 lonchas de jamón serrano
  • 125 ml de nata líquida
  • Sal
  • Pimienta blanca
Elaboración
  1. Pon la mantequilla a derretir en una cazuela alta. Limpia el puerro cortando la parte más verde (puedes guardarla para hacer un caldo junto con otras verduras), haz un corte en forma de cruz en el resto del tallo, lávalo y sécalo. Córtalo en brunoise y sofríelo en la mantequilla. 
  2. Mientras tanto, pela las patatas, lávalas y cháscalas. Añádelas al de puerro, dale unas vueltas y sofríe el conjunto durante un par de minutos. Añade el agua, lleva a ebullición y a partir de aquí cuece las verduras durante diez minutos a potencia media.
  3. Transcurrido este tiempo, añade 600 gramos de guisantes y reserva el resto. Lleva de nuevo a ebullición y cuece todo durante 5 minutos a temperatura media. 
  4. Añade las hojas de menta lavadas y tritura todo el conjunto. Añade entonces el resto de los guisantes y déjalos cocinarse un par de minutos para que terminen de cocerse.
  5. Mientras tanto, pon a calentar el aceite de oliva en una sartén y y cocina las lonchas de jamón por ambas caras para que queden crujientes. 
  6. Salpimenta el conjunto al gusto.
  7. Sirve una ración de la crema de guisantes con una loncha de jamón partida en trozos grandes, adorna con un hilo de nata líquida, unas hojas de menta, y si lo deseas, con una pizca de pimienta.
Notas y consejos
  • En lugar de freír las lonchas de jamón, puedes ponerlas entre dos hojas de papel de horno y cocinarlas durante un minuto (o hasta que queden crujientes) en el microondas a 800w de potencia. 


Receta vista en la revista El placer de cocinar.






Pogacha

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Pogacha


Que el pan se haya convertido en un alimento básico no es algo que ocurre de la noche a la mañana. Los hombres del neolítico descubrieron que dejando el cereal molido mezclado con agua producía una masa que al calor se transformaba y se podía comer. Son muchas las ideas que se le tuvieron que pasar a aquel hombre por la cabeza para primero, moler el cereal; segundo, mezclarlo con agua; tercero, dejarlo reposar; y cuarto, pensar en llevarlo al fuego para cocinarlo. O quizás todos estos descubrimientos fueron descuidos fortuitos. ¡Vaya usted a saber!

El pan ha evolucionado mucho desde aquellos inicios. Panes hay a lo ancho y largo de todo el mundo: panes redondos, panes alargados, panes planos, panes con levadura, panes sin levadura, panes con miga más prieta, panes más alveolados, panes dulces, y panes de formas bonitas como el que hoy os dejo en el blog: pogacha


pogacha

La pogacha es un pan típico de los países de Centroeuropa y los Balcanes (Alemania, Austria, Polonia, Macedonia, Serbia, Croacia, Montenegro, Rumanía, Hungría, Albania, etc). Los oriundos elaboran este pan siempre que hay alguna ocasión festiva que celebrar, y la verdad es que no hace falta más que mirar esta belleza de pan para creer que así ha de ser.

La pogacha es un pan de masa enriquecida que se elabora a base de harina, huevos y mantequilla, ingredientes que te recordarán al consabido brioche francés, y la verdad es que haces una relación muy acertada. Es una masa sutilmente dulce, muy suave, tierna y esponjosa. 

No te puedo negar que la pogacha es laboriosa; hacer las preciosas flores que la forman lleva su tiempo. Está claro que no es la receta ideal para un día en el que nos faltan minutos para llegar a todo, pero puede que hacerla se convierta en el pasatiempo que necesitas para una tarde en la que no hay más planes que el de quedarse en casa. Hacer una pogacha ha sido, para mi, una experiencia relajante.   La masa es muy suave, elástica y muy fácil de manejar, nada pegajosa, el mayor temor de toda persona poco amiga de tratar masas. 


pogacha

Receta de pogacha

 Ingredientes
  • 500 gr de harina de fuerza
  • 250 gr de leche hervida
  • 13 gr de levadura prensada fresca
  • 2 huevos tamaño "M"
  • 35 gr de azúcar
  • 5 gr de sal común
  • 25 gr de aceite de oliva virgen extra (tipo Arbequina)
  • 60 gr de mantequilla derretida
  • 1 yema de huevo + 2 cdas de leche para pintar el pan
  • Dos cucharadas de semillas de sésamo
Elaboración
  1. Hierve la leche 1-2 minutos. Con la cocción la leche evaporará, de manera que tendrás que añadir un poquito más de leche para llegar de nuevo a la cantidad que necesitamos: 250 gramos. Resérvala hasta que se temple o enfríe.
  2. Añade el azúcar y la levadura desmenuzada a la leche y remueve. Deja reposar 15 minutos. La leche habrá formado una fina espuma con el reposo.
  3. En un recipiente grande batimos los dos huevos, añadimos la sal y batimos de nuevo.
  4. Agregamos la leche y removemos.
  5. Tamizamos la harina en mezcla de huevos y leche. Con la ayuda de una cuchara o de una rasqueta ve incorporando los ingredientes. 
  6. Añade el aceite e intégralo en la masa volviendo a mezclar. No hemos de amasar.
  7. Cubre la masa con un paño de algodón y déjala en reposo 20 minutos. 
  8. Tras el tiempo de reposo, la masa se habrá relajado y será más fácil manipularla. Vuelca la masa en tu superficie de trabajo y amásala siguiendo el método de Bertinet: coloca la masa en paralelo con respecto a la posición de tu cuerpo y cógela con las dos manos como quien coge el pan para comerse un bocadillo. Levanta la masa y sin soltarla, déjala caer en la mesa con un golpe seco. Vuelve a coger la masa tal y como te he explicado antes: como que cogieras un bocadillo, y sigue el proceso hasta que la masa esté lisa y uniforme (10 minutos aproximadamente). Engrasa un recipiente y guarda la masa en su interior. Ha de doblar su volumen (1 hora - 1 hora y media - dependiendo de la temperatura ambiente).
  9. Transcurrido ese tiempo, vuelca la masa sobre la mesa de trabajo y deshínchala. Pásala de nuevo al recipiente en el que estaba para que repose hasta doblar su volumen (1 hora - 1 hora y media).
  10. Prepara un molde de 28 centímetros de diámetro y engrásalo con mantequilla. Forra el fondo con papel de horno para desmoldarlo más fácilmente. 
  11. Vuelca la masa sobre la mesa de trabajo y amasa durante un par de minutos. 
  12. Enharina la mesa de trabajo y la masa, pésala y divídela en ocho porciones del mismo peso.
  13. Forma bolas con cada una de las porciones y resérvalas en la mesa enharinada y tapadas con un paño de algodón durante 15 minutos.
  14. Con la ayuda de un rodillo estiramos cada una de las bolitas (todas de una vez) hasta formar un rectángulo de aproximadamente 20x15 centímetros de tamaño. Estíralos de nuevo.
  15. Pinta cuatro rectángulos con mantequilla derretida. Pon encima de cada uno de ellos los otros cuatro rectángulos sin pincelar de mantequilla. Tendrás cuatro rectángulos emparejados.
  16. Coge una de las parejas de rectángulos y pincela solo la mitad de su superficie a lo largo. Enróllalo sin ejercer mucha presión. Procede de la misma manera con el resto. Habrás formado cuatro cilindros. Te sobrará mantequilla.
  17. Corta entre 4 y 5 centímetros de los extremos de los cilindros. Nos quedará un rectángulo que dividiremos en cuatro triángulos.
  18. Distribuye los triángulos en el molde que habíamos preparado formando un círculo alrededor del molde, y los extremos irán en el centro. Cubre con film transparente y deja reposar  hasta doblar su volumen (aproximadamente 1 hora).
  19. Enciende el horno a 180ºC, con calor superior e inferior.
  20. Bate la yema de huevo con las dos cucharadas de leche y pincela la pogacha 10 minutos antes de introducirla en el horno. Espolvoréala con las semillas de sésamo.
  21. Introduce la pogacha en el horno durante 30 minutos. Si ves que se comienza a dorar mucho, cúbrela con papel aluminio.
  22. Una vez fuera del horno, pinta la pogacha con la mantequilla que te había sobrado.
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Receta de Esbieta.




Curry de pescado y garbanzos

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Curry de pescado y garbanzos

Hay temas sobre los que no se puede discutir, como es el caso de lo aromático y delicioso que resulta cualquier plato en el que el curry aparece para dárselo todo al resto de los ingredientes. Lo dicho es creíble cuando quien lo dice es una fan indiscutible de las especias, y dada la ocasión, si lo dice alguien a quien no le gustan las especias, es doblemente creíble, y se merece un gran aplauso y que le hagan la ola, ja ja ja.

Hablar de curry no es solo hablar de esa mezcla de especias con las que se logra un sabor y aroma distintivo; hablar de curry es hablar de unas hojas que reciben ese mismo nombre, y es también un tipo de elaboración propia de la cocina hindú, lo que equivaldría a nuestro estofado. Vamos por partes.

1. Mezcla de especias para curry

La mezcla de especias que podemos encontrar en los supermercados es una solución rápida para nuestras recetas. En India, cada casa y cada cocinero mezcla las especias en el momento en el que va a emplearlas, por lo que no hay una fórmula fija. Aún así, hay especias que nunca faltan, como son alcaravea, azafrán, cardamomo, canela, cilantro, comino, fenegreco, cúrcuma, jengibre, mostaza, pimienta y nuez moscada entre otras. Cuando utilizamos estas especias es importante tostarlas previamente para ayudarles a desprender su aroma.

2. Hojas de curry

A pesar de su nombre, las hojas de curry tienen poco que ver con la mezcla de especias que he enumerado en el apartado anterior. Estas hojas proceden de un árbol que crece en India, son de un color verde brillante, y son muy aromáticas; desprenden toques entre cítricos, amargos y dulces, y se cocinan de la misma manera como empleamos las hojas de laurel.

3. ¿Qué es un curry?

Contrariamente a lo que puedas pensar, en India no se tiene el concepto que el la mayor parte del resto del mundo tiene sobre él. Curiosamente, fueron los británicos, allá por el siglo XVIII, quienes crearon el término, y ellos lo importaron al resto del mundo. Por aquel entonces, cuando pronunciaban la palabra "curry" se referían a una especie de "estofado" en el que interviene la mezcla de especias mencionadas anteriormente, y combinada tanto con carne, como con pescado, marisco y/o verduras, y en el que la leche de coco es imprescindible. 

La receta de curry de pescado y garbanzos que hoy te presento en el blog es un buen ejemplo del concepto que hoy en día tenemos sobre un curry: pescado, marisco y garbanzos, en una salsa con una base de leche de coco y especias y más especias, creando un conjunto super delicioso y más que completo como plato único.

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Receta de curry de pescado y garbanzos

Ingredientes (Para 4 personas)
  • 120 gr de cebolla
  • 2 dientes de ajo
  • 200 gr de tomates maduros
  • 1 cda de jengibre molido
  • 2 cdas de curry en polvo
  • 400 gr de filetes de merluza con piel
  • 200 gr de gambones crudos 
  • 400 ml de leche de coco
  • 1 cda de panela
  • 2 cdas de cilantro fresco
  • 200 gr de garbanzos cocidos, lavados y escurridos
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal
Elaboración
  1. Cortamos los filetes de merluza con piel (para evitar que se rompan) en dados. Pelamos los gambones, practicamos un corte a lo largo de todo el lomo y le retiramos la venita que lo recorre con la punta de un cuchillo y la desechamos. Reservamos tanto la merluza como los gambones.
  2. En una cacerola baja calentamos dos cucharadas de aceite y sofreímos la cebolla pelada y picada finalmente, los dos dientes de ajos pelados y picados finamente y el tomate troceado. Sazonamos con sal al gusto, y tapamos para que se vaya cocinando lentamente. 
  3. Añadimos el jengibre en polvo y el curry y lo doramos hasta que comenzamos a percibir su olor. 
  4. Incorporamos los gambones y el pescado y los cocinamos vuelta y vuelta durante un par de minutos. 
  5. Agregamos la leche de coco y la panela, llevamos a ebullición y posteriormente cocinamos a fuego suave durante tres minutos. 
  6. Añadimos los garbanzos y el cilantro picado y removemos. Cocinamos todo el conjunto tres minutos más. Rectificamos de sal si fuera necesario.